sábado, 23 de noviembre de 2024

Lección 329 “He elegido ya lo que Tu Voluntad dispone”

 






1. Padre, pensé que me había apartado de Tu Voluntad, que la había desafiado, que había violado sus leyes y que había interpuesto una segunda voluntad más poderosa que la Tuya. 2 En realidad, no obstante, no soy otra cosa que Tu Voluntad, extendida y extendiéndose. 3 Eso es lo que soy, y eso nunca habrá de cambiar. 4 Así como Tú eres Uno, así yo soy uno Contigo. 5 Eso fue lo que elegí en mi creación, en la que mi voluntad se hizo eternamente una con la Tuya. 6 Esa decisión se tomó para siempre. 7 No puede cambiar ni oponerse a sí misma. 8 Padre, mi voluntad es la Tuya. 9 Estoy a salvo, tranquilo y sereno, y gozo de una dicha interminable porque así lo dispone Tu Voluntad.

2. Hoy aceptaremos la unión que existe entre nosotros, y entre nosotros y nuestra Fuente. 2 No tenemos otra voluntad que la Suya y todos somos uno porque todos compartimos Su Voluntad. 3 Por medio de Ella reconocemos que somos uno solo. 4 Por medio de Ella encontramos por fin el camino que nos conduce a Dios.




Comentario:

Para nosotros es difícil darnos cuenta de que ya hemos elegido la Voluntad de Dios. Elegir Su Voluntad es el único modo de encontrar nuestra verdadera libertad (lección de ayer), y ya hemos hecho esa elección. Podemos pensar que nos hemos alejado de la Voluntad de Dios, que la hemos desobedecido, y que hemos violado Sus leyes (1:1), pero no lo hemos hecho. No podemos. Porque somos “una extensión de Su Voluntad que se extiende continuamente” (1:2- 3).

¿Cuándo tomamos esta decisión de la que parece que no somos conscientes? En el mismo instante de nuestra creación (1:5). Dios nos creó extendiendo Su Voluntad, cuando fuimos creados éramos la extensión de Su Voluntad. Nuestra decisión ya se tomó, y “se tomó para siempre” (1:6). No podemos cambiarla. Podemos inventar una ilusión en la que parece que tenemos una voluntad separada de la de Dios, pero no podemos hacerla real. Si lo que hacemos contradice la Voluntad de Dios, todo lo que podemos hacer es ilusorio.

Este hecho es nuestra seguridad. También es nuestra salvación, pues significa que no hemos hecho lo que hemos pensado que hemos hecho, no hemos desafiado la Voluntad de Dios, únicamente nos lo hemos imaginado, únicamente lo hemos soñado. La unidad de Dios y de Su creación sigue en perfecto estado, y es esto lo que celebramos hoy.




¿Qué es la creación? (Parte 9)

L.pII.11.5:1

“Nuestro Padre nos llama”. (5:1)

“Padre” es igual a “Creador”, Quien nos dio el Ser. Quizá, después de este tiempo pensando en lo que es la creación, la palabra “Padre” tiene un poco más de significado para nosotros. Nuestro Padre es Quien nos pensó y nos dio existencia. “Sólo el Amor crea” (1:2), y por eso nuestro Padre es el Amor Mismo, Que nos ha creado como Él Mismo. Él deseó añadir Amor a través de Su extensión, y así de este deseo fuimos creados, para permanecer para siempre en Su santa Voluntad.

¡Ese deseo inmortal de Dios todavía continúa! Con todo ese deseo infinito de Su Voluntad, Él nos llama para que seamos lo que Él creó que fuésemos: la extensión de Su Amor, creando tal como Él lo hace: extendiendo amor, siempre uno con Su santa Voluntad, compartiéndola, glorificándola, irradiándola por cada poro de nuestro ser. El Amor de Dios permanece con nosotros. Nuestra mente Le recuerda, recuerda nuestra función. Desde dentro de nuestra mente Él nos llama, acercándonos con Su Amor a ser el mismo Amor que nos acerca.

Él es nuestro Padre, nuestro Creador. No podemos escapar del hecho de lo que somos. “Soy tal como Dios me creó” (L.110). Él nos llama continuamente, constantemente, con paciencia, sin cesar, y hasta que dejemos nuestro loco intento de ser “algo más”, algo distinto al Amor, y respondamos a Su llamada, sólo podemos retrasar nuestra felicidad y nuestra dicha.

Padre, que hoy oiga Tu Voz llamándome y que conteste.























martes, 19 de noviembre de 2024

Lección 324 No quiero ser guía. Quiero ser simplemente un seguidor.

 




1. Padre, Tú eres Quien me dio el plan para mi salvación. 2 Eres asimismo Quien determinó el camino que debo recorrer, el papel que debo desempeñar, así como cada paso en el sendero señalado. 3 No puedo perderme. 4 Tan sólo puedo elegir desviarme por un tiempo, y luego volver. 5 Tu amorosa Voz siempre me exhortará a regresar y me llevará por el buen camino. 6 Mis hermanos pueden seguir el camino por el que les dirijo. 7 Mas yo simplemente recorreré el camino que conduce a Ti, tal como me indiques y quieras que yo haga.

2. Sigamos, por lo tanto, a Uno que conoce el camino. 2 No tenemos por qué rezagarnos ni podemos soltarnos de Su amorosa Mano por más de un instante. 3 Caminamos juntos, pues Le seguimos. 4 Y es Él Quien hace que el final sea seguro y Quien garantiza que llegaremos a salvo a nuestro hogar.



Comentario:

Aprender a seguir la orientación interior es una gran parte de hacer el Curso. Esa orientación es la Voz que habla por Dios, el Espíritu Santo. Es parte de mí y parte de Dios. Al fin y al cabo todo es Uno, pero mientras piense que estoy separado, sentiré esa Voz como una voz separada, llamándome a volver al hogar: “Tu amorosa Voz siempre me exhortará a regresar, y me llevará por el buen camino” (1:5).

Padre, necesito aprender que no estoy solo y que Algo o Alguien ha planeado “el camino que debo recorrer, el papel que debo desempeñar, así como cada paso en el sendero señalado” (1:2). Como me recordaba la Lección 321: “No entendía lo que me podía hacer libre, ni lo que era mi libertad o adónde ir a buscarla”. De hecho, Tú has establecido el camino, y el Espíritu Santo es la Voz que habla por Ti. Así que voy a seguir a “Uno que conoce el camino” (2:1). ¡Qué alivio tener a Éste Uno en Quien confiar! Caminando por una selva oscura de caminos retorcidos y confusos, ¡qué consuelo saber que tengo un Guía Que conoce cada detalle del camino! Debido a Él, “no puedo perderme” (1:3).

Que hoy recuerde que Tú has establecido cada paso de mi camino. Cuando miro hacia atrás Contigo, sé que es cierto: todo lo que he hecho ha sido para mi bien, todo ha funcionado perfectamente para traerme exactamente donde estoy ahora. Incluso mis correrías estaban perfectamente planeadas para enseñarme la falsedad de las ilusiones. Yo era un seguidor. Lo que pensaba que eran desviaciones que me alejaban de Ti, eran realmente lecciones que me acercaban al Hogar, y estoy agradecido por todos ellos. Que ahora mire al futuro con la confianza que me da ese conocimiento: no puedo perderme. Cada persona, cada acontecimiento y cada circunstancia de mi vida, vistas con la visión, hoy pueden ser un paso hacia el Hogar, un medio de encontrar mi camino de regreso a Ti.

Si hoy me desvío, Padre, tráeme de regreso. Te doy las gracias por el bendito alivio de saber que yo no tengo que resolver nada. Ha sido resuelto para mí. Puedo dejar que el día se desenvuelva como venga, confiando en que todo ha sido perfectamente planeado por Ti para traerme tu recuerdo a mi mente lo más rápidamente posible.

“No quiero ser guía” (el pensamiento de hoy). No quiero que se me conozca como guía de otros. No sé el camino para mí, ¿Cómo puedo saber el camino para otros? Algunos de mis hermanos pueden seguirme; de hecho los traeré a mí con ese propósito. Pero todo lo que hago es seguir Tu Voz; si alguien me sigue en este camino, no me están siguiendo a mí sino a Ti. Que siempre les recuerde eso y nunca haga que nadie dependa de mí.

“No tenemos por qué rezagarnos, ni podemos soltarnos de Su amorosa Mano por más de un instante” (2:2). Para Jesús, seis billones de años es “un instante” que no es nada en comparación con la eternidad, tan pequeño que “no se perdió ni una sola nota del himno celestial” (T.26.V.3:5; 5:1,4). A nosotros nos parece que nos rezagamos mucho más que un instante.

La eternidad es infinita y, comparada con ella, todo el tiempo no es literalmente nada. No se pueden comparar. El tiempo que pasamos retrasándonos, que a nosotros nos parece tan largo, no es nada más que un instante, una parte infinitamente pequeña de nada, un trozo de un sueño. Todos hemos tenido la experiencia de sueños que parecían durar horas o días, sin embargo sucedió en unos pocos segundos de tiempo “real” .Y eso es todo lo que el tiempo es:

“El tiempo es un truco, un juego de manos, una gigantesca ilusión en la que las figuras parecen ir y venir como por arte de magia. No obstante, tras las apariencias hay un plan que no cambia. El guion ya está escrito”. (L.158.4:1)

Hay un plan detrás de las apariencias, y en eso es en lo que puedo confiar hoy. Siguiendo al Espíritu Santo, sé que el final es seguro. Él “garantiza que llegaremos a salvo a nuestro hogar” (2:4). Me puedo sentir destrozado y confundido, pero ¡no puedo estropear nada! Tengo un Guía perfecto, y Él va a permanecer conmigo hasta que llegue al final y de nuevo caiga en los brazos de mi Padre.

“No quiero ser guía. Quiero ser simplemente un seguidor”.




¿Qué es la creación? (Parte 4)

L.pII.11.2:4

“Lo que Dios ha dispuesto que sea uno eternamente, lo seguirá siendo cuando el tiempo se acabe, y no cambiará a través del tiempo, sino que seguirá siendo tal como era antes de que surgiera la idea del tiempo”. (2:4)

Dios ha dispuesto que toda la creación sea una , por lo tanto, es una. El tiempo no puede cambiar nada de lo que Dios creó. El tiempo y el cambio parecen estar estrechamente relacionados: cambio es lo que produce el paso del tiempo, y parece imposible que pase el tiempo sin que haya cambios. Es imposible que la creación de Dios pueda cambiar. La creación de Dios está completamente fuera del tiempo, y el tiempo es sólo una ilusión, un sueño en el que el cambio es posible.

Lo que somos juntos, como el Hijo de Dios, existía antes de que surgiera la idea del tiempo, todavía existe durante el aparente paso del tiempo, y seguirá existiendo como uno cuando se acabe el tiempo. El Hijo de Dios no se ve afectado por lo que parece ocurrir en el tiempo, tal como el sol no se ve afectado porque yo pase algunos de sus rayos a través de una lupa y los desvíe de su camino, o como el océano no se ve afectado por un niño que arroja un palo al agua. En otras palabras, nada le afecta. Ése es el poder de la Creación. Nada puede cambiarla, es inmutable. Por lo tanto, soy inmutable cuando reconozco a mi Creador.

“Tu Ser se alza radiante en este santo júbilo, inalterado e inalterable por siempre jamás”. (L.190.6:5)



















lunes, 18 de noviembre de 2024

Lección 323 Gustosamente “sacrifico” el miedo.

 



1. He aquí el único “sacrificio” que le pides a Tu Hijo bienamado: que abandone todo sufrimiento, toda sensación de pérdida y de tristeza, toda ansiedad y toda duda, y que deje que Tu Amor entre a raudales a su conciencia, sanándolo del dolor y otorgándole Tu Propia dicha eterna. 2 Tal es el “sacrificio” que me pides y que yo gustosamente me impongo; el único “costo” que supone reinstaurar en mí Tu recuerdo para la salvación del mundo.

2. Y al saldar la deuda que tenemos con la verdad—una deuda que consiste sencillamente en abandonar los autoengaños y las imágenes que venerábamos falsamente—la verdad regresa íntegra y llena de júbilo a nosotros. 2 Ya no nos engañamos. 3 El amor ha regresado a nuestra conciencia. 4 Y ahora estamos en paz otra vez, pues el miedo ha desaparecido y lo único que queda es amor.




Comentario:

La lección de ayer terminaba con el pensamiento: “¿Qué pérdida podría esperar sino la pérdida del miedo…?” Y la lección de hoy aprovecha esa idea. Así que voy a perder, pero ¿todo lo que voy a perder es el miedo? ¡Puedo vivir sin él! Perder el miedo no es un sacrificio. Voy a perder mi miedo gustosamente.

Puede parecer que se me pide que renuncie a cosas valiosas y placenteras. Todo lo que se me pide es “que abandone todo sufrimiento, toda sensación de pérdida y de tristeza, toda ansiedad y toda duda” (1:1). El apego a cosas de este mundo (cosas que son frágiles y que no durarán) siempre trae sufrimiento, pérdida y ansiedad. Puede que yo no me dé cuenta de ello pero la atracción secreta del ego hacia esas cosas no es el placer que me dan, sino el dolor. Cuando reconozca esa motivación del ego, seguramente abandonaré mi apego sabiamente.

Y cuando lo abandone, el Amor de Dios entrará “a raudales a mi conciencia” (1:1). ¿Quiero eso hoy? ¿Qué el Amor de Dios entrará a raudales a mi conciencia? ¿Anhelo esa experiencia quizá esta mañana? Entonces voy a sacrificar gustosamente el miedo. Voy a abandonarlo. Que reconozca que al aferrarme a algo distinto a la meta de Dios me estoy aferrando al miedo, y que lo abandone. Sí, Padre mío, hoy estoy dispuesto a hacer este “sacrificio”. Hoy voy a dejar de tener miedo al Amor.

Siento que necesito recordarme a mí mismo que al renunciar a estas cosas no estoy renunciando a nada real. Realmente no es renunciar. Estoy teniendo la ilusión de renunciar a algo, pero nunca lo he tenido. Todo lo que estoy haciendo es “abandonar los auto-engaños y las imágenes que venerábamos falsamente” (2:1). Esto es sólo “la deuda que tenemos con la verdad” (2:1). ¡Sólo es ser honesto! Y cuando acepto la verdad, “la verdad regresa íntegra y llena de júbilo a nosotros” (2:1). El engaño ha terminado y el Amor regresa a mi consciencia. La plenitud del regalo que es eternamente mío, el amor, surge en mi memoria. Tiene sentido que cuando pago mi deuda con la verdad, la verdad regresa a mí.

Cuando “el miedo ha desaparecido… lo único que queda es el amor” (2:4).

“Gustosamente "sacrifico" el miedo”




¿Qué es la creación? (Parte 3)

L.pII.11.2:1-3

Los “Pensamientos de Dios” se refieren a nosotros, los Pensamientos de Dios. La creación es “la suma de todos los Pensamientos de Dios” (1:1), la suma total de todos los seres del tiempo.

El Curso hace una afirmación sorprendente aquí: “Los Pensamientos de Dios poseen todo el poder de su Creador” (2:1). En la Biblia se cuenta que Jesús lo dijo hacia el final de su vida: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). El Curso dice que todo poder se nos da a nosotros como la Filiación, no sólo a Jesús. Lo que esto quiere decir es que lo que Dios puede hacer, nosotros podemos hacerlo. Somos Sus extensiones. Por lo tanto, tal como Él crea, nosotros creamos también.

La razón por la que Dios comparte Su poder con nosotros es que “Él quiere incrementar el Amor extendiéndolo” (2:2). En otras palabras, tenemos el poder de extender amor. Una definición corta de “creación” podría ser la “extensión de amor”. Pero la forma del amor que compartimos en este mundo no es la realidad del Amor, es sólo un reflejo del Amor del Cielo. Nuestra experiencia del amor aquí en la tierra es siempre el intercambio de amor entre seres separados, en el Cielo es la consciencia de la perfecta unidad. Sólo podemos imaginar lo que es ese amor. Podemos tener atisbos de él en el instante santo, cuando las barreras entre las mentes parecen desaparecer. En ese instante, hay una consciencia de que la otra persona eres tú y de que tú eres la otra persona. Tú eres el amor en “ti” extendiéndose a ellos, tú eres el amor en “la otra persona” extendiéndose a “ti”, y tú eres el amor en ti amándote a ti mismo. Puede ser una experiencia que desorienta porque literalmente empiezas a perder la pista de quien eres como individuo, y al mismo tiempo te vuelves consciente de algo mucho mayor y que lo abarca todo, y eso es lo que eres.

Esas experiencias son maravillosas, y el Curso nos anima a que se pidan. Pero lo más importante que hay que entender aquí es que la Creación, tal como el Curso habla de ella, no es una experiencia terrenal sino una experiencia del Cielo. Es algo que está sucediendo todo el tiempo, y nuestro sueño de separación no ha interrumpido la creación en absoluto. Nuestra ilusión de separación no ha estropeado o perdido nada. Por eso el Curso puede decirnos como en el tema de la última semana (El Juicio Final), que el Juicio Final de este mundo es:

“sin propósito alguno. Y al no tener causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada”. (L.pII.10.2:2-3)

Si la Creación en el Cielo significa la extensión de Amor, ¿Cuál es su semejante en nuestra experiencia en la tierra? El Curso dice que el reflejo del Amor en la tierra es el perdón. Pienso que el perdón es reconocer a la creación, en lugar de crear realmente.



























Lección 322 Tan sólo puedo renunciar a lo que nunca fue real.

 



1. Lo único que sacrifico son las ilusiones, nada más. 2 Y a medida que éstas desaparecen, descubro los dones que trataban de ocultar, los cuales me aguardan en jubilosa espera, listos para entregarme los ancestrales mensajes que me traen de Dios. 3 En cada don Suyo que acepto yace Su recuerdo. 4 Y cada sueño sirve únicamente para ocultar el Ser que es el único Hijo de Dios, el Ser que fue creado a Su Semejanza, el Santo Ser que aún mora en Él para siempre, tal como Él aún mora en mí.

2. Padre, para Ti cualquier sacrificio sigue siendo algo por siempre inconcebible. 2 Por lo tanto, sólo en sueños puedo hacer sacrificios. 3 Tal como Tú me creaste, no puedo renunciar a nada que Tú me hayas dado. 4 Lo que Tú no has dado es irreal. 5 ¿Qué pérdida puedo anticipar sino la pérdida del miedo y el regreso del amor a mi mente?



Comentario:

No puedo renunciar a nada real: “Tal como Tú me creaste, no puedo renunciar a nada que Tú me hayas dado” (2:3). La idea de sacrificio no está en la Mente de Dios ni en el sistema de pensamiento del Curso. ¡Oh, se nos pide que renunciemos a cosas! El Curso incluso nos pide que renunciemos al mundo entero, pero “no con una actitud de sacrificio” (T.30.V.9:4-5). La cuestión de esta lección es muy simple. Es que nada a lo que yo puedo renunciar es real. “Lo único que sacrifico son las ilusiones, nada más” (1:1).

Recuerdo una ocasión en una relación en que yo quería casarme, y la señora en cuestión no quería, me sentí como si estuviese perdiendo y sacrificando algo al renunciar a mi sueño. Luego me di cuenta de que estaba renunciando a algo que nunca había tenido. Me trajo a la mente la conocida frase que dice: “Si amas algo, déjalo ir. Si te vuelve es que era tuyo. Si no te vuelve, es que nunca lo fue”. En aquella ocasión, pude renunciar a la ilusión, y al hacerlo, quedarme con la realidad de una relación profundamente amorosa que no estaba destinada a acabar en matrimonio, una relación que duró durante años y que me trajo más satisfacción que cualquier relación matrimonial que yo haya visto entre mis amigos.

Las ilusiones que tratamos de conservar nos están ocultando los verdaderos regalos de Dios. Por ejemplo, la idea de que podemos encontrar nuestra felicidad en una relación romántica es uno de los sustitutos del ego de la realidad de nuestra relación con Dios y con todos los seres vivos. Una relación íntima, amorosa, es algo maravilloso, pero puede ser un obstáculo para nuestra paz si hacemos de ella un ídolo, esperando que nos dé todo, o empeñándonos en que sabemos cómo tiene que ser para que nos agrade.

“Y a medida que éstas desaparecen, descubro los regalos que trataban de ocultar, los cuales me aguardan en jubilosa espera, listos para entregarme los ancestrales mensajes que me traen de Dios” (1:2). No sólo no perdemos nada al renunciar a las ilusiones, realmente ganamos la realidad de lo que las ilusiones estaban sustituyendo. ¡Ésta es una situación en la que sólo puedes ganar!

El miedo al sacrificio y a la pérdida es uno de los mayores obstáculos para nuestro progreso espiritual. Y mientras pensemos que podemos perder algo real, no podemos avanzar.

“Si se interpreta esto como una renuncia a lo que es deseable, se generará un enorme conflicto. Son pocos los maestros de Dios que se escapan completamente de esta zozobra”. (M.4.I(A).5:2-3)

La idea de sacrificio nos hace imposible juzgar sensatamente lo que queremos y lo que no queremos. Por eso es tan importante que consultemos todas nuestras decisiones al Espíritu Santo. Y cuando lo hacemos, a veces nos parecerá que nos está pidiendo que sacrifiquemos algo que valoramos. De lo que no nos damos cuenta es de que el Espíritu Santo sólo nos está enseñando que realmente no queremos lo que pensamos que queremos, Él sólo está aclarando las intenciones de nuestra mente recta, que ya sabe que no tiene valor eso que intentamos conservar.

“Y cada sueño sirve únicamente para ocultar el Ser que es el único Hijo de Dios…” (1:4). El regalo detrás de cada sueño es el recuerdo de Quién realmente soy. El apego a los “regalos” del ego sólo sirve para disminuir mi consciencia de ese Ser. No estoy pidiendo demasiado, al contrario, estoy pidiendo demasiado poco. Estos regalos no son dignos de mi Ser. Lo que Dios no da, no es real (2:4). Así pues, abandonemos hoy todo pensamiento que espera alguna clase de pérdida y reconozcamos que, como Hijos de Dios, no podemos perder. “¿Qué pérdida podría esperar sino la pérdida del miedo y el regreso del amor a mi mente?” (2:5)





¿Qué es la creación? (Parte 2)

L.pII.11.1:3-5

“Jamás hubo tiempo alguno en el que todo lo que creó no existiese. Ni jamás habrá tiempo alguno en que nada que haya creado sufra merma alguna”. (1:3-4)

Es muy difícil, o imposible, que nuestra mente entienda algo que está fuera del tiempo. Podemos imaginarnos la idea, pero sentirla está más allá de nuestra mente que piensa únicamente en cosas relacionadas con el tiempo. Las creaciones del Amor están más allá del tiempo, siempre lo han estado, y siempre lo estarán. No hay un antes y un después del Amor y de Sus creaciones, es un eterno ahora.

Pensamos en la creación como traer a la existencia algo que antes no existía. Pero la idea del Curso acerca de la creación es algo que siempre está completo y que siempre existe ahora. Toda la creación siempre ha estado ahí, y siempre lo estará, y sin embargo la creación es continua. La creación es un aumento constante de Ser, nunca menos, nunca más, nunca viejo y siempre renovado. “Los Pensamientos de Dios han de ser por siempre y para siempre exactamente como siempre han sido y como son: inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado” (1:5). Está diciendo, en otras palabras: “Soy tal como Dios me creó” (L.94, L.110, L.162). Tú y yo somos esas creaciones “inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado”. No somos seres en construcción, con nuestra realidad en el futuro todavía; tampoco somos seres de corrupción con nuestra pureza desaparecida. Lo que somos ya es ahora, lo era antes del tiempo, y lo será cuando se acabe el tiempo. Lo que cambia no forma parte de mí. Vernos a nosotros mismos como creaciones de Dios es liberarnos a nosotros mismos de la tiranía del tiempo.

Tú y yo somos esas creaciones de Dios “inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado”

“Padre, busco la paz que Tú me diste al crearme. Lo que se me dio entonces tiene que encontrarse aquí ahora, pues mi creación fue algo aparte del tiempo y aún sigue siendo inmune a todo cambio. La paz en la que Tu Hijo nació en Tu Mente aún resplandece allí sin haber cambiado. Soy tal como Tú me creaste”. (L.230.2:1-4)











sábado, 16 de noviembre de 2024

Lección 321 Padre, mi libertad reside únicamente en Ti. 11. ¿QUÉ ES LA CREACIÓN?

 



11. ¿Qué es la Creación?

1. La Creación es la suma de todos los Pensamientos de Dios, en número infinito y sin límite alguno en ninguna parte. 2 Sólo el Amor crea y únicamente a Su Semejanza. 3 Jamás hubo tiempo alguno en el que todo lo que creó no existiese. 4 Ni jamás habrá tiempo alguno en que nada que haya creado sufra merma alguna. 5 Los Pensamientos de Dios han de ser por siempre y para siempre exactamente como siempre han sido y como son: inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado.

2. Los Pensamientos de Dios poseen todo el poder de su Creador. 2 Pues Él quiere incrementar el Amor extendiéndolo. 3 Y así, Su Hijo participa en la Creación y, por lo tanto, no puede sino compartir con su Padre el poder de crear. 4 Lo que Dios ha dispuesto que sea Uno eternamente, lo seguirá siendo cuando el tiempo se acabe, y no cambiará a lo largo del tiempo, sino que seguirá siendo tal como era antes de que surgiera la idea del tiempo.

3. La Creación es lo opuesto a todas las ilusiones porque es la verdad. 2 La Creación es el santo Hijo de Dios, pues en la Creación Su Voluntad es plena con respecto a todo, al hacer que cada parte contenga la Totalidad. 3 La inviolabilidad de su unicidad está garantizada para siempre, perennemente a salvo dentro de Su santa Voluntad y más allá de cualquier posibilidad de daño, separación, imperfección o de nada que pudiera mancillar en modo alguno su impecabilidad.

4. Nosotros, los Hijos de Dios, somos la Creación. 2 Parecemos estar separados y no ser conscientes de nuestra eterna unidad con Él. 3 Sin embargo, tras todas nuestras dudas y más allá de todos nuestros temores, todavía hay certeza, 4 pues el Amor jamás abandona Sus Pensamientos y ellos comparten Su Certeza. 5 El recuerdo de Dios se encuentra en nuestras mentes santas, que son conscientes de su unicidad y de su unión con su Creador.

6 Que nuestra función sea únicamente permitir el retorno de este recuerdo para que Su Voluntad se haga en la tierra, para que se nos restituya nuestra cordura y para ser solamente tal como Dios nos creó. 5. Nuestro Padre nos llama. 2 Oímos Su Voz y perdonamos a la Creación en Nombre de su Creador, la Santidad Misma, Cuya Santidad Su Creación comparte con Él; Cuya Santidad sigue siendo todavía parte de nosotros.



Padre, mi libertad reside únicamente en Ti.

1. No entendía lo que me podía hacer libre ni lo que era mi libertad o adónde ir a buscarla. 2 Y así, Padre, busqué en vano hasta que oí Tu Voz dirigiéndome. 3 Ahora no deseo seguir siendo mi propio guía. 4 Pues la manera de encontrar mi libertad no es algo que yo haya ideado o que comprenda. 5 Pero confío en Ti. 6 Y me mantendré consciente de Ti que me concediste mi libertad por ser Tu santo Hijo. 7 Tu Voz me dirige y veo que el camino que conduce hasta Ti por fin está libre y despejado. 8 Padre, mi libertad reside únicamente en Ti. 9 Padre, mi voluntad es regresar.

2. Hoy respondemos por el mundo, el cual será liberado junto con nosotros. 2 ¡Qué alegría encontrar nuestra libertad por el inequívoco camino que nuestro Padre ha señalado! 3 ¡Y cuán segura es la salvación de todo el mundo cuando nos damos cuenta de que sólo en Dios podemos encontrar nuestra libertad!




Comentario:

Esta lección, como muchas en esta última parte del Libro de Ejercicios, está escrita desde la perspectiva de una persona que está entrando en las últimas etapas del viaje al hogar. Ésta es la canción de alguien cuyas dudas han terminado, cuya decisión a favor del Reino de Dios es firme y clara. En palabras del “Desarrollo de la Confianza” del Manual para el Maestro:

“El maestro de Dios ha llegado a un punto en su progreso desde el que puede ver que en dicho aprendizaje radica su escape. "Renuncia a lo que no quieres y quédate con lo que sí quieres"”. (M.4(A).6:5-6)

Éstas son las palabras de alguien que se ha dado cuenta de que la paz de Dios es todo lo que quiere.

“No entendía lo que me podía hacer libre, ni lo que era mi libertad o adónde ir a buscarla” (1:1). Nuestra libertad está únicamente en Dios. Al principio creíamos lo contrario. Ser libre parece ser independiente. ¿Cómo puede encontrarse la libertad en aceptar la Voluntad de Dios? ¿No es eso esclavitud? Únicamente cuando nos damos cuenta de que nuestra voluntad es la Voluntad de Dios, que nuestra voluntad y la Suya son una y la misma, podemos darnos cuenta de que hacer la Voluntad de Dios es la libertad perfecta porque es lo que verdaderamente queremos, y para lo que fuimos creados. “Padre, mi voluntad es regresar” (1:9).

No sabiendo lo que es la libertad, la hemos buscado donde no se puede encontrar: usando nuestra voluntad independiente en este mundo. Hasta que oímos la Voz de Dios guiándonos y respondemos, no podemos encontrar la libertad. “Ahora ya no deseo seguir siendo mi propio guía” (1:3). Nuestra libertad está en aceptar un nuevo Guía. Está en renunciar a ser nuestro propio maestro (T.12.V.8:3) y en aceptar otro Maestro. Está en abandonar nuestras metas independientes y aceptar la única meta que todos juntos compartimos.

Libertad es la libertad de ser todo lo que yo soy. Libertad es la libertad de expresar mi naturaleza sin obstáculos. Mi naturaleza es amor, mi naturaleza es la santidad de Dios Mismo. Mi única libertad está en ser lo que yo soy porque Dios me creó. Intentar ser algo diferente es esclavizarme a mí mismo, estrechar mi alma a una forma que no tiene. Libertad es enseñar y ser únicamente amor porque eso es lo que soy.

Que hoy abandone gustosamente mis opiniones acerca de lo que soy, y que acepte lo que Dios me dice que soy. Que abandone la falsa e ilusoria libertad que me he enseñado a buscar, y que acepte la única libertad que es real, en alegre rendición a mi propia naturaleza. A lo único que me rindo es a mi Ser. El único sacrificio posible es el de las ilusiones. Cuando llegue al momento de estar dispuesto a oír sólo la Voz que habla por Dios, podré decir:

“El camino que conduce hasta Ti por fin está libre y despejado”. (1:7) 




¿Qué es la creación? (Parte 1)

L.pII.11.1:1-2

Ésta pregunta es una que a menudo se hacen los alumnos del Curso. El Curso habla a menudo de “tus creaciones”, y sin embargo parece que nunca dice exactamente y claramente lo que son esas creaciones. Nos dice que nuestro proceso de creación continúa intacto a pesar de que no somos conscientes de nuestras creaciones, y que todas ellas las guarda a salvo el Espíritu Santo. Hay una descripción de nosotros entrando al Cielo y recibiendo la bienvenida de nuestras creaciones, como si fueran seres vivos.

Tenemos una idea fundamental equivocada que nos hace difícil entender lo que son las creaciones. Por ejemplo, creemos que Dios creó este mundo. Por lo tanto, cuando pensamos en la creación, pensamos en algo físico y material. Pensamos que nuestras creaciones son algo de este mundo. Sin embargo, el Curso nos dice claramente que todo este mundo es una ilusión, una creación falsa de nuestra mente. ¿Cómo podrían estar aquí nuestras creaciones?

Entonces, mis creaciones no pueden ser algo como un libro que escribo, una relación que establezco, una familia o un negocio. Mis creaciones no son objetos que se pueden tocar. Tienen que ser pensamientos.

“La creación es la suma de todos los Pensamientos de Dios, en número infinito y sin límite alguno en ninguna parte”. (1:1)

“Pensamientos” está en mayúscula, así que sabemos que se refieren al Hijo de Dios. El Cristo. De nuevo, no estamos acostumbrados a considerar iguales a los pensamientos y a los seres vivos. No pensamos en los pensamientos como seres que están vivos, no pensamos en los seres vivos como “sólo” pensamientos. El Curso nos enseña que somos únicamente pensamientos en la Mente de Dios. Inmediatamente suponemos algún tipo de existencia material cuando pensamos en un ser vivo. A lo largo de todo el Curso se nos está intentando enseñar que los seres vivos son ciertamente pensamientos, espíritu, nada relacionado con lo material. “No eres un cuerpo” (L.91.5:2) significa más que una simple advertencia de no estar limitados por el cuerpo, significa que somos algo completamente diferente a lo material. La parte esencial de nosotros no es materia en absoluto. Somos espíritu. Somos pensamiento.

“Sólo el Amor crea, y únicamente a Su semejanza”. (1:2)

De todo esto debería estar claro que “creaciones” son “pensamientos de amor”. Si sólo el Amor crea, las creaciones deben ser los efectos del Amor. Si las creaciones son pensamientos, entonces tienen que ser pensamientos de amor.

“Sólo el Amor crea, y únicamente a Su semejanza. El Amor siempre crea más amor. Me parece que la creación es algo circular, como un campo de energía que se mantiene a sí mismo, cada parte apoyando a la otra, un ciclo de creación sin fin.

El Curso nos enseña que Dios, al ser Amor, no tiene otra necesidad que la de extenderse a Sí Mismo. Puesto que somos extensiones de Su Ser, tenemos la misma necesidad única: “Puesto que el amor se encuentra en ti, no tienes otra necesidad que extenderlo” (T.15.V.11:3)

Al igual que tu Padre, tú eres una idea. Y al igual que Él, te puedes entregar totalmente sin que ello suponga ninguna pérdida para ti y de ello sólo se puedan derivar ganancias. (T.15.VI.4:5-6)

Esto es lo que aprendemos en la experiencia del instante santo. Somos pensamientos de Amor, sin otra necesidad que la de extender amor. En nuestras relaciones, estamos aprendiendo a abandonar nuestras necesidades “personales” imaginarias, y a dedicar nuestras relaciones a “la única necesidad que los Hijos de Dios comparten por igual”: la extensión del amor. A través de este reflejo del amor en la tierra, aprendemos a ocupar de nuevo nuestro lugar en la creación eterna del Cielo.













viernes, 15 de noviembre de 2024

Lección 320 Mi Padre me da todo poder.

 



1. El Hijo de Dios no tiene límites. 2 Su fortaleza es ilimitada, así como su paz, su júbilo y todos los atributos con los que su Padre lo dotó al crearlo. 3 Lo que dispone con su Creador y con su Redentor se hace. 4 Lo que su santa voluntad dispone jamás puede ser negado porque su Padre refulge en su mente y deposita ante ella toda la fuerza y amor de la tierra y del Cielo. 5 Soy aquel a quien todo esto se le da. 6 Soy aquel en quien reside el poder de la Voluntad del Padre.

2. Tu Voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí. 2 Tu Voluntad no tiene límites. 3 Por lo tanto, a Tu Hijo se le ha dado todo poder.




Comentario:

Aquellos de nosotros que no han estudiado la Biblia, o los Evangelios en concreto, puede que no reconozcan estas palabras como parecidas a las que dijo Jesús poco después de la resurrección: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). Me parece significativo que el Curso ponga estas palabras en nuestra boca. Es una indicación del plano de igualdad con Jesús en que nos pone. Él no era algo diferente a nosotros, todos nosotros junto con Él somos Hijos iguales de Dios. Él está un poco más avanzado en el tiempo (o quizá, fuera del tiempo), pero con la misma naturaleza. Todos somos el Hijo de Dios, juntos, tal como Dios nos creó.

Esta sección se extiende acerca de que el Hijo de Dios no tiene límites, que se menciona en “¿Qué es el juicio Final?” Allí, Dios dice: “"Tú sigues siendo Mi santo Hijo… tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado"” (L.pII.10.5:1). Aquí se nos dice que somos (como Hijo de Dios) “ilimitado”, “el Hijo de Dios no tiene límites” (1:1), sin límites en ninguna de nuestras cualidades, ya sea fortaleza, paz, dicha, o no importa qué. Fortaleza sin límites, paz sin límites, dicha sin límites. Para ser honesto, no puedo imaginarme cómo es la dicha sin límites, y sin embargo esta lección dice que es mía. Conozco la dicha. Conozco una gran dicha. A veces soy tan dichoso que apenas puedo contenerla. Pero, ¿dicha sin ningún límite en absoluto? ¿Cómo tiene que ser?

Pienso que todos ponemos límites mentales a nuestra fortaleza, a nuestra paz y a nuestra dicha. Y, en realidad, a nuestra felicidad. ¿No has tenido nunca la sensación de que, de algún modo, es peligroso ser demasiado feliz? Pensamos: “¡Cuidado! No queremos convertirnos en bobos dichosos”. Sin embargo, la característica del Hijo de Dios es la dicha sin límites. ¿Cómo llegar a conocerla como nuestra si le ponemos límites a nuestra dicha? Nuestro ego actúa como un administrador del motor interno de felicidad y dicha, podemos llegar hasta un punto de felicidad, y luego la energía parece apagarse. Necesitamos abandonar a ese administrador.

¿Creo realmente que lo que quiero junto a mi Creador “se hace”? (1:3). ¿Creo que lo que mi voluntad dispone no puede ser negado? (1:4) Hay algunos que tienen un atisbo de esto, y son aquellos que parecen lograr tantas cosas en su vida, negándose a creer que lo que quieren no puede ocurrir. En lugar de ello, se dan cuenta de que tiene que ocurrir.

Por supuesto, aquí no estamos hablando sólo de cosas terrenales. Éste no es el mensaje del dominio de la voluntad, o del control de nuestro entorno por la fuerza de nuestra voluntad. Esto se refiere a nuestra voluntad “santa”, unida a la Voluntad de Dios, que se expresa en la extensión de Su Ser. En esto tenemos poder sin límites. En esto, “Tu Voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí” (2:1). Cada uno de nosotros puede ser una fuerza ilimitada para el bien y para Dios si dejamos a un lado la creencia en las limitaciones. Por ejemplo, el poder del amor no tiene límites porque no hay nada real que se le oponga.

Padre, hoy voy a examinar mis pensamientos y buscar las creencias en límites que impiden que Tu poder actúe en mí y a través de mí. Que las reconozca como falsas y que me abra a Tu gran poder, actuando a través de mí para extenderse a todo el mundo.




¿Qué es el Juicio Final? (Parte 10)

L.pII.10.5:2-3

“Despierta, pues, y regresa a Mí. Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”. (5:2-3) El Juicio Final de Dios termina con esto, completando la afirmación que tratamos ayer. Nos cuesta mucho aceptar todas las cosas que aquí se mencionan que Dios está diciendo de nosotros. Necesitamos despertar del sueño en el que su opuesto parece verdadero, y regresar al Padre que nunca ha dejado de amarnos con un amor eterno. “Tú eres Mi Hijo”. Eso es lo que todos deseamos de verdad oír, y todos nosotros (como el hijo pródigo en la Biblia) tenemos miedo de haber perdido el derecho a oírlas. El hijo pródigo estaba tan lleno de culpa que regresó a su padre esperando que, en el mejor de los casos, fuese aceptado y tratado como un criado. En lugar de eso, recibió la bienvenida con un banquete. Su padre salió a su encuentro en el camino.

¿Tenemos miedo de acercarnos a Dios? ¿Dudamos de dirigirnos a Él? ¿Nos sentimos avergonzados acerca de cómo hemos vivido y de lo que hemos hecho con los regalos que Él nos ha dado? Él no está enfadado. Él no está avergonzado de nosotros. Lo único que Él sabe es que somos Sus Hijos, los que Él ama. Y nos está llamando para que regresemos a Él, para que salgamos de la pesadilla en la que nos hemos perdido y olvidado de nosotros mismos, nos está esperando para darnos la bienvenida una vez más a Sus amorosos brazos.














jueves, 14 de noviembre de 2024

Lección 319 Vine a salvar al mundo.

 




1. He aquí un pensamiento del que se ha eliminado toda traza de arrogancia y en el que sólo queda la verdad. 2 Pues la arrogancia se opone a la verdad. 3 Mas cuando la arrogancia desaparece, la verdad viene inmediatamente y ocupa el espacio que, al irse el ego, quedó libre de mentiras. 4 Únicamente el ego puede estar limitado y, por consiguiente, no puede sino perseguir fines limitados y restrictivos. 5 El ego piensa que lo que uno gana, la totalidad lo pierde. 6 La Voluntad de Dios, sin embargo, es que yo aprenda que lo que uno gana se les concede a todos.

2. Padre, Tu Voluntad es total. 2 Y la meta que emana de ella comparte su totalidad. 3 ¿Qué otro objetivo, sino la salvación del mundo, podrías haberme encomendado? 4 ¿Y qué otra cosa sino eso podría ser la Voluntad que mi Ser ha compartido Contigo?




Comentario:

El Curso es muy claro aquí acerca de que nuestro propósito, el de cada uno de nosotros, es la salvación del mundo. Éste es muy diferente del propósito para el que el ego vino al mundo, que es encontrar un lugar en el que Dios no pudiese entrar, escondernos de Dios, por así decirlo, y finalmente morir. Pero el Espíritu Santo tiene un propósito diferente para todo lo que ha inventado el ego para sus fatales propósitos. Nuestro propósito aquí es llevar el mundo a la luz al permitir que seamos transformados, convirtiéndonos en extensiones de Dios en el sueño, para despertar a todos nuestros hermanos junto con nosotros.

Decir: “Estoy aquí para salvar al mundo”, que es lo mismo que el título de la lección, nos parece muy arrogante, pero “he aquí un pensamiento del que se ha eliminado toda traza de arrogancia” (1:1). No es arrogante porque es la verdad, esto es para lo que Dios nos creó, y la función que nos dio. Decir lo contrario es arrogante porque se opone a la verdad e intenta inventar un papel para nosotros que no es el nuestro.

Cuando nuestra arrogancia desaparece, “la verdad viene inmediatamente” (1:3) para llenar el lugar que ha quedado vacío. Los papeles que nos hemos inventado para nosotros mismos están impidiendo e interfiriendo en la función que Dios nos ha dado. La razón por la que pensar que estamos aquí para salvar al mundo no es arrogante es que “lo que uno gana se le concede a todos” (1:6). Así que, aceptar nuestra función como salvadores significa que lo aceptamos por todos, nuestros hermanos se convierten en nuestros salvadores tal como nosotros nos convertimos en los suyos. Si la Voluntad de Dios es total (2:1), entonces el propósito de Dios debe ser total, debe ser la salvación de todo el mundo (2:3), no sólo la mía y la tuya y la de nuestra hermana Susana.

La Voluntad de Dios es llevar el mundo al hogar a la unidad y, por lo tanto, es “la Voluntad que mi Ser ha compartido Contigo” (2:4). Es también mi voluntad. Estamos aquí para la sanación de todas las mentes. Nuestra voluntad es que todos despierten al amor, y ése es nuestro único propósito de estar aquí.

“Vine a salvar al mundo”. Repítete esto a ti mismo, recordártelo es un ejercicio importante. Otro modo de decir esto es: “Estoy aquí únicamente para ser útil”. Que me acuerde de esto hoy. No estoy aquí para hacerme famoso, para hacer dinero, o para lograr cosas pasajeras que considero mis metas. Estoy aquí para ayudar. Estoy aquí para sanar. Estoy aquí para bendecir. Estoy aquí para salvar al mundo.




¿Qué es el Juicio Final? (Parte 9)

L.pII.10.5:1

“Éste es el juicio Final de Dios: "Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado"”. (5:1)

Leo estas frases una y otra vez, siento que necesito oírlas a menudo, porque soy consciente de la parte de mi mente que no lo cree.

Soy inocente para siempre. Y sin embargo, a veces me siento culpable. He hecho cosas en mi vida de las que no me siento orgulloso. He fallado a otros. No he estado allí cuando esperaban que estuviera allí. He abandonado al amor. He dicho cosas con la intención de hacer daño. He engañado. Como todos, tengo un montón de cosas que lamento del pasado. Pero Dios me ve siempre inocente. Para mí, una de las frases más conmovedoras del Curso es:

“Tú no has perdido tu inocencia” (L.182.12:1). A veces pienso que la mejor definición del “milagro” es el cambio de percepción que nos permite vernos a nosotros mismos completamente inocentes. Para nosotros es extremadamente difícil ver esto de nosotros mismos, para mí esto es uno de los principales valores de una relación santa. El Curso nos dice que solos no podemos vernos a nosotros mismos completamente inocentes, necesitamos a otro con quien aprender esto juntos.

Soy amoroso para siempre. De nuevo, hay pruebas en mi pasado que contradicen esto. El Curso dice que eso es falso, que no estamos viendo la totalidad de la imagen, y que lo que parecía ser no amoroso era en realidad nuestro propio miedo y una petición de amor.

Sentimos dolor por lo que hemos hecho, pero el Juicio Final nos liberará de ese dolor para siempre, y podremos ver que siempre hemos sido amorosos y que lo somos para siempre. Nada de lo que hemos hecho ha cambiado esto.

Soy amado por siempre. ¡Ah! Esto es a veces difícil de creer, y por las mismas razones: no nos sentimos dignos de ser amados y a veces no nos amamos a nosotros mismos. Recuerdo haber participado en una meditación guiada en la que me sentí dirigido a extender amor, bendiciones y comprensión compasiva a cada uno de los de la sala, y luego a los del barrio, y después al mundo entero. Y luego imaginarme a mí mismo mirando hacia abajo al mundo desde arriba, para verme a mí mismo sentado allí y extender ese mismo amor, bendiciones y comprensión compasiva a mí mismo. Sentí que algo se derretía muy dentro de mí, la severidad de los juicios a mí mismo se derretía cediéndole el lugar a la compasión, y lloré ¡Qué duros somos con nosotros mismos! ¡Y qué pocas veces nos damos cuenta de lo fuertemente que nos atamos a nosotros mismos al banquillo del juicio y de los acusados!

Soy tan ilimitado como mi Creador. Eso pone a prueba mi credulidad y mi comprensión. El lugar al que el Curso nos está llevando, donde se comprende que esto es verdad, está mucho más allá de lo que nos imaginamos.

Soy absolutamente inmutable, sin cambios. La experiencia del cambio constante, de los cambios de humor, de los altibajos, no es lo que yo soy. El Curso me dice: “No eres tú el que es tan vulnerable y susceptible de ser atacado que basta una palabra, un leve susurro que no te plazca, una circunstancia adversa o un evento que no hayas previsto para trastornar todo tu mundo y precipitarlo al caos” (T.24.III.3:1). Eso es lo que pienso que soy, pero eso no soy yo, no mi verdadero Ser.

Soy absolutamente inmaculado para siempre. Puro significa sin contaminación, sin cambio ni alteración. A menudo me siento como una mezcla enfermiza de bondad, maldad e indiferencia. Eso no es lo que yo soy. Yo soy puro, sin mezclas.

Y en el Juicio Final de Dios yo sabré esto, lo sabré todo. Puedo saberlo ahora. Puedo oír Su Voz a mí: hoy, ahora, en el instante santo. Este mensaje es lo que se me comunica sin palabras cada vez. Entro en Su Presencia. Este mensaje es lo que se me da a mí, y a ti, para compartirlo con el mundo.



















Lección 365 Tu llegada al hogar es segura.

  Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero únicamente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. Y si nece...