jueves, 23 de noviembre de 2023

Lección 327. No necesito más que llamar y Tú me contestarás.


 


No se me pide que acepte la salvación sobre la base de una fe ciega. Pues Dios ha prometido que oirá mi llamada y que Él Mismo me contestará. Déjame aprender mediante mi experiencia que esto es verdad, y es indudable que llegaré a tener fe en Él. Esa es la fe que no se quebranta y que me llevará cada vez más lejos por la senda que conduce hasta Él. Pues así estaré seguro de que Él no me ha abandonado, de que aún me ama y de que sólo espera a que yo lo llame para proporcionarme toda la ayuda que necesite para poder llegar a Él.

Padre, te doy las gracias porque sólo con que ponga a prueba Tus promesas jamás tendré la experiencia de que no se cumplen. Permítaseme, por lo tanto, ponerlas a prueba en vez de juzgarlas. Tú eres Tu Palabra. Tú provees los medios a través de los cuales arriba la convicción, haciendo así que por fin estemos seguros de Tu eterno Amor.  (UCDM. L-327)



Comentario:

El pensamiento de la lección parece ser: “Éstas son las promesas de Dios. Ponlas a prueba y comprueba por ti mismo que Él las dice de corazón”. La lección nos dice que podemos “aprender mediante la experiencia que esto es verdad”. Sugiere que tomemos las promesas y las pongamos “a prueba”.

Mi confianza en el Curso ha aumentado con los años y continúa aumentando al continuar probando sus promesas. Nos da instrucciones muy claras para el Libro de Ejercicios, y promete que cambiará nuestra manera de pensar acerca de todos y de todo en el mundo. Promete paz mental. Promete la liberación de la culpa. Y lo que estoy descubriendo es que, cuando hago un sincero esfuerzo en HACER lo que me dice que haga, siento lo que dice que sentiré.  Resumiendo: funciona.

Podemos sentarnos y juzgar lo que dice el Curso hasta ponernos morados, podemos discutir si El Curso cumplirá o no lo que dice, y no aprenderemos nada. Pero si lo hacemos, si lo probamos, si practicamos lo que dice que hagamos, ciertamente descubriremos que realmente funciona, y nuestra seguridad en su verdad será total y absoluta.



¿Qué es la creación? (Parte 7)

L.pII.11.4:1-3


“Nosotros, los Hijos de Dios, somos la creación”.

Existimos. Ya que todo lo que existe es creación de Dios, y la creación es el Hijo de Dios; tenemos que ser la creación de Dios.

“Sin embargo, tras todas nuestras dudas y más allá de todos nuestros temores, todavía hay certeza” Dudamos de la Totalidad porque hemos inventado circunstancias (todo este mundo) en el que la “parte” parece ser la única realidad. Tenemos miedo de la Totalidad porque parece amenazar nuestra parte. A pesar de esta locura de identificarnos sólo con la parte, seguimos siendo la Totalidad. La Totalidad sigue sin haber cambiado. No puede ser dividida ni dañada en ningún modo. Por eso, la Totalidad todavía existe y todavía nos llama.

No importa lo fuerte que sea la ilusión de la separación, en cada parte sigue estando la Totalidad. Y la Totalidad, nuestro verdadero Ser, sigue estando seguro de Sí Mismo. Es sólo la ‘parte’ la que duda y tiene miedo, imaginándose falsamente separada de la Totalidad. Lo que soy, y lo que tú eres (que es Lo Mismo) se conoce a Sí Mismo con un conocimiento lleno de seguridad. Ésa seguridad que está en nuestra Totalidad es con lo que estamos intentando ponernos en contacto. El recuerdo de Dios y de lo que somos está dentro de nosotros, en la Totalidad que hemos negado y dejado aparte en nuestro loco intento de ser partes separadas. Al conectarnos unos con otros nos conectamos con esa Totalidad, y al hacerlo, recordamos a Dios.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Lección 326. Soy por siempre un Efecto de Dios

 



Padre, fui creado en Tu Mente, como un Pensamiento santo que nunca abandonó su hogar. He de ser por siempre Tu Efecto, y Tú por siempre y para siempre, mi Causa. Sigo siendo tal como Tú me creaste. Todavía me encuentro allí donde me pusiste. Y todos Tus atributos se encuentran en mí, pues Tu Voluntad fue tener un Hijo tan semejante a su Causa, que Causa y Efecto fuesen indistinguibles. Que tome conciencia de que soy un Efecto Tuyo y de que, por consiguiente, poseo el mismo poder de crear que Tú. Y así como es en el Cielo, sea en la tierra. Sigo Tu plan aquí, y sé que al final congregarás a todos Tus Efectos en el plácido Remanso de Tu Amor, donde la tierra desaparecerá y todos los pensamientos separados se unirán llenos de gloria como el Hijo de Dios.

Veamos hoy la tierra desaparecer, al principio transformada, y después, una vez que haya sido perdonada, veámosla desvanecerse completamente en la santa Voluntad de Dios. (UCDM. L.-326)



Todo efecto es creado por su causa. La causa determina lo que es el efecto. Si golpeo una bola de billar con mi taco, la bola no tiene nada qué decir respecto a dónde va. El efecto del movimiento de la bola está determinado por el golpe del taco (más alguna otra causa, por ejemplo el estado de la superficie de la mesa, etc.). Así que si soy “un efecto de Dios”, no tengo nada que decir respecto a lo que soy, eso está fijado por mi Causa, Dios. Por eso tiene que ser verdad que “Sigo siendo tal como Tú me creaste”. No puedo cambiar lo que soy. Dios es “por siempre y para siempre, mi Causa”. ¿Parece esto anular mi libertad de decisión? Sí, en lo que se refiere a establecer lo que es mi naturaleza. ¡Y gracias a Dios que así es! De otro modo, nos habríamos estropeado a nosotros mismos sin remedio, y habríamos convertido el pecado y el infierno en realidad. Tal como el Curso dice en la Introducción: “Tener libre albedrío no quiere decir que nosotros mismos podamos establecer el plan de estudios”, es decir, decidir lo que tenemos que aprender, sí nos da la libertad de elegir cuándo queremos aprenderlo. Y lo que estamos aprendiendo es lo que realmente somos, tal como Dios nos creó. Eso no puede cambiar.

La Voluntad de Dios es “tener un Hijo tan semejante a su Causa, que Causa y Efecto fuesen indistinguibles”. ¡Qué afirmación más sorprendente! ¡No somos diferentes a Dios! ¡Cielos! Eso roza la herejía o un orgullo increíblemente desmedido, ¿no? Y sin embargo eso es lo que el Curso nos dice acerca de nosotros mismos, que lo que nosotros somos es de la misma naturaleza de la que Dios está hecho. Si Dios es Amor, también lo es Su Hijo. “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”




¿Qué es la creación? (Parte 6)

L.pII.11.3:3

“La inviolabilidad de su unicidad (de la Creación) está garantizada para siempre, perennemente a salvo dentro de Su santa Voluntad, y más allá de cualquier posibilidad de daño, separación, imperfección o de nada que pueda mancillar en modo alguno su impecabilidad”. (3:3)

Por ponerlo en una frase corta y sencilla: la separación es imposible. Lo que Dios creó Uno jamás puede convertirse en partes separadas, esto sólo puede parecer que ocurre en ilusiones locas. La Totalidad o Unidad es la expresión de la Voluntad de Dios, y nada puede oponerse a esto porque no existe nada que se oponga. Todo lo que existe es parte de esta Unidad, parte de esta expresión única de la Voluntad de Dios. No hay otra, ningún oponente, ningún enemigo, ninguna voluntad en contra. Dios no creó nada que se oponga a Sí Mismo. ¿Cómo podría crear la Voluntad de Dios algo que se opusiera a Su propia Voluntad? Por lo tanto, todo lo que es verdaderamente real tiene que ser una expresión de Su Voluntad.

La Totalidad está “más allá de cualquier posibilidad de daño” porque no existe nada que se oponga a ella. Ésta es una de las características de lo que se llama cosmología “no-dual”. “No-dual” significa que no hay dos sino sólo uno. No hay opuesto a Dios ni a la creación una de Dios.

El Curso dice a menudo que si existiese un opuesto a Dios, si fuera posible el pecado (que se opone a la Voluntad de Dios), entonces Dios habría creado Su propio opuesto, y estaría loco. Si pensamos eso, es que nosotros estamos locos. O Dios está loco, o lo estamos nosotros. ¿Cuál de los dos es más probable?













martes, 21 de noviembre de 2023

Lección 325. Todas las cosas que veo es un reflejo de un pensamiento.


 

Ésta es la clave de la salvación: lo que veo es el reflejo de un proceso mental que comienza con una idea de lo que quiero. A partir de ahí, la mente forja una imagen de eso que desea, lo juzga valioso y, por lo tanto, procura encontrarlo. Estas imágenes se proyectan luego al exterior, donde se contemplan, se consideran reales y se defienden como algo propio de uno. De deseos dementes nace un mundo demente, y de juicios, un mundo condenado. De pensamientos de perdón, en cambio, surge un mundo apacible y misericordioso para con el santo Hijo de Dios, cuyo propósito es ofrecerle un dulce hogar en el que descansar por un tiempo antes de proseguir su jornada, y donde él puede ayudar a sus hermanos a seguir adelante con él y a encontrar el camino que conduce al Cielo y a Dios.
Padre nuestro, Tus ideas reflejan la verdad, mientras que las mías separadas de las Tuyas, tan sólo dan lugar a sueños. Déjame contemplar lo que sólo las Tuyas reflejan, pues son ellas las únicas que establecen la verdad. (UCDM. L.-325)





Comentario:

Todo lo que veo es una proyección. Según este análisis de la percepción, con nuestros ojos físicos no vemos absolutamente nada que sea real. Todo ello “es el reflejo de un proceso mental” y nada más que eso. Todo lo que vemos son imágenes proyectadas. 

Al elegir lo que queremos ver, el mundo se presenta ante nuestra vista. Si elegimos el juicio, vemos un mundo condenado; si elegimos el perdón, vemos “un mundo apacible y misericordioso”. Por eso el Curso pone toda su atención en sanar la mente, y no en cambiar el mundo. Cambiar el mundo no es necesario, cambiará con nuestros pensamientos. Como señala Ken Wapnick, intentar arreglar el mundo es como intentar arreglar las cosas de una película haciendo cosas a la pantalla. El único modo en que puedes cambiar la película es cambiar lo que está en el proyector (o arreglar el proyector). La mente es el proyector del mundo.

Cuando aceptamos pensamientos de perdón en nuestra mente, el mundo se convierte en “un dulce hogar en el que descansar por un tiempo antes de proseguir su jornada”. Se convierte en un lugar en el que podemos “ayudar a nuestros hermanos a seguir adelante con nosotros y a encontrar el camino que conduce al Cielo y a Dios” . Esto es lo que hacemos en este mundo cuando nuestras mentes han sanado: ayudar a otros a hacer lo mismo.

Lo que queremos son las ideas de Dios reflejadas en el mundo, en lugar de nuestras propias ideas. Nuestras ideas separadas de las de Dios “tan sólo dan lugar a sueños”.

Hoy no quiero sueños, quiero la realidad reflejada en mi mundo. Todo empieza con mi idea de lo que quiero. Por lo tanto, Padre, pido ayuda para querer sólo la verdad, sólo paz, y sólo lo que es amoroso. Quiero la unión, no la separación. Quiero la sanación, no el conflicto. Quiero paz, no guerra. Ayúdame a reconocerlo cuando piense que quiero algo distinto, o algo además de la verdad; ayúdame a reconocerlo y llevarlo ante Tu luz para que sane y desaparezca.




¿Qué es la creación? (Parte 5)

L.pII.11.3:1-2

“La creación es lo opuesto a todas las ilusiones porque es la verdad”. (3:1) La teoría general del Curso acerca de la creación mantiene como fundamentales ciertos hechos: sólo lo creado por Dios es real, verdadero y eterno. Por lo tanto, cualquier cosa que no es eterna y que cambia no es real ni verdadera. Basándose en esto, el Curso concluye que todas las cosas de este mundo (la Tierra misma, todo el universo físico, nuestros cuerpos y nuestra aparente “vida” aquí en la Tierra) no pueden ser creaciones de Dios porque no son eternas y porque cambian. Todo lo que podemos ver con nuestros ojos, incluso las estrellas eternamente jóvenes, tiene un fin. Lo que tiene fin no es real, en el sentido que el Curso le da a esta palabra. Todo ello, cada parte de ello, entra en la categoría de “ilusiones”.

Además, la creación de Dios es holográfica: “cada parte contiene la Totalidad” (3:2). Ésta es una lógica que no obedece a la lógica basada en la materia. La semejanza más cercana que conozco es el holograma. Cuando se ha atrapado una imagen holográfica en una placa fotográfica, la luz que se proyecte sobre la placa producirá una imagen en tres dimensiones del holograma. Si es la foto de una manzana, será una manzana en tres dimensiones y puedes ver distintos ángulos de la manzana moviendo el ángulo de luz que brilla sobre la foto. Si esa placa holográfica se rompe en cuatro trozos, no te quedas con cuatro imágenes de partes de una manzana, en lugar de eso, tienes cuatro imágenes más pequeñas de la manzana entera. La totalidad está en cada parte.

Algo así es la creación de Dios. Divídela como quieras, y la Totalidad de la creación sigue reflejándose en cada parte. Toda la creación está en ti, y en mí. La “totalidad completa” de la creación es a lo que el Curso llama “el santo Hijo de Dios” (3:2). La Voluntad de Dios está completa en cada aspecto (otra palabra que se refiere a “parte”, el Curso a menudo utiliza palabras diferentes para “parte” como “aspecto” o “fragmento”, pero lo que da por sentado siempre es que cada aspecto contiene todo. La palabra se refiere a lo que llamamos “individuos” o “personas”). Tú eres un aspecto o parte del Hijo de Dios, pero al mismo tiempo eres Todo.

Un síntoma de nuestra creencia equivocada en la separación es que nos hemos identificado tanto con nuestra “parte”, que hemos perdido el contacto con el Todo. Por ejemplo, yo suelo pensar en mí como Allen Watson. Tú sueles pensar en ti como tu individualidad. De hecho, nuestra realidad original es un Ser compartido, una Totalidad. Gran parte del proceso de aprendizaje a lo largo del Curso nos lleva a cambiar esa identificación de “parte” a Totalidad. El entorno de aprendizaje de la relación santa está planeado para romper nuestra sensación de aislamiento, o “parte”, y para fortalecer nuestra identificación con el Todo, al demostrarnos que lo que pensamos como “la otra persona” en la relación es, de hecho, una parte de nuestro Ser compartido. Tenemos los mismos pensamientos. Lo que afecta a uno le afecta al otro. Lo que yo pienso te afecta, y a la inversa. Lo que te doy, me lo doy a mí mismo. Cuando te perdono, yo me libero. Cuando se rompe esta idea de “parte” y se da uno cuenta de la Totalidad en la relación santa, empieza a generalizarse y extenderse a todos los otros “aspectos” de la creación, todo lo que antes creía que “no era yo”.










Lección 365 Tu llegada al hogar es segura.

  Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero únicamente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. Y si nece...