viernes, 5 de julio de 2024

Lección 187 Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.









1. Nadie puede dar lo que no tiene. 2De hecho, dar es la prueba de que se tiene. 3Hemos hecho mención de esto anteriormente. 4Mas no es eso lo que hace que sea difícil de creer. 5Nadie duda de que primero se debe poseer lo que se quiere dar. 6Es en la segunda parte de la afirmación donde el mundo y la percepción verdadera difieren. 7Si has tenido y has dado, el mundo afirma que has perdido lo que poseías. 8La verdad mantiene que dar incrementa lo que posees.

2. ¿Cómo va a ser posible esto? 2Pues es seguro que si das una cosa finita tus ojos físicos dejarán de percibirla como tuya. 3No obstante, hemos aprendido que las cosas sólo representan los pensamientos que dan lugar a ellas. 4Y no careces de pruebas de que cuando compartes tus ideas, las refuerzas en tu propia mente. 5Tal vez la forma en que el pensamiento parece manifestarse cambie al darse. 6No obstante, éste tiene que retornar al que lo da. 7Y la forma que adopte no puede ser menos aceptable. 8Tiene que ser más.

3. Las ideas tienen primero que pertenecerte antes de que las puedas dar. 2Y si has de salvar al mundo, tienes que primero aceptar la salvación para ti mismo. 3Mas no creerás que ésta se ha consumado en ti hasta que no veas los milagros que les brinda a todos aquellos a quienes contemples. 4Con esto, la idea de dar se clarifica y cobra significado. 5Ahora puedes percibir que al dar, tu caudal aumenta.

4. Protege todas las cosas que valoras dándolas, y así te asegurarás de no perderlas nunca. 2Y con ello queda demostrado que lo que no creías tener te pertenece. 3Mas no le atribuyas valor a su forma. 4Pues ésta cambiará, y con el tiempo no será reconocible por mucho que trates de conservarla. 5Ninguna forma perdura. 6El pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable.

5. Da gustosamente, 2pues con ello sólo puedes beneficiarte. 3El pensamiento sigue vivo y su fuerza aumenta a medida que se refuerza al darse. 4Los pensamientos se extienden al compartirse, pues no se pueden perder. 5No hay un dador y un receptor en el sentido en el que el mundo los concibe. 6Hay un dador que conserva lo que da, y otro que también habrá de dar. 7Y ambos ganarán en este intercambio, pues cada uno de ellos dispondrá del pensamiento en la forma que le resulte más útil. 8Lo que aparentemente pierde es siempre algo que valorará menos que aquello que con toda seguridad le será devuelto.

6. Nunca olvides que sólo te das a ti mismo. 2El que entiende el significado de dar, no puede por menos que reírse de la idea del sacrificio. 3Tampoco puede dejar de reconocer las múltiples formas en que se puede manifestar el sacrificio. 4Se ríe asimismo del dolor y de la pérdida, de la enfermedad y de la aflicción, de la pobreza, del hambre y de la muerte. 5Reconoce que el sacrificio sigue siendo la única idea que yace tras todo esto, y con su dulce risa todo ello sana.

7. Una vez que una ilusión se reconoce como tal, desaparece. 2Niégate a aceptar el sufrimiento, y eliminarás el pensamiento de sufrimiento. 3Cuando eliges ver todo sufrimiento como lo que es, tu bendición desciende sobre todo aquel que sufre. 4El pensamiento de sacrificio da lugar a todas las formas que el sufrimiento aparenta adoptar. 5Mas el sacrificio es una idea tan demente que la cordura la descarta de inmediato.

8. jamás creas que puedes hacer sacrificio alguno. 2No hay cabida para el sacrificio en lo que tiene valor. 3Si surge tal pensamiento, su sola presencia demuestra que se ha cometido un error, el cual es necesario corregir. 4Tu bendición lo corregirá. 5Habiéndote dado a ti primero, ahora es tuya para que tú a tu vez la des. 6Ninguna forma de sacrificio o de sufrimiento puede prevalecer por mucho tiempo ante la faz de uno que se ha perdonado y bendecido a sí mismo.

9. Las azucenas que te ofrece tu hermano se depositan ante tu altar, junto con las que tú le ofreces a él. 2¿Quién podría tener miedo de contemplar una santidad tan hermosa? 3La gran ilusión del temor a Dios queda reducida a la nada ante la pureza que aquí has de contemplar. 4No tengas miedo de mirar. 5La bendición que has de contemplar eliminará todo pensamiento de forma, y en su lugar dejará allí para siempre el regalo perfecto, el cual aumentará eternamente, será por siempre tuyo y será por siempre dado.

10. Ahora somos uno en pensamiento, pues el miedo ha desaparecido. 2Y aquí, ante el altar a un solo Dios, a un solo Padre, a un solo Creador y a un solo Pensamiento, nos alzamos juntos como el único Hijo de Dios. 3No estamos separados de Aquel que es nuestra Fuente ni distanciados de los hermanos que forman parte de nuestro único Ser, Cuya inocencia nos ha unido a todos cual uno solo, sino que nos alzamos en gloriosa bendición y damos tal como hemos recibido. 4Tenemos el Nombre de Dios en nuestros labios. 5Y cuando miramos en nuestro interior, vemos brillar la pureza del Cielo en nuestro reflejo del Amor de nuestro Padre.

11. Ahora somos bendecidos y ahora bendecimos al mundo. 2Queremos extender lo que hemos contemplado porque queremos verlo en todas partes. 3Queremos verlo refulgir con la gracia de Dios en todos nuestros hermanos. 4No queremos que se le niegue a nada de lo que vemos. 5Y para cerciorarnos de que esta santa visión es nuestra, se la ofrecemos a todo lo que vemos. 6Pues allí donde la veamos, nos será devuelta en forma de azucenas que podremos depositar sobre nuestro altar, convirtiéndolo así en un hogar para la Inocencia Misma, la cual mora en nosotros y nos ofrece Su Santidad para que sea nuestra.





Propósito: 
Abandonar tu creencia de que dar es un sacrificio y así sentirla abundancia que hay en el altar dentro de ti. Esto intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso.

Observaciones: 
Al recibir esta bendición, tú puedes bendecir al mundo. Ofrece esta bendición a todo lo que veas hoy.

Comentario:
Es fácil entender que para dar una cosa, primero tienes que tenerla. Eso está claro. Lo que nos parece
más difícil de creer es que verdaderamente dar aumenta lo que tienes.

Dice la lección que la explicación para entender esto está en el hecho de que “las cosas sólo representan los pensamientos que dan lugar a ellas”. Para entender que dar lo que tenemos lo aumenta, tenemos que empezar a reconocer que las “cosas” no son reales, lo que es real son los pensamientos detrás de ellas. Esto no significa que si doy 100 euros a un hermano que lo necesita, recibiré de inmediato 200 euros de alguna otra fuente. Sin embargo, dice que cuando doy 100 euros sabiendo que el dinero es sólo una idea, aumentaré el pensamiento que me trajo a mí el dinero antes. Por lo tanto, eso finalmente obtendría como resultado más dinero, o más “riqueza y abundancia” de alguna forma. La forma puede ser la misma o no.

“Tal vez la forma en que el pensamiento parece manifestarse cambie al darse. No obstante, éste tiene que retornar al que lo da. Y la forma que adopte no puede ser menos aceptable. Tiene que ser más”.

En otras palabras, lo que vuelve es siempre mayor que lo que se da.

Yo he empezado a aprender esto dando ideas directamente, en mi grupo de estudio y en mis escritos. Ciertamente he descubierto que es verdad que a medida que doy estas ideas, aumentan en mí. Por lo menos “recibo” tanto o más beneficio que cualquiera que esté “recibiendo” de mí. Soy muy consciente de que estoy bendiciendo al mundo porque me bendigo a mí mismo, estoy haciendo esto en mi propio beneficio.

Es más difícil cuando se trata de cosas materiales. No es tan sencillo relacionar el dinero con una idea, o que un casete es una idea, o que un libro es sólo una idea, o que un coche es únicamente una idea. Lo aprendo de maneras diferentes. Doy hojas informativas que me cuestan dinero, creyendo que finalmente me volverá. Doy horas de mi tiempo al grupo de estudio, creyendo que me volverá. Siento que eso es una forma de dar. Y el comienzo de regresarme ya ha empezado.

Pienso que cuando aprenda esta lección completamente, no me costará nada abandonar la idea de poseer y compartiré todo lo que poseo con todos los que lo necesiten. Pero todavía estoy muy lejos de eso.

El siguiente párrafo es muy importante:

“Las ideas tienen primero que pertenecerte antes de que las puedas dar. Y si has de salvar al mundo, tienes que primero aceptar la salvación para ti mismo. Mas no creerás que ésta se ha consumado en ti hasta que no veas los milagros que les brinda a todos aquellos a quienes contemples. Con esto, la idea de dar se clarifica y cobra significado. Ahora puedes percibir que al dar, tu caudal aumenta”.

Para dar la salvación, primero tengo que aceptarla para mí mismo. Pero para saber que la tengo, primero debo darla. Eso significa que tengo que empezar a darla para saber que ¡la tengo! El regalo que dar me ofrece a mí, es saber que tengo el regalo que doy.

La lección nos aconseja que protejamos lo que tenemos, dándolo. Nos avisa: “Mas no le atribuyas valor a su forma”. En otras palabras, puede que no te vuelva en la misma forma en que lo das. Si doy 100 euros en metálico, puedo recibir un regalo en una forma diferente: un magnetófono, programas para el ordenador, un ramalazo de energía física, o cualquier otra cosa. Si doy un libro determinado, puede que nunca reciba ese mismo libro; y tengo que aprender a no darle valor a la forma, sino al pensamiento detrás de la forma. Es ridículo darle importancia a las formas: “Ninguna forma perdura”. Recuerda:

“Lo que aparentemente pierde es siempre algo que valorará menos que aquello que con toda seguridad le será devuelto”.

Cada regalo que doy es siempre un regalo a mí mismo. ¡Nunca pierdo! Yo gano y también el que recibe mi regalo, especialmente si aprende de mí a dar de nuevo. “El que entiende el significado de dar, no puede por menos que reírse de la idea del sacrificio”. Ríete, porque el sacrificio no existe. Lo que doy, se me da a mí mismo; nunca pierdo, siempre gano. ¿Cómo puede llamársele sacrificio?

Claramente la lección se aplica a todas las formas de “dar” y a todas las formas de “sacrificio”, incluidos el dolor y la pérdida, la enfermedad, el sufrimiento, la pobreza, el hambre y la muerte. Cuando “renuncio” a una relación en la forma que creía que la quería, según esta lección recibo algo que valoraré mucho más. Quizá aprenda a aceptar el regalo de la independencia, por ejemplo. Estoy seguro de que es lo mismo cuando hago otros “sacrificios”. Equivocadamente tengo miedo a la “pérdida” que sufriré cuando estas cosas no estén en mi vida. No habrá pérdida, no habrá sacrificio. Lo que gano será mucho más que la aparente pérdida. Y en realidad, no pierdo nada, excepto una identificación falsa.

Por ejemplo, pienso que obtengo cierta satisfacción y consuelo de una comida agradable. El placer del gusto, el placer de sentirme lleno. Falsamente identifico estas sensaciones con el objeto, la comida. Pero el placer, la satisfacción y el consuelo son sólo las ideas detrás de la comida. Si tuviera que separar la comida de esas ideas, no renunciaría a esas ideas, estaría afirmándolas. Las conservo, y crecen. Habrá placer, satisfacción y consuelo en otras formas, más duraderas y más generales. He ganado la forma general al renunciar a la identificación concreta de esas ideas con la “comida”.

En general, pasaremos por muchas repeticiones de aparentemente renunciar, de aparentes sacrificios, hasta que aprendamos que la cosa no es la idea, que ninguna forma concreta se puede identificar con la idea detrás de ella.

Al final vamos más allá de la idea de muchos pensamientos diferentes para ver el único Pensamiento: el inocente Hijo de Dios, el Cristo. Vemos ese Pensamiento dentro de nosotros y “Queremos extender lo que hemos contemplado porque queremos verlo en todas partes”. “Y para cerciorarnos de que esta santa visión es nuestra, se la ofrecemos a todo lo que vemos”.



























































jueves, 4 de julio de 2024

Lección 186 De mí depende la salvación del mundo.

 





1. Ésta es la afirmación que algún día habrá de erradicar de toda mente todo vestigio de arrogancia. 2Éste es el pensamiento de la verdadera humildad, que no te adjudica ninguna otra función, excepto la que se te ha encomendado. 3Dicho pensamiento supone tu aceptación del papel que te fue asignado, sin insistir en que se te asigne otro. 4No se detiene a considerar qué papel es el que es adecuado para ti. 5Tan sólo reconoce que la Voluntad de Dios se hace tanto en la tierra como en el Cielo. 6Une a todas las voluntades de la tierra en el plan celestial para la salvación del mundo, y les restituye la paz del Cielo.

2. No nos opongamos a nuestra función. 2No fuimos nosotros quienes la establecimos. 3No fue idea nuestra. 4Se nos han proporcionado los medios para llevarla a cabo perfectamente. 5Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel con genuina humildad, y que no neguemos con un aire de falsa arrogancia que somos dignos de él. 6Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que se nos pide llevar a cabo. 7Nuestras mentes están perfectamente capacitadas para desempeñar el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien.

3. Mientras no entiendas su significado, puede que la idea de hoy te parezca muy ardua. 2Lo único que dice es que tu Padre te recuerda todavía y te ofrece la perfecta confianza que tiene en ti, Su Hijo. 3No te pide que seas diferente de como eres en modo alguno. 4¿Qué otra cosa sino esto podría pedir la humildad? 5¿Y qué otra cosa sino esto podría negar la arrogancia? 6Hoy no deja-remos de cumplir nuestro cometido con la engañosa excusa de que es un insulto a la modestia. 7Es el orgullo el que se niega a responder a la Llamada del Propio Dios.

4. Hoy dejaremos a un lado todo vestigio de falsa humildad para poder escuchar la Voz de Dios revelarnos lo que desea que hagamos. 2No pondremos en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que Él nos ofrezca. 3Sólo estaremos seguros de que Él conoce nuestras fuerzas, nuestra sabiduría y nuestra santidad. 4Y si Él nos considera dignos, es que lo somos. 5Es sólo la arrogancia la que opina de otra manera.

5. Hay una manera, y sólo una, de liberarte del encarcelamiento al que te ha llevado tu plan de probar que lo falso es verdadero. 2Acepta en lugar de él el plan que tú no trazaste. 3No juzgues si eres o no merecedor de él. 4Si la Voz de Dios te asegura que la salvación necesita que tú desempeñes tu papel y que la totalidad depende de ti, ten por seguro que así es. 5Los arrogantes tienen que aferrarse a las palabras, temerosos de ir más allá de ellas y de experimentar lo que podría poner en entredicho su postura. 6Los humildes, en cambio, son libres para oír la Voz que les dice lo que son y lo que deben hacer.

6. La arrogancia forja una imagen de ti que no es real. 2Ésa es la imagen que se estremece y huye aterrorizada cuando la Voz que habla por Dios te asegura que posees la fuerza, la sabiduría y la santidad necesarias para ir más allá de toda imagen. 3Tú, a diferencia de la imagen de ti mismo, no eres débil. 4No eres ignorante ni impotente. 5El pecado no puede mancillar la verdad que mora en ti, ni la aflicción puede acercarse al santo hogar de Dios.

7. Esto es lo que te dice la Voz que habla por Dios. 2Y según Él te habla, la imagen se estremece e intenta atacar la amenaza que le resulta desconocida; al sentir que sus cimientos se derrumban. 3Abandónala. 4La salvación del mundo depende de ti, y no de ese pequeño montón de polvo. 5¿Qué podría esa imagen decirle al santo Hijo de Dios? 6¿Por qué tiene él que preocuparse por ella en absoluto?

8. Y así hallamos nuestra paz. 2Aceptaremos la función que Dios nos encomendó, pues toda ilusión descansa sobre la absurda creencia de que podemos inventar otra función para nosotros. 3Los papeles que nosotros mismos nos hemos auto otorgado son inestables y parecen oscilar entre la aflicción y la dicha extática del amor y de amar. 4Podemos reír o llorar, recibir el día de buen grado o bien recibirlo con lágrimas. 5Nuestro propio ser parece cambiar según experimentamos múltiples cambios en nuestro estado de ánimo, y nuestras emociones nos remontan hacia lo alto o nos estrellan contra el suelo sumiéndonos en la desolación.

9. ¿Es éste el Hijo de Dios? 2¿Habría podido Él crear semejante inestabilidad y llamarla Su Hijo? 3Aquel que es inmutable comparte Sus atributos con Su creación. 4Ninguna de las imágenes que Su Hijo aparenta forjar afecta lo que él es. 5Dichas imágenes revolotean por su mente como hojas arrastradas por el viento, que forman diseños fugaces y se desbandan para volverse a agrupar hasta finalmente dispersarse. 6O como los espejismos que se ven en el desierto.

10. Estas imágenes insustanciales desaparecerán y dejarán tu mente libre y serena cuando aceptes la función que se te ha encomendado. 2Las imágenes que fabricas sólo dan lugar a metas conflictivas, transitorias y vagas, inciertas y ambiguas. 3¿Quién podría mantener un esfuerzo constante o poner todas sus energías y empeño en metas como éstas? 4Las funciones que el mundo tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian por lo menos diez veces por hora. 5¿Qué se puede esperar de metas como éstas?

11. Como bello contraste, tan seguro como el retorno del sol cada mañana para disipar la noche, tu verdadera función se perfila clara e inequívocamente. 2No hay duda acerca de su validez. 3Pues procede de Uno que no conoce el error y Cuya Voz está segura de Sus mensajes. 4Éstos nunca cambiarán ni estarán en conflicto. 5Todos ellos apuntan hacia un solo objetivo, el cual puedes alcanzar. 6Puede que tu plan sea imposible, pero el de Dios jamás puede fracasar porque Él es su Fuente.

12. Haz lo que la Voz de Dios te indique. 2Y si te pide que hagas algo que parece imposible, recuerda Quién es el que te lo pide y quién el que quiere negarse. 3Luego considera esto: ¿Quién de los dos es más probable que esté en lo cierto, 4la Voz que habla por el Creador de todas las cosas y que las conoce exactamente como son, o la distorsionada imagen de ti mismo, que es inconsistente y está confundida, perpleja e insegura de todo? 5No permitas que su voz te dirija. 6Oye en su lugar una Voz que es inequívoca y que te habla de la función que te encomendó tu Creador, Quien te recuerda y te exhorta a que te acuerdes de Él ahora.

13. Su dulce Voz llama desde lo conocido a lo que no conoce. 2Él quiere consolarte, aunque no conoce el pesar. 3Él quiere hacer una restitución, si bien goza de absoluta plenitud. 3Él quiere hacerte un regalo, si bien sabe que ya lo tienes todo. 4Él tiene Pensamientos que satisfacen cualquier necesidad que Su Hijo perciba, si bien Él no las ve. 5Pues el Amor sólo puede dar, y lo que se da en Su Nombre se manifiesta en la forma más útil posible en un mundo de formas.

14. Ésas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proceden de la Amorfía Misma. 2El perdón es una forma terrenal de amor, que, como tal, no tiene forma en el Cielo. 3No obstante, lo que aquí se necesite, aquí se concederá. 4Valiéndote de esta forma puedes desempeñar tu función incluso aquí, si bien el amor significará mucho más para ti cuando se haya restaurado en ti el estado de amorfía. 5La salvación del mundo depende de ti que puedes perdonar. 6Ésa es tu función aquí.



Propósito: 
Abandonar los papeles que te has asignado a ti mismo que te impiden llevar a cabo tu verdadera función; y poder oír la Voz de Dios decirte cuál es tu papel en la salvación del mundo. Dejar atrás todas las palabras e imágenes, y llegar a la experiencia. Esto intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso.

Comentario:
Nuestra salvación individual y nuestra felicidad depende de que aceptemos lo que esta lección enseña: de nosotros depende la salvación del mundo. Nuestra función es salvar al mundo, llevar la luz, la alegría y la paz de Dios a todas las mentes que están a nuestro alcance, que es un número mayor de lo que nos imaginamos.

La lección no sólo dice que es una buena idea que aceptemos este pensamiento. Dice que esa aceptación es fundamental para nuestra propia liberación personal:

“Hay una manera, y sólo una, de liberarte del encarcelamiento al que te ha llevado tu plan de probar que lo falso es verdadero. Acepta en lugar de él el plan que tú no trazaste”.

El Curso a menudo es muy inflexible: “una manera, y sólo una”. Si queremos sentir que nada nos falta, si queremos encontrar nuestro Ser, tenemos que aceptar que de nosotros depende la salvación del mundo. ¿Por qué? Porque la naturaleza de Quien somos nos lo pide. Si soy una extensión de Dios, y si el Amor -que es lo que me creó- es lo que soy, entonces ¿Cómo puedo aceptar ese hecho y no aceptar que mi función es dar de mí mismo al mundo? ¡Dar es lo que el Amor hace!

Ocupar nuestro lugar entre los salvadores del mundo no es arrogancia si somos tal como Dios nos creó. Es sencillamente aceptar lo que nuestro Creador nos dio: “No fuimos nosotros quienes la establecimos. No fue idea nuestra”. De hecho, sí es arrogante no reconocer que ésta es nuestra función. Llena de arrogancia, la imagen que hemos hecho de nosotros mismos nos representa como débiles, ignorantes y desvalidos. Parece ser humilde pero es una enorme arrogancia disfrazada de humildad. Esta imagen de uno mismo llena del orgullo le dice al Creador: “Yo soy lo que he hecho de mí mismo, y no lo que me creaste”.

La semana pasada me he estado sintiendo como perdido. Parecía cambiar de una tarea a otra y tener mucha dificultad para concentrarme en cualquier cosa. La descripción en 10:4 parece describirme con toda exactitud: “Las funciones que el mundo tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian por lo menos diez veces por hora”. Y al leer esta lección reconozco que he estado definiendo mi función por mi cuenta, en lugar de aceptar sencillamente la función que Dios me dio. He estado luchando contra mi función. Sin embargo, cuando se acepta, es tan clara que sencillamente se nos arregla la vida, y toda la confusión desaparece: “Como bello contraste, tan seguro como el retorno del sol cada mañana para disipar la noche, tu verdadera función se perfila clara e inequívocamente”.

Por eso, que hoy deje de resistirme a mi función. Que deje de escuchar a la imagen que me he hecho
de mí mismo que tiembla cuando Dios me habla de mi verdadera función, al sentir que sus cimientos
se derrumban. Que simplemente abandone mis planes para mí mismo y me entregue al plan
que yo no he hecho, confiando en que se me ha dado ya todo lo que necesito para llevarlo a cabo,
confiando en que soy merecedor de contarme entre los salvadores del mundo, confiando en que Dios
ha satisfecho ya todas mis necesidades aunque Él no las vea, en cualquier forma que sea más útil en
cada momento.

“La salvación del mundo depende de ti que puedes perdonar. Ésa es tu función aquí”.














































miércoles, 3 de julio de 2024

Lección 185 Deseo la paz de Dios

 





1. Decir estas palabras no es nada. 2Pero decirlas de corazón lo es todo. 3Si pudieras decirlas de corazón, aunque sólo fuera por un instante, jamás volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar o momento. 4Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y la resurrección de toda la creación plenamente reconocida.

2. No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse. 2Ya no podría entretenerse con sueños o creer que él mismo es un sueño. 3No podría inventar un infierno y creer que es real. 4Desea la paz de Dios, y se le concede. 5Eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá. 6Son muchos los que han dicho estas palabras. 7Pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de todo corazón. 8No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido. 9EI mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuviesen de acuerdo en que esas palabras expresan lo único que ellos anhelan.

3. Dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios. 2Pues las mentes sólo se pueden unir en la verdad. 3En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención. 4Para cada una de ellas, el héroe del sueño es distinto, y el desenlace deseado no es el mismo. 5El perdedor y el ganador simplemente alternan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre pérdida y ganancia adquiere un matiz diferente o adopta otra forma.

4. No obstante, lo único que se puede hacer en sueños es transigir. 2A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma. 3En los sueños nada tiene significado, pues su meta es transigir. 4Las mentes no pueden unirse en sueños. 5Sólo pueden negociar. 6Mas ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la paz de Dios? 7Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar. 8Y lo que Él es deja de tener significado para las mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.

5. Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. 2Pues nadie que diga estas palabras de todo corazón desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas. 3Las ha examinado y se ha dado cuenta de que no le ofrecen nada. 4Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás. 5Para él, todos los sueños son uno. 6Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desesperación y zozobra que los demás.

6. La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz. 2Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender. 3Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal forma que si su petición es sincera, no dejará de verla. 4Mas si su petición no es sincera, no habrá manera de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.

7. Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que nuestras palabras son sinceras. 2Deseamos la paz de Dios. 3No es éste un deseo vano. 4Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño. 5No procuran transigir, ni es su afán hacer otro trato con la esperanza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito cuando todos los demás han fracasado. 6Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales.

8. Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosamente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhelas. 2¿Qué es lo que realmente deseas de corazón? 3Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones. 4Considera solamente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad. 5Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que éstas adoptan no es lo que importa ahora. 6No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas. 7Son todos el mismo sueño. 8Y puesto que todos son el mismo, debes hacer la siguiente pregunta con respecto a cada uno de ellos: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?"

9. Ésta es la elección que tienes ante ti. 2No te dejes engañar pensando que es de otra manera. 3En esto no es posible transigir. 4Pues o bien eliges la paz de Dios o bien pides sueños. 5Y éstos vendrán a ti tal como los hayas pedido. 6Mas la paz de Dios vendrá con igual certeza para permanecer contigo para siempre. 7No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino, para luego reaparecer sin que sea reconocible, en formas que cambian y varían con cada paso que das.

10. Deseas la paz de Dios. 2Y eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños. 3Esto es lo único que pides tanto para ellos como para ti cuando haces esta petición con profunda sinceridad. 4Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente, y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho éste que tal vez les sea desconocido, si bien para ti es indudable. 5Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda. 6Mas la ayuda ya se te ha dado. 7¿No la aprovecharías ahora compartiéndola?

11. Nadie que realmente busque la paz de Dios puede dejar de hallarla. 2Pues lo único que pide es dejar de engañarse a sí mismo, al negarse lo que la Voluntad de Dios dispone. 3¿Quién que pida lo que ya es suyo podría quedar insatisfecho? 4¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella puede decir que no se le ha contestado? 5La paz de Dios es tuya.

12. La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su propio regalo eterno. 2¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti? 3¿Y cómo podría ser que lo que pides fuese solamente para ti? 4No hay ningún don de Dios que no sea para todos. 5Éste es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que jamás parecieron ocupar el lugar de la verdad.

13. Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cualquiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando. 2Dios da sólo con el propósito de unir. 3Para Él, quitar no tiene sentido. 4Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que compartes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo. 5Y también sabrás que compartes una sola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.

14. Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desesperación, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó. 2Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿Cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la paz de Dios?




Propósito: 
Ir más allá de los sueños que todavía deseas y reconocer que verdaderamente quieres la paz de Dios. Sentir Su paz intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso. No puedes fracasar hoy.

Respuesta a la tentación:
Cuando sientas la tentación de querer otra cosa distinta a la paz de Dios, di: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?” Luego intenta reconocer que lo que de verdad quieres es la paz de Dios.

Comentario:
Esta lección enseña dos cosas aparentemente opuestas. Primero, nos enseña que todavía no decimos de corazón: “Deseo la paz de Dios”. Pues si lo deseáramos de verdad, la tendríamos. “No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse”.

“Son muchos los que han dicho estas palabras. Pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de todo corazón. No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido”.

Ciertamente, no tienes más que observar las noticias de la noche. O pasar un día en tu trabajo.

Segundo, nos enseña que, a pesar de nuestra dedicación a otras cosas distintas de la paz, en nuestro corazón queremos la paz de Dios. Todos nosotros. “Deseamos la paz de Dios. No es éste un deseo vano”. “Deseas la paz de Dios. Y eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños”.

La tarea que el Curso nos pone es descubrir y aceptar estos dos hechos. Aceptarlos completamente, hay que aceptar que son verdad en todos, no sólo en nosotros. Esto es universalmente verdad, un hecho que es cierto. Es verdad, como lo afirma la línea de la cita que acabo de mencionar, incluso de aquellos que parecen buscar otra cosa distinta. Puede que no se den cuenta de que la paz de Dios es lo que verdaderamente quieren, pero así es. Nuestro trabajo al relacionarnos con otros es recordar este deseo universal de todos los corazones, y unirnos al deseo de la otra persona, aunque ellos no se den cuenta del deseo.

Sin embargo, podemos creer firmemente que nosotros, y todo el mundo, queremos la paz de Dios por encima de todas las cosas. Tenemos que aceptar que hemos creído tontamente que queríamos algo más que la paz. Pues si queremos sólo la paz, tendremos sólo paz; así es como funciona el poder de nuestra mente. Así que, debe haber algo que hemos valorado más que la paz. Entonces, nuestro primer trabajo es descubrir estos deseos, examinarlos honestamente, reconocer que sólo son deseos tontos, y abandonarlos para alcanzar la paz.

Queremos las cosas más tontas en lugar de la paz. Veo a un niño romper a llorar y darle una pataleta porque no puede tomar su desayuno favorito, y pienso: “La única diferencia entre él y yo es que yo he desarrollado modos más refinados de disimular mis rabietas”. Comparto una casa con Robert Perry, su familia y otro soltero, y tenemos invitados. He descubierto que pierdo la paz por bandejas de helado vacías y por rollos de papel higiénico agotados. He perdido la paz por asuntos tales como quién fue el último en sacar la basura.

Quizá, hoy, todos podamos pararnos cuando ocurren estos “pequeños” momentos de separación, y preguntarnos a nosotros mismos: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?" ¿De verdad es más importante un rollo de papel higiénico que la paz de Dios?

Voy a señalar otra interesante observación de esta lección. No puedes tener paz tú solo. “La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz”. Para tener paz tenemos que estar dispuestos a que la otra persona entre en nuestro corazón. Tenemos que reconocer su deseo de paz igual que el nuestro.

La tentación siempre es pensar: “Yo quiero la paz. El problema es la otra persona”. Sin embargo, recuerda siempre que si quieres la paz, la tendrás. Ninguna otra persona te la puede quitar. Si no puedes estar en paz cuando la otra persona parece querer algo distinto de la paz, lo que le estás enseñando a esa persona es que tu paz depende de que ella cambie. Esto refuerza la misma creencia en la otra persona, y sigue creyendo que su paz depende de que cambies tú.

Nuestro trabajo es mirar más allá de los deseos competitivos de la otra persona a la realidad universal que está debajo de todos esos deseos conflictivos. Si vamos a enseñar paz, sea cual sea la forma en que respondamos a los demás, nuestras acciones deben expresarles a esas personas que la paz ya está en ellos, lista para que ellos la reciban tan pronto como la deseen. Unimos nuestra intención a lo que ellos buscan por encima de todas las cosas. Por muy escondida que parezca estar su intención, mediante nuestra fe en ella, la hacemos salir de ellos, les damos la oportunidad de reconocerla dentro de sí mismos y poner su mente de acuerdo con esa intención.

“Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desesperación, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó”.
































martes, 2 de julio de 2024

Lección 184 El Nombre de Dios es mi herencia.






1. Vives a base de símbolos. 2Has inventado nombres para todas las cosas que ves. 3Cada una de ellas se ha convertido en una entidad aparte, identificada por su propio nombre. 4De esta manera la segregas de la unidad. 5De esta manera designas sus atributos especiales y la distingues de otras cosas al hacer hincapié en el espacio que la rodea. 6Éste es el espacio que interpones entre todas las cosas a las que has dado un nombre diferente; entre todos los acontecimientos desde el punto de vista del tiempo y del lugar en que ocurrieron, así como entre todos los cuerpos que se saludan con un nombre.

2. Este espacio, al que ves como lo que separa unas cosas de otras, es el medio a través del cual tiene lugar la percepción del mundo. 2Ves algo allí donde no hay nada y, asimismo, no ves nada donde hay unidad; ves un espacio entre todas las cosas, así como entre todas las cosas y tú. 3De esa manera, crees haber "creado" vida en la separación. 4Y debido a esta división crees ser una unidad que opera con una voluntad independiente.

3. ¿Qué son todos esos nombres mediante los cuales el mundo se convierte en una serie de acontecimientos independientes, de cosas desunidas y de cuerpos que se mantienen aparte y que contienen fragmentos de mente como si de conciencias separadas se tratase? 2Tú les diste esos nombres, dando lugar a la percepción tal como querías que fuese. 3A las cosas sin nombre se les dio nombre y de esta manera se les dio también realidad. 4Pues a lo que se le da un nombre se le da significado y, de este modo, se considera significativo: una causa que produce efectos reales, con consecuencias inherentes a sí misma.

4. Así es como se construye la realidad a base de una visión parcial, la cual se contrapone deliberadamente a lo que de hecho es la verdad. 2Su enemigo es la unidad. 3Concibe cosas sin importancia y las contempla. 4Y la ausencia de espacio, así como la sensación de unidad o la visión que ve de manera distinta, se convierten en las amenazas que debe superar, combatir y negar.

5. Esta otra visión, no obstante, sigue siendo aún la dirección natural para que la mente canalice su percepción. 2Es difícil enseñarle a la mente miles de nombres extraños, y luego mil más. 3No obstante, crees que eso es lo que significa aprender y que es el objetivo principal por medio del cual se puede entablar comunicación y compartir conceptos de manera que tengan sentido.

6. Ésta es la suma total de la herencia que el mundo dispensa. 2Y todo aquel que aprende a pensar que ello es cierto, acepta los signos y los símbolos que afirman que el mundo es real. 3Eso es lo que propugnan. 4No dan lugar a que se dude de que lo que tiene nombre no esté ahí. 5Se puede ver, tal como es de esperar. 6Lo que niega que ello es verdad es lo que es una ilusión, pues lo que tiene nombre es la realidad suprema. 7Cuestionarlo es una locura, pero aceptar su presencia es prueba de cordura.

7. Tal es la enseñanza del mundo. 2No obstante, es una fase de aprendizaje por la que todo el que viene aquí tiene que pasar. 3Mas cuanto antes se perciba su base, lo cuestionable de sus premisas y cuán dudosos son sus resultados, más pronto se pondrá en duda sus efectos. 4El aprendizaje que se limita. a lo que el mundo enseña se queda corto en lo que respecta al significado. 5Debidamente empleado, puede servir como punto de partida desde donde se puede comenzar otro tipo de aprendizaje, adquirir una nueva percepción, y desde donde se pueden erradicar todos los nombres arbitrarios que el mundo confiere al ser puestos en duda.

8. No creas que fuiste tú quien hizo el mundo. 2¡Las ilusiones, sí! 3Mas lo que es cierto en la tierra y en el Cielo está más allá de tu capacidad de nombrar. 4Cuando llamas a un hermano es a su cuerpo a lo que te diriges. 5Su verdadera Identidad queda oculta debido a lo que crees que él es realmente. 6Su cuerpo responde al nombre con que lo llamas, pues su mente ha consentido en aceptar ese nombre que le das como su nombre. 7Y de esta manera, su unidad queda doblemente negada, pues tú lo percibes como algo separado de ti, y él acepta como propio ese nombre separado.

9. Sería en verdad extraño si se te pidiese que fueses más allá de todos los símbolos del mundo y los olvidaras para siempre, y, al mismo tiempo, se te pidiera asumir una función docente. 2Toda-vía tienes necesidad de usar los símbolos del mundo. 3Mas no te dejes engañar por ellos. 4No representan nada en absoluto, y éste será el pensamiento que en tus prácticas te liberará de ellos. 5Los símbolos no son sino medios a través de los cuales puedes comunicarte de manera que el mundo te pueda entender, pero reconoces que no son la unidad en la que puede hallarse la verdadera comunicación.

10. Así pues, lo que necesitas cada día son intervalos en los que las enseñanzas del mundo se convierten en una fase transitoria: una prisión desde la que puedes salir a la luz del sol y olvidarte de la oscuridad. 2Ahí entiendes la Palabra, el Nombre que Dios te ha dado; la única Identidad que comparten todas las cosas; el reconocimiento de lo que es verdad. 3Y luego vuelves a la oscuridad, no porque creas que es real, sino sólo para proclamar su irrealidad usando términos que aún tienen sentido en el mundo regido por la oscuridad.

11. Usa todos los nombres y símbolos nimios que caracterizan el mundo de la oscuridad. 2Mas no los aceptes como tu realidad. 3El Espíritu Santo se vale de todos ellos, pero no se olvida de que la creación tiene un solo Nombre, un solo Significado y una sola Fuente que une a todas las cosas dentro de Sí Misma. 4Usa todos los nombres que el mundo da a esas cosas, pero sólo por conveniencia, mas no te olvides de que comparten el Nombre de Dios junto contigo.

12. Dios no tiene nombre. 2Sin embargo, Su Nombre se convierte en la lección final de que todas las cosas son una ay con esta lección finaliza todo aprendizaje. 3Todos los nombres se unifican, todo espacio queda lleno con el reflejo de la verdad. 4Toda brecha se cierra y la separación se subsana. 5El Nombre de Dios es la herencia que Él les dio a los que eligieron que las enseñanzas del mundo ocupasen el lugar del Cielo. 6Lo que nos proponemos en nuestras prácticas es dejar que nuestras mentes acepten lo que Dios ha dado como respuesta a la mísera herencia que tú fabricaste como justo tributo para el Hijo que Él ama.

13. Nadie que busque el significado del Nombre de Dios puede fracasar. 2La experiencia es necesaria como complemento de la Palabra. 3Pero primero tienes que aceptar que Su Nombre abarca toda la realidad y reconocer que los innumerables nombres que diste a todos sus aspectos han distorsionado lo que ves, pero no han afectado a la verdad en absoluto. 4Invocamos un solo Nombre en nuestras prácticas. 5Y nos valemos de un solo Nombre para unificar nuestra visión.

14. Y si bien utilizamos un nombre distinto para cada aspecto de la conciencia del Hijo de Dios, comprendemos que todos comparten el mismo Nombre, el cual Él les ha dado. 2Este es el Nom-bre que usamos en nuestras prácticas. 3Y al usarlo, todas las separaciones insensatas que nos mantenían ciegos desaparecen. 4Y se nos concede la fortaleza necesaria para poder ver más allá de ellas. 5Ahora nuestra vista queda bendecida con las bendiciones que podemos dar según las recibimos.

15. Padre, nuestro Nombre es el Tuyo. 2En Él estamos unidos con toda cosa viviente, y Contigo que eres su único Creador. 3Lo que hemos hecho y a lo que hemos dado muchos nombres diferentes no es sino una sombra que hemos tratado de arrojar sobre Tu Realidad. 4Y nos sentimos contentos y agradecidos de haber estado equivocados. 5Te entregamos todos nuestros errores, a fin de ser absueltos de cuantos efectos parecían tener. 6Y aceptamos la verdad que Tú nos das en lugar de cada uno de ellos. 7Tu Nombre es nuestra salvación y la manera de escapar de lo que nosotros mismos hemos hecho. 8Tu Nombre nos une en la unicidad* que es nuestra herencia. y nuestra paz. 9Amén.




Propósito: 
Renunciar a la herencia que te has dado a ti mismo: una colección de cosas separadas con nombres separados; y al hacerlo, sentir el Nombre que Dios te ha dado como tu verdadera herencia. Esta experiencia intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso. No puedes fracasar hoy.

Observaciones: 
Necesitas este tiempo en el que abandonas la oscura prisión del mundo y entras en la luz. Aquí entiendes el Nombre que Dios te ha dado, la única Identidad que todas las cosas comparten. Y luego regresa a la oscuridad, usando los nombres del mundo de la oscuridad, para declarar que no es real.

Respuesta a la tentación:
Cuando te sientas tentado a pensar que el nombre de alguien le define como un ser separado, aplícale en silencio el Nombre de Dios.

Comentario:
Hay mucho en lo que pensar en esta lección. La manera en que los nombres, que son símbolos, están basados en la separación y alejamiento de las cosas. El modo en que la percepción se construye mediante estos nombres y diferencias. El modo en que todo esto nos obliga a ver la totalidad como un enemigo. El modo en que el aprendizaje del mundo consiste principalmente en aprender todos estos nombres y los modos de clasificar y separar las cosas.

Todo esto es lo contrario a la realidad que está representada por el Nombre de Dios. El Nombre de Dios representa a la totalidad, a la unidad, “la única Identidad que comparten todas las cosas”. Nuestra vista nos ha enseñado una ilusión, basada en miles de nombres de partes separadas que vemos como cosas separadas; sin embargo, la realidad es la Totalidad, sin diferencias, sin separación. La imagen de partes que nos hemos inventado nos oculta la realidad de la Totalidad.

Entonces, ¿tenemos que intentar dejar a un lado completamente nuestra percepción de partes con nombres separados, y vivir viendo sólo la Unidad? ¿Está “mal” que usemos los nombres y símbolos del mundo, y que actuemos como si Juanita fuese diferente de Pepito? ¿Tenemos que tratar a un pájaro como a nuestro propio hijo? No. La lección afirma la verdad absoluta, pero no insiste en que intentemos que este mundo encaje en esa imagen.

Primero, dice muy claramente que aprender todos los nombres y símbolos de la separación “es una fase de aprendizaje por la que todo el que viene aquí tiene que pasar”. Como han dicho algunos maestros de psicología transpersonal (la rama de la psicología que enseña que la totalidad original va más allá del desarrollo del ego individual), no puedes ir más allá del ego hasta que has desarrollado un ego sano. El desarrollo del ego parece ser un paso necesario en nuestro crecimiento total. Los niños tienen que convertirse en egos adultos sanos antes de tener éxito en ir más allá del ego. Si un adulto todavía está luchando con problemas del desarrollo de la personalidad que deberían haberse solucionado en la infancia o en la adolescencia, en un desarrollo “normal”, esos problemas necesitan tratarse en su propio nivel antes de que la persona busque dejar de lado al ego por completo.

Aquí estoy aplicando a la lección gran cantidad de cosas, y expresando lo que puede considerarse opiniones, no necesariamente algo que el Curso enseña. Pero pienso que esta sección da a entender esto: todos tenemos que pasar por la etapa de “la enseñanza del mundo” antes de poder poner en duda todas sus enseñanzas. No queremos “quedarnos cortos” como la enseñanza del mundo, pero parece que tenemos que pasar por ella. “Debidamente empleado, puede servir como punto de partida desde donde se puede comenzar otro tipo de aprendizaje”.

No sólo tenemos que pasar todos por el tipo de aprendizaje del mundo como punto de partida, sino que después de “ir más allá de los símbolos del mundo”, todavía hay una razón para que sigamos usándolos: tenemos una función docente. Por ejemplo, todavía llamas a las personas por su nombre, las tratas como individuos con necesidades individuales, pero “no te dejes engañar” por estas diferencias aparentes. Los nombres y símbolos del mundo son necesarios para la comunicación, sin embargo “no son sino medios a través de los cuales puedes comunicarte de manera que el mundo te pueda entender, pero reconoces que no son la unidad en la que puede hallarse la verdadera comunicación”. Usamos los símbolos del mundo para comunicar el hecho de la Totalidad, usamos los símbolos para deshacer los símbolos.

Éste es un juego complicado. Permanecer en el mundo y jugar con las reglas de la separación, por así decirlo, hace que nos olvidemos de la realidad que estos símbolos de la separación nos están ocultando. ¡Por eso precisamente es tan importante la práctica de los instantes santos!

“Así pues, lo que necesitas cada día son intervalos en los que las enseñanzas del mundo se convierten en una fase transitoria: una prisión desde la que puedes salir a la luz del sol y olvidarte de la oscuridad. Ahí entiendes la Palabra, el Nombre que Dios te ha dado; la única Identidad que comparten todas las cosas; el reconocimiento de lo que es verdad. Y luego vuelves a la oscuridad, no porque creas que es real, sino sólo para proclamar su irrealidad usando términos que aún tienen sentido en el mundo regido por la oscuridad”.

Practicar con el Nombre de Dios nos permite abandonar “todas las separaciones insensatas que nos mantenían ciegos”. En nuestros momentos de quietud recordamos la Totalidad y olvidamos las diferencias. Podemos ver diferencias todavía, pero lo que vemos no afecta a la verdad en absoluto. Todas las cosas siguen teniendo el Único Nombre. En nuestras prácticas renovamos esta consciencia, y luego “volvemos a la obscuridad”, volvemos al mundo de símbolos y sueños para revelarle la realidad que hemos sentido en el instante santo.

“Padre, nuestro Nombre es el Tuyo. En Él estamos unidos con toda cosa viviente, y Contigo que eres su único Creador”.





























lunes, 1 de julio de 2024

Lección 183 Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.

 





1. El Nombre de Dios es sagrado, pero no es más sagrado que el tuyo. 2Invocar Su Nombre es invocar el tuyo. 3Un padre le da su nombre a su hijo y, de este modo, identifica a su hijo con él. 4Sus hermanos comparten su nombre y, así, están unidos por un vínculo en el que encuentran su identidad. 5El Nombre de tu Padre te recuerda quién eres incluso en un mundo que no lo sabe, e incluso cuando tú mismo no lo has recordado.

2. El Nombre de Dios no puede ser oído sin que suscite una respuesta, ni pronunciado sin que produzca un eco en la mente que te exhorta a recordar. 2Di Su Nombre, y estarás invitando a los ángeles a que rodeen el lugar en el que te encuentras, a cantarte según despliegan sus alas para mantenerte a salvo y a protegerte de cualquier pensamiento mundano que quisiera mancillar tu santidad.

3. Repite el Nombre de Dios, y el mundo entero responderá abandonando las ilusiones. 2Todo sueño que el mundo tenga en gran estima de repente desaparecerá, y allí donde parecía
encontrarse hallarás una estrella, un milagro de gracia. 3Los enfermos se levantarán, curados ya de sus pensamientos enfermizos. 4Los ciegos podrán ver y los sordos oír. 5Los afligidos abandonarán su duelo, y sus lágrimas de dolor se secarán cuando la risa de felicidad venga a bendecir al mundo.

4. Repite el Nombre de Dios y todo nombre nimio deja de tener significado. 2Ante el Nombre de Dios, toda tentación se vuelve algo indeseable y sin nombre. 3Repite Su Nombre, y verás cuán fácilmente te olvidas de los nombres de todos los dioses que honrabas. 4Pues habrán perdido el nombre de dios que les otorgabas. 5Se volverán anónimos y dejarán de ser importantes para ti, si bien, antes de que dejases que el Nombre de Dios reemplazase a sus nimios nombres, te postrabas reverente ante ellos llamándolos dioses.

5. Repite el Nombre de Dios e invoca a tu Ser, Cuyo Nombre es el Suyo. 2Repite Su Nombre, y todas las cosas insignificantes y sin nombre de la tierra se ven en su correcta perspectiva. 3Aquellos que invocan el Nombre de Dios no pueden confundir lo que no tiene nombre con el Nombre, el pecado con la gracia, ni los cuerpos con el santo Hijo de Dios. 4Y si te unes a un hermano mientras te sientas con él en silencio y repites dentro de tu mente quieta el Nombre de Dios junto con él, habrás edificado ahí un altar que se eleva hasta Dios Mismo y hasta Su Hijo.

6. Practica sólo esto hoy: repite el Nombre de Dios lentamente una y otra vez. 2Relega al olvido cualquier otro nombre que no sea el Suyo. 3No oigas nada más. 4Deja que todos tus pensamientos se anclen en Esto. 5No usaremos ninguna otra palabra, excepto al principio, cuando repetimos la idea de hoy una sola vez. 6Y entonces el Nombre de Dios se convierte en nuestro único pensamiento, nuestra única palabra, lo único que ocupa nuestras mentes, nuestro único deseo, el único sonido que tiene significado y el único Nombre de todo lo que deseamos ver y de todo lo que queremos considerar nuestro.

7. De esta manera extendemos una invitación que jamás puede ser rechazada. 2Y Dios vendrá, y Él Mismo responderá a ella. 3No pienses que Él oye las vanas oraciones de aquellos que lo invocan con nombres de ídolos que el mundo tiene en gran estima. 4De esa manera nunca podrán llegar a Él. 5Dios no puede oír peticiones que le pidan que no sea Él Mismo o que Su Hijo reciba otro nombre que no sea el Suyo.

8. Repite el Nombre de Dios, y lo estarás reconociendo como el único Creador de la realidad. 2Y estarás reconociendo asimismo que Su Hijo es parte de Él y que crea en Su Nombre. 3Siéntate en silencio y deja que Su Nombre se convierta en la idea todo abarcadora que absorbe tu mente por completo. 4Acalla todo pensamiento excepto éste. 5Deja que ésta sea la respuesta para cualquier otro pensamiento, y observa cómo el Nombre de Dios reemplaza a los miles de nombres que diste a todos tus pensamientos, sin darte cuenta de que sólo hay un Nombre para todo lo que existe y jamás existirá.

9. Hoy puedes alcanzar un estado en el que experimentarás el don de la gracia. 2Puedes escaparte de todas las ataduras del mundo, y ofrecerle a éste la misma liberación que tú has encontrado. 3Puedes recordar lo que el mundo olvidó y ofrecerle lo que tú has recordado. 4Puedes también aceptar el papel que te corresponde desempeñar en su salvación, así como en la tuya propia. 5Y ambas se pueden lograr perfectamente.

10. Recurre al Nombre de Dios para tu liberación y se te concederá. 2No se necesita más oración que ésta, pues encierra dentro de sí a todas las demás. 3Las palabras son irrelevantes y las peticiones innecesarias cuando el Hijo de Dios invoca el Nombre de su Padre. 4Los Pensamientos de su Padre se vuelven los suyos propios. 5El Hijo de Dios reivindica su derecho a todo lo que su Padre le dio, le está dando todavía y le dará eternamente. 6Lo invoca para dejar que todas las cosas que creyó haber hecho queden sin nombre ahora, y en su lugar el santo Nombre de Dios se convierta en el juicio que él tiene de la intranscendencia de todas ellas.

11. Todo lo insignificante se acalla. 2Los pequeños sonidos ahora son inaudibles. 3Todas las cosas vanas de la tierra han desaparecido. 4El universo consiste únicamente en el Hijo de Dios, que invoca a su Padre. 5Y la Voz de su Padre responde en el santo Nombre de su Padre. 6La paz eterna se encuentra en esta eterna y serena relación, en la que la comunicación transciende con creces
todas las palabras, y, sin embargo, supera en profundidad y altura todo aquello que las palabras jamás pudiesen comunicar. 7Queremos experimentar hoy esta paz en el Nombre de nuestro Padre. 8Y en Su Nombre se nos concederá.





Propósito: 
Dejar a un lado tu defensa especial de darle valor a otros dioses, de dar valor a los ídolos del mundo, para poder sentir el regalo de la gracia. Esta experiencia intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso.

Respuesta a la tentación: 
Cuando te sientas tentado a darle valor a los míseros dioses de este mundo, cuando te sientas tentado de apreciar un ídolo, repite el Nombre de Dios, y observa al ídolo convertirse en algo no deseado y sin nombre.

Comentario:
Tal como se usa en esta lección y en la siguiente, el Nombre de Dios representa Su Identidad y nuestra identidad con Él. El Nombre de Dios no es Jehová, o Krishna, o Alá. Sin embargo cualquiera de esas palabras puede usarse para representar a Dios. Cuando esta lección nos ruega “repite el Nombre de Dios”, entonces ¿Qué decimos? La palabra que usemos no importa, es la idea de Su Identidad lo que tiene que ser lo más importante en nuestra mente. Podemos decir “Dios” una y otra vez, o “Padre”, o “Madre Divina”, o cualquier palabra que para nosotros represente mejor la Identidad de Dios.

La práctica general que se explica en esta lección es muy parecida a las prácticas de las religiones orientales de repetir el Nombre de Dios una y otra vez, y la intención es la misma. En las prácticas espirituales de Oriente, esto a veces se hace cantando. Por ejemplo, a la religión Hare Krishna se la llama así por la práctica de cantar repetidamente casi sin parar “Hare Krishna. Hare Rama”, siendo Krishna y Rama Nombres de Dios para ellos. Un grupo cristiano al que pertenecí una vez, daba la mayor importancia a repetir las palabras “O Señor Jesús”, durante largos periodos de tiempo, con la misma intención, y a menudo con resultados sorprendentes. Aunque este tipo de práctica no es una de las que se le da mayor importancia en el Curso, a la vista está que es uno de los medios que ofrece el Curso para ayudarnos a encontrar el instante santo. La única diferencia que veo aquí es que en las repeticiones tienen que ser silenciosas y hacerse “dentro de la mente quieta”, en lugar de en voz alta.

Al poner toda nuestra atención en la Identidad de Dios, soltamos el agarre que todos los nombres menores tienen en nuestra mente. Anulamos la ilusión de la separación al reconocer el único Nombre que representa a todo lo que existe: “sólo hay un Nombre para todo lo que existe y jamás existirá”.

En esta lección se le atribuyen muchos resultados a repetir el Nombre de Dios: nos recuerda nuestra identidad con Él, invita a los ángeles a que nos rodeen y nos mantengan a salvo, reconociendo la santidad que compartimos con Dios, hace que el mundo abandone las ilusiones, hace que se derrumben todos los ídolos, invoca a nuestro Ser, la extensión de Dios que somos, reconoce a Dios como el único Creador de la realidad.

También se nos anima a hacer esta práctica con alguien más, sentados juntos en silencio y repitiendo el Nombre de Dios en nuestra mente; esto parece tener un mérito especial pues con ello edificamos “ahí un altar que se eleva hasta Dios Mismo y hasta Su Hijo”. Que yo sepa éste es el único lugar en el Curso en el que se menciona la meditación con otro, pero está muy a favor de ello, e indica que hay un valor añadido en juntarse con otros para meditar.

La idea principal de la práctica parece ser que el pensamiento de Dios reemplaza a cualquier otra idea en nuestra mente; y si entran otras ideas, podemos responder a ellas con el Nombre de Dios . En lugar de orar por cosas concretas, o por personas concretas (todas ellas tienen nombres que las diferencian y separan de todo lo demás), repetimos el Nombre de Dios que las incluye a todas ellas. “No se necesita más oración que ésta, pues encierra dentro de sí a todas las demás”. Mientras repetimos el Nombre de Dios, podemos cambiar nuestro estado mental para sentir el regalo de la gracia ; finalmente venimos a un lugar donde “El universo consiste únicamente en el Hijo de Dios, que invoca a su Padre.










































Lección 182 Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.

 






1. Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar. 2Y en algún recodo de tu mente sabes que esto es verdad. 3El recuerdo de tu hogar sigue rondándote, como si hubiera un lugar que te llamase a regresar, si bien no reconoces la voz, ni lo que ésta te recuerda. 4No obstante, sigues sintiéndote como un extraño aquí, procedente de algún lugar desconocido. 5No es algo tan concreto que puedas decir con certeza que eres un exilado aquí. 6Es más bien un sentimiento persistente, no más que una leve punzada a veces, que en otras ocasiones apenas recuerdas, algo que descartas sin ningún miramiento, pero que sin duda ha de volver a rondarte otra vez.

2. No hay nadie que no sepa de qué estamos hablando. 2Sin embargo, hay quienes tratan de ahogar su sufrimiento entreteniéndose en juegos para pasar el tiempo y no sentir su tristeza: 3Otros prefieren negar que están tristes, y no reconocen en absoluto que se están tragando las lágrimas. 4Hay quienes afirman incluso que esto de lo que estamos hablando son ilusiones y que no se debe considerar más que como un sueño. 5Sin embargo, ¿Quién podría honestamente afirmar, sin ponerse a la defensiva o engañarse a sí mismo, que no sabe de lo que estamos hablando?

3. Hoy hablamos en nombre de todo aquel que vaga por este mundo, pues en él no está en su hogar. 2Camina a la deriva enfrascado en una búsqueda interminable, buscando en la oscuridad lo que no puede hallar, y sin reconocer qué es lo que anda buscando. 3Construye miles de casas, pero ninguna de ellas satisface a su desasosegada mente. 4No se da cuenta de que las construye en vano. 5El hogar que anda buscando, él no lo puede construir. 6El Cielo no tiene sustituto. 7Lo único que él jamás construyó fue un infierno.

4. Tal vez pienses que lo que quieres encontrar es el hogar de tu infancia. 2La infancia de tu cuerpo y el lugar que le dio cobijo son ahora recuerdos tan distorsionados que lo que guardas es simple-mente una imagen de un pasado que nunca tuvo lugar. 3Mas en ti hay un Niño que anda buscando la casa de Su Padre, pues sabe que Él es un extraño aquí. 4Su infancia es eterna, llena de una inocencia que ha de perdurar para siempre. 5Por dondequiera que este Niño camina es tierra santa. 6Su santidad es lo que ilumina al Cielo, y lo que trae a la tierra el prístino reflejo de la luz que brilla en lo alto, en la que el Cielo y la tierra se encuentran unidos cual uno solo.

5. Este Niño que mora en ti es el que tu Padre conoce como Su Hijo. 2Este Niño que mora en ti es el que conoce a Su Padre. 3Él anhela tan profunda e incesantemente volver a Su hogar, que Su voz te suplica que lo dejes descansar por un momento. 4Tan sólo pide unos segundos de respiro: un intervalo en el que pueda volver a respirar el aire santo que llena la casa de Su Padre. 5Tú eres también Su hogar. 
6Él retornará. 7Pero dale un poco de tiempo para que pueda ser lo que es dentro de la paz que es Su hogar, y descansar en silencio, en paz y en amor.

6. Este Niño necesita tu protección. 2Se encuentra muy lejos de Su hogar. 3Es tan pequeño que parece muy fácil no hacerle caso y no oír Su vocecilla, quedando así Su llamada de auxilio ahogada en los estridentes sonidos y destemplados y discordantes ruidos del mundo. 4No obstante, Él sabe que en ti aún radica Su protección. 5Tú no le fallarás. 6Él volverá a Su hogar, y tú lo acompañarás.

7. Este Niño es tu indefensión, tu fortaleza. 2Él confía en ti. 3Vino porque sabía que tú no le fallarías. 4Te habla incesantemente de Su hogar con suaves murmullos. 5Pues desea llevarte consigo de vuelta a él, a fin de poder Él Mismo permanecer allí y no tener que regresar de nuevo a donde no le corresponde estar y donde vive proscrito en un mundo de pensamientos que le son ajenos. 6Su paciencia es infinita. 7Esperará hasta que oigas Su dulce Voz dentro de ti instándote a que lo dejes ir en paz, junto contigo, a donde Él se encuentra en Su casa, al igual que tú.

8. Cuando estés en perfecta quietud por un instante, cuando el mundo se aparte de ti y las vanas ideas que abrigas en tu desasosegada mente dejen de tener valor, oirás Su Voz. 2Su llamada es tan conmovedora que ya no le ofrecerás más resistencia. 3En ese instante te llevará a Su hogar, y tú permanecerás allí con Él en perfecta quietud, en silencio y en paz, más allá de las palabras, libre de todo temor y de toda duda, sublimemente seguro de que estás en tu hogar.

9. Descansa a menudo con Él hoy. 2Pues Él estuvo dispuesto a convertirse en un Niño pequeño para que tú pudieras aprender cuán fuerte es aquel que viene sin defensas, ofreciendo única-mente los mensajes del amor a quienes creen ser sus enemigos. 3Con el poder del Cielo en Sus manos, los llama amigos y les presta Su fortaleza para que puedan darse cuenta de que Él quiere ser su Amigo. 4Les pide que lo protejan, pues Su hogar está muy lejos, y Él no quiere regresar a él solo.

10. Cristo renace como un Niño pequeño cada vez que un peregrino abandona su hogar. 2Pues éste debe aprender que a quien quiere proteger es sólo a este Niño, que viene sin defensas y a Quien la indefensión ampara. 3Ve con Él a tu hogar de vez en cuando hoy. 4Tú eres un extraño aquí, al igual que Él.

11. Dedica algún tiempo hoy a dejar a un lado tu escudo que de nada te ha servido, y a deponer la espada y la lanza que blandiste contra un enemigo imaginario. 2Cristo te ha llamado amigo y her-mano. 3Ha venido incluso a pedirte ayuda para que lo dejes regresar a Su hogar hoy, íntegro y completamente. 4Ha venido como lo haría un niño pequeño, que tiene que implorar la protección y el amor de su padre. 5Él rige el universo, y, sin embargo, te pide incesantemente que regreses con Él y que no sigas convirtiendo a las ilusiones en dioses.

12. Tú no has perdido tu inocencia. 2Y eso es lo que anhelas, 3lo que tu corazón desea. 4Ésa es la voz que oyes y la llamada que no se puede ignorar. 5Ese santo Niño todavía sigue a tu lado. 6Su hogar es el tuyo. 7Hoy Él te da Su indefensión, y tú la aceptas a cambio de todos los juguetes bélicos que has fabricado. 8Y ahora el camino está libre y despejado, y el final de la jornada puede por fin vislumbrarse. 9Permanece muy quedo por un instante, regresa a tu hogar junto con Él y goza de paz por un rato.





Propósito: 
Dejar a un lado la creencia de que tu hogar está aquí en este mundo o en el hogar de tu infancia. Ir al hogar por un instante con Cristo que es tu Ser. Esta experiencia intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso.

Respuesta a la tentación: 
Cada vez que te sientas tentado a tomar tu escudo y tu espada para defenderte, recuerda que este Niño es tu indefensión y tu fortaleza.

Comentario:
Otra lección acerca del instante santo. Date cuenta de que el hilo conductor acerca de los “instantes”, “momentos”, e “intervalos” de silencio, quietud y retirar la atención del mundo, empezó en la Lección 181, continúa durante casi todas las lecciones hasta la Lección 200, el final de la serie. Hasta la tercera o la cuarta vez que hice estas lecciones no me di cuenta de que todas eran instrucciones acerca de dedicar conscientemente cortos periodos de tiempo cada día para entrar en el instante santo. Los temas parecen ser diferentes, pero la diferencia está en el obstáculo que se está teniendo en cuenta a nuestra consciencia de la presencia del amor. El propósito siempre es el mismo: un corto tiempo en el que se deja de lado ese obstáculo, y la experiencia de la nueva consciencia que viene al eliminar ese obstáculo por un momento.

El obstáculo que hoy se tiene en cuenta es la tentación de encontrar satisfacción en este mundo, o de sentirnos en nuestro hogar en él. Nos pasamos la mayor parte de nuestra vida intentando adaptarnos al mundo, o adaptar el mundo a nosotros. Nos parece normal intentar estar cómodos aquí, y emplear un montón de esfuerzos en ese intento. Esta lección nos pide que dejemos ese esfuerzo a un lado, sólo por un momento, y que reconozcamos la voz del niño dentro de nosotros que nos está pidiendo ir al hogar, al hogar del Cielo. Necesitamos reconocer que “Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar”. Y, reconocer que esto es así, para dedicar tiempo cada día para dejar a este Niño dentro de nosotros “descansar por un momento” y, “unos segundos de respiro… volver a respirar el aire santo que llena la casa de Su Padre”.

Esta lección es quizá la más hermosa y poética de todo el Libro de Ejercicios. Algunos hemos oído, quizá, la conmovedora lectura de Beverly Hutchinson de esta lección en el casete de “La Canción Olvidada”. Me resulta difícil oírla sin llorar, y no me importa hacerlo. Las lágrimas son buenas, pero no son suficiente; necesitamos oír la petición y satisfacerla: “Descansa a menudo con Él hoy”. “Ve con Él a tu hogar de vez en cuando hoy”. “Permanece muy quedo por un instante, regresa a tu hogar junto con Él y goza de paz por un rato”.

El pensamiento de la lección de hoy ha tenido un efecto muy poderoso en mi vida. A veces cuando me siento más hundido (deprimido, apagado, desanimado), me basta con sentarme en quietud y silencio diciendo: “Quiero ir a mi hogar”, para que desaparezca ese estado de ánimo y dejar que la paz de Dios llene mi mente por completo.

Otras frases, hacia el final de la lección, han tenido un efecto igual de poderoso en mí:

“Tú no has perdido tu inocencia. Y eso es lo que anhelas, lo que tu corazón desea. Ésa es la voz que oyes y la llamada que no se puede ignorar”. (12:1-4)

Cuando recuerdo estas palabras, siempre me sorprende el efecto calmante que tienen en mí. No me había dado cuenta, hasta repetirlas, lo profundamente que creía que yo había perdido mi inocencia, que la causa de mi depresión era una creencia escondida en mi propia pérdida de inocencia. De repente me doy cuenta de que, sí, que esto es lo que anhelo, esto es lo que deseo de todo corazón.

Si puedes, justo ahora mientras lees esto, “Permanece muy quedo por un instante y ven al hogar junto conmigo. ¡Es tan fácil hacerlo! ¿Por qué retrasarlo un instante más?






































Lección 365 Tu llegada al hogar es segura.

  Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero únicamente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. Y si nece...