jueves, 7 de diciembre de 2023

Lección 341. Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad, que es lo único que me mantiene a salvo. 13. ¿QUÉ ES UN MILAGRO?

 





13. ¿Qué es un milagro?

1. Un milagro es una corrección. 2 No crea ni cambia realmente nada en absoluto. 3 Simplemente observa la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso. 4 Corrige el error, mas no intenta ir más allá de la percepción ni exceder la función del perdón. 5 Se mantiene, por lo tanto, dentro de los límites del tiempo. 6 No obstante, allana el camino para el retorno de la intemporalidad y para el despertar del amor, pues el miedo no puede sino desvanecerse ante el benevolente remedio que el milagro trae consigo.

2. En el milagro reside el don de la gracia, pues se da y se recibe cual uno solo. 2 Y así, nos da un ejemplo de lo que es la ley de la verdad, que el mundo no acata porque es totalmente incapaz de entenderla. 3 El milagro invierte la percepción que antes estaba al revés y de esa manera pone fin a las extrañas distorsiones que manifestaba. 4 Ahora la percepción se ha vuelto receptiva a la verdad. 5 Ahora puede verse que el perdón está justificado.

3. El perdón es la morada de los milagros. 2 Los ojos de Cristo se los ofrecen a todos los que Él contempla con misericordia y con amor. 3 La percepción queda corregida ante Su vista, y aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir. 4 Cada azucena de perdón le ofrece al mundo el silencioso milagro del amor. 5 Y cada una de ellas se deposita ante la Palabra de Dios, en el Altar Universal al Creador y a la Creación, a la Luz de la perfecta pureza y de la dicha infinita.

4. Al principio el milagro se acepta mediante la fe, porque pedirlo implica que la mente está ahora lista para concebir aquello que no puede ver ni entender. 2 No obstante, la fe convocará a sus testigos para demostrar que aquello en lo que se basa realmente existe. 3 Y así, el milagro justificará tu fe en él y probará que esa fe descansaba sobre un mundo más real que el que antes veías: un mundo que ha sido redimido de lo que tú pensabas que se encontraba allí.

5. Los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del Cielo sobre un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas hambrientas y sedientas vienen a morir. 2 Ahora tienen agua. 3 Ahora el mundo está lleno de verdor. 4 Y por doquier brotan señales de vida para demostrar que lo que nace jamás puede morir, pues lo que tiene vida es inmortal.






L.331 Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad, que es lo único que me mantiene a salvo.

Padre, Tu Hijo es santo. Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. Cuán puros y santos somos y cuán a salvo nos encontramos nosotros que moramos en Tu Sonrisa, y en quienes has volcado todo Tu Amor; nosotros que vivimos unidos a Ti, en completa hermandad y Paternidad, y en inocencia tan perfecta que el Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensamiento que le brinda Su plenitud.

 No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. Y en su benévolo reflejo nos salvamos.


Cuando ataco a alguien, me ataco a mí mismo. Cuando veo pecado en otro, ataco mi propia inocencia, y sólo mi inocencia me mantiene a salvo. Dios dice que yo soy inocente, ¿Quién soy yo para no estar de acuerdo?

“Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad”.

Entonces, ¡qué absurdo atacar, cuando cualquier ataque es un ataque a lo que yo soy! ¡Qué absurdo atacar la maravilla que soy en una tonta búsqueda de otra identidad sin importancia! ¿Por qué poner en peligro mi experiencia de la profunda ternura de Dios?

“… moramos en Tu Sonrisa…”

¡Que pensamiento más maravilloso! A veces he encontrado una persona cuya sonrisa era tan radiante que sentí que me inundaba. ¡Imagínate inundado por la sonrisa de Dios! ¡Que cariñoso amor irradia esa sonrisa! Voy a pasar un rato disfrutando de su resplandor compasivo.

Vivimos unidos a Él “en completa hermandad y Paternidad”. La unidad que disfrutamos no es sólo con el Padre sino también con todos nuestros hermanos. Éste es el estado que está destinado para nosotros para siempre. Es el estado en el que siempre estamos, si estamos dispuestos a disfrutar de él y a dejar a un lado cada pensamiento de ataque. “El Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensamiento que le brinda Su plenitud”. Como Hijo Suyo, únicamente podemos ser la inocencia misma. Mi ataque sólo amenaza mi consciencia de esta perfecta inocencia.

“No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. Y en su benévolo reflejo nos salvamos”.



¿Qué es un milagro? (Parte 1)

L.pII.13.1:1-3

“Un milagro es una corrección. No crea, ni cambia realmente nada en absoluto”. (1:1-2)

El milagro corrige, no crea. No hace nada nuevo, simplemente arregla una valoración equivocada de lo que ya soy. Como dice la Lección 341, ya somos inocentes. No necesitamos hacernos inocentes. Todo lo que necesitamos hacer es dejar de atacar nuestra inocencia.

Pensamos en el milagro como un cambio sorprendente en la manera en que son las cosas. Pero tal como el Curso lo ve, un milagro no cambia nada. Simplemente elimina una falsa percepción (interpretación). Elimina la capa de pecado y culpa que hemos puesto sobre nuestra inocencia, y muestra la inocencia sin cambio que hemos intentado ocultar.

Un milagro a menudo tiene efectos externos, aunque no siempre:

“Los milagros son expresiones de amor, pero puede que no siempre tengan efectos observables”. (T.1.I.35.1)

Cuando hay efectos que se pueden ver, algo dentro de la ilusión parece cambiar, a menudo completamente. Alguien que estaba enfermo, se cura. Dos personas que estaban en guerra, de repente firman la paz. Pero eso es el efecto del milagro, no el milagro en sí mismo. El efecto sólo muestra en la forma lo que siempre ha sido verdad en la realidad: la persona “enferma” siempre ha sido completa, los amigos “en guerra” siempre han estado unidos como una sola mente. Los efectos observables nos muestran que la forma nunca ha sido real, pero el milagro es la percepción que lo vio antes de que fuera un efecto que se pudiese ver, y al darse cuenta de la falsedad de la ilusión, cambió la ilusión.

“Simplemente contempla la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso”. (1:3)

El milagro mira a la ilusión y le recuerda a la mente que es una ilusión. Vemos “devastación” en este mundo, pero el milagro nos recuerda que lo que vemos es falso. Vemos la mente deformada por la culpa de una persona, el milagro nos recuerda que no es real como tampoco sus aparentes efectos, y nos permite ver la plenitud e inocencia de la persona detrás de la ilusión que presenta al mundo.
















Qué es un Milagro




1.1.2 "Un milagro es una corrección. No crea, ni cambia realmente nada en absoluto."

El milagro corrige, no crea. No hace nada nuevo, simplemente arregla una valoración equivocada de lo que ya soy. Como dice la Lección 341, ya somos inocentes. No necesitamos hacernos inocentes. Todo lo que necesitamos hacer es dejar de atacar nuestra inocencia.

Pensamos en el milagro como un cambio sorprendente en la manera en que son las cosas. Pero tal como el Curso lo ve, un milagro no cambia nada. Simplemente elimina una falsa percepción (interpretación). Elimina la capa de pecado y culpa que hemos puesto sobre nuestra inocencia, y muestra la inocencia sin cambio que hemos intentado ocultar.

Un milagro a menudo tiene efectos externos, aunque no siempre:

“Los milagros son expresiones de amor, pero puede que no siempre tengan efectos observables”. (T.1.I.35.1)

Cuando hay efectos que se pueden ver, algo dentro de la ilusión parece cambiar, a menudo completamente. Alguien que estaba enfermo, se cura. Dos personas que estaban en guerra, de repente firman la paz. Pero eso es el efecto del milagro, no el milagro en sí mismo. El efecto sólo muestra en la forma lo que siempre ha sido verdad en la realidad: la persona “enferma” siempre ha sido completa, los amigos “en guerra” siempre han estado unidos como una sola mente. Los efectos observables nos muestran que la forma nunca ha sido real, pero el milagro es la percepción que lo vio antes de que fuera un efecto que se pudiese ver, y al darse cuenta de la falsedad de la ilusión, cambió la ilusión.

1.3 “Simplemente contempla la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso”.

El milagro mira a la ilusión y le recuerda a la mente que es una ilusión. Vemos “devastación” en este mundo, pero el milagro nos recuerda que lo que vemos es falso. Vemos la mente deformada por la culpa de una persona, el milagro nos recuerda que no es real como tampoco sus aparentes efectos, y nos permite ver la plenitud e inocencia de la persona detrás de la ilusión que presenta al mundo.

1.4 “(Un milagro) Corrige el error, mas no intenta ir más allá de la percepción, ni exceder la función del perdón”.

Un milagro está relacionado con la percepción, no con la revelación directa. Produce un cambio en mi percepción, deshaciendo mis errores de percepción (interpretación).

Cuando mi mente siente un milagro, veo la plenitud en lugar de la carencia. Con relación al “pecado”, que es una percepción de carencia de amor en alguien, el milagro hace que vea su amor en lugar de su “pecado”. Le veo como completo, en lugar de cómo alguien a quien le falta algo. El milagro deshace mi error, pero no intenta ir más allá. Los milagros ocurren en el reino de la percepción y del tiempo, no intentan llevarme al reino del conocimiento y de la eternidad. Corrigen mi percepción pero no dan conocimiento. 

1.5 “Se mantiene, por lo tanto, dentro de los límites del tiempo”

El Curso aclara esto repetidas veces, debe ser importante. ¿Qué lo hace tan importante para nosotros? Esto: Cuando empezamos un camino espiritual, nos podemos preocupar en exceso. Queremos que un milagro nos lleve inmediatamente al reino del espíritu. Queremos un arreglo rápido. Pero no podemos hacer un cambio directamente de la percepción falsa al conocimiento puro. Tenemos que pasar por la etapa de corregir la percepción. No podemos saltarnos pasos. El Texto lo dice claramente: “…la percepción tiene que ser corregida antes de que puedas llegar a saber nada” (T.3.III.1:2). Para eso es para lo que están los milagros: para corregir nuestra percepción. Cuando nuestra percepción se ha corregido, Dios puede llevarnos el resto del camino de la percepción al conocimiento.

“Una percepción redimida se convierte fácilmente en conocimiento, pues sólo la percepción puede equivocarse y la percepción nunca existió. Al ser corregida da paso al conocimiento, que es la única realidad eternamente”. (T.12.VIII.8:6-7)

1.6 “No obstante, (el milagro) allana el camino para el retorno de la intemporalidad y para el despertar del amor, pues el miedo no puede sino desvanecerse ante el benevolente remedio que el milagro trae consigo”.

“El benevolente remedio” del milagro, al corregir nuestra percepción, “allana el camino” para el regreso al conocimiento completo. Sin el deshacimiento de nuestra percepción falsa, nos opondremos al conocimiento y rechazaremos el amor, tendremos miedo de él. Por ejemplo, nuestra percepción deformada del amor cree que el amor significa sacrificio, y que el Amor total significaría sacrificio total. Por lo tanto, huimos de él, le tenemos miedo. Esas interpretaciones tienen que ser cambiadas antes incluso de que estemos dispuestos a dejar que el amor verdadero despierte dentro de nosotros. Debido a que el milagro elimina el miedo, abre el camino al amor. Pone fin a nuestro rechazo, elimina la interferencia.

Una de las lecciones que se repiten con mayor frecuencia en el Curso es que dar y recibir son lo mismo: “Dar y recibir son en verdad lo mismo” (Lección 108). Esta lección, una de las más importantes de las que el Espíritu Santo quiere enseñarnos (es la primera lección del Espíritu Santo, en el Capítulo 6: “Para poder tener, da todo a todos”), es también para nosotros una de las más difíciles de aprender porque es lo contrario de nuestra manera de pensar habitual.

2.1 “En el milagro reside el don de la gracia, pues se da y se recibe como uno”.

Para recibir un milagro, tenemos que darlo; para darlo, tenemos que recibirlo. Recibir un milagro y dar un milagro son una cosa, no dos. Muchos de nosotros nos liamos intentando entender si primero tengo que perdonarme a mí mismo para poder perdonar a otro, o si tengo que perdonar a otro antes de poder perdonarme a mí mismo. La respuesta es sí y no, a las dos preguntas. Para perdonarte a ti mismo tienes que perdonar a la otra persona, pero para perdonar a la otra persona tienes que perdonarte a ti mismo. Son una misma cosa. Parecen ser dos acciones distintas pero no lo son, son una misma acción porque mi hermano y yo somos un solo Ser. Dentro del tiempo, a menudo puede parecer que una acción ocurre antes, pero en realidad ocurren al mismo tiempo.

2.2 “Y así, nos da un ejemplo de lo que es la ley de la verdad, que el mundo no acata porque no la entiende”

Pienso que “la ley de la verdad” es lo mismo que “la ley del amor” de la de la que se habla en la Lección 344: “lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo”. Si hiciéramos nuestro este pensamiento completamente, estaríamos fuera de aquí, con el programa de estudios aprendido. Un milagro demuestra esta ley, nos muestra una representación gráfica de ella. Cuando ofrezco un milagro a un hermano, observo su devastación y me doy cuenta de que lo que estoy viendo es falso. Estoy viendo su plenitud, en lugar de la ilusión de su carencia. El hecho de que yo lo vea en él se lo hace ver a él mismo, si quiere hacerlo. Y cuando recibe el milagro, yo soy bendecido. Se me recuerda quien soy.

El mundo no obedece esta ley ni la entiende. Desaprender la manera de pensar del mundo acerca de esto es lo que el Curso llama “el deshacimiento del concepto de ‘obtener’” (T.6.V(B).3:1). Le llama a esto el primer paso en la inversión de la manera de pensar del ego (invertir, darle la vuelta). Los milagros son importantes para nosotros porque nos demuestran esta ley, nos ayudan a conocer mediante la experiencia que dar es recibir, que conservo lo que quiero al darlo a otros.

2.3 “El milagro invierte la percepción que antes estaba al revés, y de esa manera pone fin a las extrañas distorsiones que ésta manifestaba”.

Las percepciones que hemos aprendido del ego están al revés, y un milagro invierte esas percepciones y las pone bien de nuevo. Tal vez ésta es una referencia de cómo funciona la vista física. En la vista física, la imagen proyectada por la lente de nuestros ojos está verdaderamente al revés. La mente literalmente aprende a ver la imagen invertida como si estuviera al derecho. En un experimento a las personas se les daban gafas que invertían la imagen, de modo que en la retina aparecía del derecho, la gente veía todo como si estuviera al revés. Sin embargo, después de varios días la mente se adaptaba y veía todo de nuevo del modo correcto. Cuando les quitaron las gafas, ¡la gente veía entonces las cosas como si estuvieran del revés!

Por ejemplo, la percepción de que lo que doy, lo pierdo, está completamente al revés; la verdadera percepción me muestra que lo que doy, lo conservo. Percibimos lo que es falso, pero nuestra mente ha aprendido a interpretarlo como la verdad. Vemos ilusiones y pensamos que son reales, creemos que la realidad es ilusoria. Tenemos miedo al amor, y amamos el miedo. Pensamos que la culpa es buena, y que la inocencia es culpabilidad. Un milagro invierte todo esto, corrige nuestra percepción, invirtiendo nuestra comprensión. El cambio en la percepción es lo que acaba con la distorsión (deformación) en lo que se está manifestando (es decir, lo que estamos viendo en la forma).

2.4 “Ahora la percepción se ha vuelto receptiva a la verdad”. 

Cuando el milagro invierte mi percepción y pone fin a la deformación, puedo percibir la verdad (o su reflejo con exactitud). Mientras no se corrija la percepción, la verdad no puede entrar.

2.5 “Ahora puede verse que el perdón está justificado”. 

Ésta es quizá la inversión más total de todas. Una de las ideas más firmes del Curso es que el perdón está justificado. Si pensamos en el perdón desde el punto de vista del ego, lo vemos como librar a alguien del castigo sin ninguna razón, “fruto de la bondad de nuestro corazón”. El Curso dice que tenemos todas las razones para perdonar. Está totalmente justificado (T.30.VI.2:1). Lo que no está justificado es el juicio, la condena y la ira (T.30.VI.1:1). Esto es algo que no puede aprenderse a través de la lógica (aunque es completamente lógico). Cuando vemos nuestra condena a alguien como justa, así es como lo vemos. No sirve de nada que intentemos razonar nosotros para verlo de manera diferente, no funciona. Tampoco podemos “obligarnos” a nosotros mismos a hacerlo. Si intentamos forzarnos a “perdonar” mientras seguimos viendo culpa, nos sentimos como si no fuéramos honestos con nosotros mismos.

Cuando Le entregas tu percepción al Espíritu Santo y Le pides ver tal como Él ve, Él te da Su percepción. Simplemente aparece en la mente. Literalmente ya no ves ninguna razón para condenar, y sí todas las razones para dar amor. Tu ira, perfectamente justificada hace un momento, ahora ya no existe. Es como el cambio que ocurre cuando miras al dibujo de un Ojo Mágico (donde una imagen de tres dimensiones se esconde en una de dos dimensiones) o una ilusión óptica. Lo estás mirando sólo por un lado, de repente lo miras por el otro. Y cuando lo miras por un lado, no puedes verlo por el otro. Así es el milagro. Invierte tu percepción. Estabas viendo un lado, ahora ves el otro. No puedes hacer que “suceda”, pero cuando sucede, lo sabes.

3.1.2.3. “El perdón es la morada de los milagros. Los ojos de Cristo se los ofrecen a todos los que Él contempla con misericordia y con amor. La percepción queda corregida ante Su vista, y aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir”.

Un milagro corrige lo que vemos, y los milagros están en el perdón. Cuando miramos con los ojos de Cristo, miramos con misericordia y con amor, miramos con perdón. Y entonces, “repartimos” milagros a todos los que contemplamos con esa visión corregida. No es sólo que algo cambia en nuestra mente o que nuestra visión se vea afectada, algo se transmite o “llega” de nosotros a aquellos a los que contemplamos. Aquí, y en muchos lugares del Curso, un milagro parece tener un aspecto en el que algo pasa de mi mente perdonadora a otras mentes. Se dice que los milagros son “interpersonales” (T.1.II.1:4). Cuando acepto el perdón en mi mente, para mí mismo o para otro, se extiende a otros. Ciertamente, extenderlo es el modo en que lo acepto:

“Los milagros son expresiones naturales de perdón. Por medio de los milagros aceptas el perdón de Dios al extendérselo a otros”. (T.1.I.21:1-2)

“aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir".

Cuando hemos recibido el perdón en nuestros corazones, podremos ver bendiciones en lugar de acciones que otros hacen para perjudicarnos. “Aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir”. Encontramos eso cuando el Texto dice:

“Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las ves correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia”. (T.12.I.6:2)

Y ciertamente, ese tipo de percepción es un milagro.

3.4. “Cada azucena de perdón le ofrece al mundo el silencioso milagro del amor”.

El amor es el verdadero milagro.

“Los milagros ocurren naturalmente como expresiones de amor. El verdadero milagro es el amor que los inspira. En este sentido todo lo que procede del amor es un milagro”. (T.1.I.3:1-3)

La azucena significa un regalo de perdón que yo le doy a un hermano. Cada vez que ofrezco este regalo, estoy ofreciendo el Amor de Dios al mundo entero. Estoy abriendo una puerta y permitiendo que el Amor se extienda a todo el mundo a través de mí. Dondequiera que ese río de Amor llega, la vida florece, y ése es el milagro.

3.5. “Y cada una de ellas se deposita ante la Palabra de Dios, en el altar universal al Creador y a la creación, a la luz de la perfecta pureza y de la dicha infinita”.

El regalo de perdón que le doy a mi hermano es también un regalo que Le hago a Dios. Mi agradecimiento a mis hermanos es mi regalo a Dios. Al reconocer Su creación, Le reconozco a Él. Abrirme a esta corriente de Amor es la fuente de la perfecta pureza y de la dicha sin fin. No hay nada tan gozoso como un corazón amoroso.

4.1. “Al principio el milagro se acepta mediante la fe, porque pedirlo implica que la mente está ahora lista para concebir aquello que no puede ver ni entender”.

Fe, sí, Un Curso de Milagros pide fe, al menos al principio. “Al principio el milagro se acepta mediante la fe”. Éste es un significado bastante tradicional de la palabra “fe”. El Diccionario Americano Heritage define fe como: “Creencia que no se basa en pruebas lógicas o evidencias materiales”. Y eso es lo que se nos está pidiendo. Se nos pide que recibamos el milagro (el cambio de percepción, la visión de la inocencia de mi hermano) sin ninguna “prueba o evidencia material”. Se nos pide que contemplemos la devastación (como la enfermedad, o el daño hecho por las acciones no amorosas de alguien) y que creamos sin “prueba o evidencia material” que lo que vemos es falso.

Esto no es fácil de hacer: creer en algo que no podemos ver. Y sin embargo, si nuestra percepción falsa nos ha cegado a la realidad, y ahora estamos viendo las proyecciones de nuestra propia mente en lugar de la verdad, entonces está claro que la verdad ahora es algo que no podemos ver. Y puesto que lo que nuestra mente elige ver es lo que ve, la mente tiene que cambiar antes de que podamos percibir correctamente. Tenemos que elegir cambiar nuestra mente antes de que veamos la evidencia, porque para que el milagro se manifieste, nuestra mente primero tiene que estar “lista para concebir aquello que no puede ver ni entender”. En otras palabras, tenemos que tomar una decisión basada en la fe: tenemos que decidir ver algo que ahora no podemos ver ni entender.

Esto me recuerda mucho a aquellas lecciones del comienzo del Libro de Ejercicios, Lecciones 27 y 28: “Por encima de todo quiero ver” y “Por encima de todo quiero ver las cosas de otra manera”. Esa elección tiene que hacerse antes de que podamos ver. Para poder ver, tenemos que querer ver. Ésa es la fe de la que aquí se habla. Es una elección, una decisión que tenemos que tomar. Tenemos que querer ver a nuestro hermano como inocente. Tenemos que querer sólo amor. Tenemos que estar dispuestos a ver las cosas de manera diferente. Únicamente entonces veremos milagros.

Tiene que haber fe antes de un milagro: el deseo de verlo, la elección de pedir lo que no puedes ver, y creer que la percepción de nuestro ego es falsa. Pero cuando surge esa fe, cuando estamos en nuestra mente milagrosa, esa fe demostrará que está justificada y lo confirmará:

4.2. “No obstante, la fe convocará a sus testigos para demostrar que aquello en lo que se basa realmente existe”.

Cuando pongo mi fe en un milagro, habrá evidencia y testigos para probar que verdaderamente existe aquello en lo que pongo mi fe. Por ejemplo, cuando estoy dispuesto a mirar más allá del ego de mi hermano y ver la llamada de Dios en él, algo sucederá que me demostrará que la llamada de Dios en él está ahí realmente. Quizá mi perdón se encontrará con el agradecimiento. Quizá mi respuesta de amor encontrará el amor volviendo a mí. Quizá veré una chispa de luz en alguien en quien jamás lo creí posible. La fe traerá sus testigos.

4.3. “Y así, el milagro justificará tu fe en él, y probará que esa fe descansaba sobre un mundo más real que el que antes veías: un mundo que ha sido redimido de lo que tú pensabas que se encontraba allí”.

Mi voluntad de creer en la presencia del amor me mostrará la presencia del amor. Veré lo que elijo ver. Veré que el mundo del espíritu es más real que el mundo de la materia. La enfermedad será reemplazada por la salud. La tristeza será reemplazada por la alegría. El miedo será reemplazado por el amor. Y donde creía ver pecado y maldad, veré santidad y bondad.

Es el cambio de mi mente lo que trae un mundo diferente. Es mi voluntad de invitar al milagro la que le abre el camino. Los cambios del mundo que veo no son el milagro, sino sus resultados. El milagro trae testigos, muestra un mundo diferente del que pensé que era. Aunque primero tiene lugar el cambio de mi mente, la fe. Luego los testigos de la fe, justificándola, confirmándola.

5.1. "Los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del Cielo sobre un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas hambrientas y sedientas vienen a morir".

Con crudas imágenes, esta sección se refiere a nuestro mundo como “un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas hambrientas y sedientas vienen a morir”. Más de una vez, el Curso dice que vinimos a este mundo para morir, buscábamos la muerte al venir a un lugar donde todo muere. Por ejemplo: “Viniste a morir, por lo tanto, ¿Qué puedes esperar, sino percibir los signos de la muerte que buscas?” (T.29.VII.5:2) “El factor motivante de este mundo no es la voluntad de vivir, sino el deseo de morir” (T.27.I.6:3). Vinimos como resultado de la culpa, creyendo en nuestro propio pecado y buscando nuestro propio castigo. Vinimos porque de algún modo, según la retorcida lógica del ego, la muerte es la última prueba de que hemos logrado separarnos de Dios. Inventamos este mundo como un lugar en el que morir, y luego vinimos a morir en él. 

Pero “los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del Cielo” en este mundo reseco que hemos inventado, y los milagros lo convierten en un paraíso.

5.2.3. “Ahora  tienen agua. Ahora el mundo está lleno de verdor”.

Los milagros transforman el mundo de muerte que inventamos en un lugar de vida. El Capítulo 26 del Texto, en la Sección IX (“Pues Ellos Han Llegado”), amplía las mismas imágenes:

"La sangre del odio desaparece permitiendo así que la hierba vuelva a crecer con fresco verdor, y que la blancura de todas las flores resplandezca bajo el cálido sol de verano. Lo que antes era un lugar de muerte ha pasado a ser ahora un templo viviente en un mundo de luz. Y todo por Ellos. Es Su Presencia la que ha elevado nuevamente a la santidad para que ocupe su lugar ancestral en un trono ancestral. Y debido a Ellos los milagros han brotado en forma de hierba y flores sobre el terreno yermo que el odio había calcinado y dejado estéril. Lo que el odio engendró Ellos lo han des-hecho. Y ahora te encuentras en tierra tan santa que el Cielo se inclina para unirse a ella y hacerla semejante a él. La sombra de un viejo odio ya no existe, y toda desolación y aridez ha desaparecido para siempre de la tierra a la que Ellos han venido". (T.26.IX.3)

Nos abrimos a los milagros cuando nos abrimos al perdón y al amor, cuando nos abrimos a Dios. “Ellos” en esta sección del Texto se refiere al rostro de Cristo (ver la inocencia de nuestros hermanos) y al recuerdo de Dios. Cuando nos permitimos ver el rostro de Cristo en nuestros hermanos, vuelve el recuerdo de Dios. Cuando eso sucede, el terreno “yermo y calcinado” de este mundo se convierte en un jardín, en un reflejo del Cielo.

Al abrir nuestra vida a los milagros, el mundo se transforma.

5.4. “Y brotan por doquier señales de vida para demostrar que lo que nace jamás puede morir, pues lo que tiene vida es inmortal”.

Los milagros demuestran la inmortalidad. No la inmortalidad del cuerpo, sino la inmortalidad del amor, que es lo que somos (Enseña sólo amor, pues eso es lo que eres”, T.6.I.13:2; “Sólo lo eterno puede ser amado, pues el amor no muere”, T.10.V.9:1). Es la inmortalidad del pensamiento, y el Curso también enseña que somos el Pensamiento de Dios eterno y que nunca cambia. El Curso afirma valientemente que la muerte no existe, que la vida y la inmortalidad son lo mismo (“lo que tiene vida es inmortal”). Entonces, según esa lógica, el cuerpo no tiene vida porque no es inmortal, y por eso el Curso nos enseña: “(El cuerpo) no nace ni muere” (T.28.VI.2:4). “El cuerpo ni vive ni muere porque no puede contenerte a ti que eres vida” (T.6V(A).1:4)

Los milagros nos muestran que no somos cuerpos, que la mente es más fuerte e importante que el cuerpo:

“Si la mente puede curar al cuerpo, pero el cuerpo no puede curar a la mente, entonces la mente tiene que ser más fuerte que el cuerpo. Todo milagro es una demostración de esto”. (T.6V(A).2:6-7)

Nos enseña que lo que somos (mente, pensamiento, idea, amor) tiene vida y es inmortal.

martes, 5 de diciembre de 2023

Lección 340. Hoy puedo liberarme de todo sufrimiento.

 






Padre te doy las gracias por el día de hoy y por la libertad que estoy seguro me ha de brindar. Hoy es un día santo, pues hoy Tu Hijo será redimido. Su sufrimiento ha terminado. Pues él oirá Tu Voz exhortándole a que busque la visión de Cristo a través del perdón y se libere para siempre de todo sufrimiento. Gracias por el día de hoy, Padre mío. Vine a este mundo sólo para llegar a tener este día, así como la alegría y libertad que encierra para Tu santo Hijo y para el mundo que él fabricó, el cual hoy se libera junto con él.

¡Regocíjate hoy! ¡Regocíjate! Hoy no hay cabida para nada que no sea alegría y agradecimiento. Nuestro Padre ha redimido a Su Hijo en este día. Ni uno solo de nosotros dejará de salvarse hoy. No habrá nadie que no esté a salvo del miedo ni nadie a quien el Padre no acoja en Su regazo, despierto ahora en el Cielo, en el Corazón del Amor.



Nuestra gratitud no es por cualquier dolor que experimentemos este día, eso sería masoquismo. Agradecemos a nuestro Padre por Su Amor, el cual, a través de la Presencia del Espíritu Santo en nuestro sueño hiriente, nos recuerda que aún podemos elegir de nuevo. Nuestro sufrimiento es el efecto de la elección equivocada de la mente por un maestro, pero podemos cambiar la causa a la Causa que es la única que nos liberará de nuestra casa de prisión del dolor. El perdón es el medio del Espíritu Santo para liberarnos del infierno, porque refleja la Voluntad del Cielo, la única Fuente de gozo:

Cumplir perfectamente la Voluntad de Dios es el único gozo y paz que se puede conocer plenamente, porque es la única función que se puede experimentar plenamente (T-8.III.2:1).

Escoger la Voz del perdón en lugar de la voz de la culpa marca el fin del sufrimiento. No hay otra manera de recordar nuestro Ser sin dolor que reconocer que el fin del sufrimiento viene con el fin de la separación, expresado a través de no ver los intereses de otro como separados de los nuestros - la esencia del perdón.

El único propósito correcto de estar aquí es aprender que el sufrimiento viene de un deseo que a su vez da lugar a un pensamiento. Esto, entonces, da lugar a una experiencia proyectada.

Parece que es la percepción la que te enseña lo que ves. Sin embargo, lo único que hace es dar testimonio de lo que tú enseñaste. Es el cuadro externo de un deseo, la imagen de lo que tú querías que fuese verdad. (T.24-VII.8.8-10)

Si no estoy contento con mi sufrimiento, puedo volver a la persona que toma las decisiones en mi mente y decir: "Ya no deseo esto." Sin embargo, decir que ya no deseo este dolor debe significar también que ya no deseo su causa: la decisión de estar solo y separado del Amor de Dios. Así me permito gozosamente escuchar el juicio amoroso de Dios sobre mí, Su Hijo:

El tiempo se detiene a medida que la eternidad se aproxima, y el silencio envuelve al mundo para que todos puedan oír este juicio acerca del Hijo de Dios:

Santo eres, eterno, libre e íntegro, y te encuentras para siempre en paz en el Corazón de Dios. ¿Dónde está el mundo ahora? ¿Y dónde el pesar? (M.15.1.10)



Comentario:

A partir de la Lección 221 del Libro de Ejercicios, se pretende que las lecciones sean pequeñas introducciones a los instantes santos de experiencia directa de la verdad. Como dice la Introducción a la Segunda Parte del Libro de Ejercicios:

“Lo que nos proponemos ahora es que los ejercicios sean sólo un preámbulo. Pues aguardamos con serena expectación a nuestro Dios y Padre”. (L.pII.In.2:1-2)

“Diremos más bien algunas palabras sencillas a modo de bienvenida, y luego esperaremos que nuestro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará”. (L.pII.In.3:3)

“Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros”. (L.pII.In..4:6)

Las “palabras de invitación” parecen referirse a las oraciones de cada lección (en cursiva). La idea es que leamos la lección y pensemos en ella un minuto o dos. Luego, repetimos la oración que invita a Dios a unirse a nosotros. Al trabajar con estas lecciones, he descubierto un beneficio que va en aumento cada vez más al poner mi atención en estas oraciones y hacerlas muy personales. Luego, esperamos, en silencio, hasta que seamos conscientes de la Presencia de Dios con nosotros. Ése es el propósito de los ejercicios.

“Hoy puedo liberarme de todo sufrimiento”. (Título de la lección)

Que me recuerde a mí mismo esto. Liberarme del sufrimiento es mi elección. Hoy tengo la posibilidad de ser libre. Cuando escucho la Voz de Dios dirigiéndome para encontrar la visión de Cristo por medio del perdón, me liberaré para siempre de todo sufrimiento (1:4). Voy a pensar en eso durante un momento, hacer la oración que se me da aquí, y luego sentarme en silencio y esperar, escuchando, abriendo mi mente a esa visión.

Todavía no vivo con esa visión, sólo de vez en cuando. A mí me parece que todavía me queda un trecho. Así que espero. Vacío mi mente, la dejo a Su disposición y Le pido que me llene con esa visión y que la aumente en mi mente.

“Vine a este mundo sólo para llegar a tener este día, así como la alegría y libertad que encierra para Tu santo Hijo y para el mundo que él fabricó, el cual hoy se libera junto con él”. (1:6)

Alcanzar la visión de Cristo es la razón por la que estoy aquí, vine a este mundo sólo para eso. ¡Tal vez hoy! Me abro a ella, libero a mi mente de todos los pensamientos de menor importancia y Te ofrezco mi mente. En este instante santo puedo alcanzar esa liberación. Tal vez no dure más que unos minutos o unos segundos. Tal vez venga a mi mente y permanezca conmigo todo el día. La salvación ya se ha logrado, y puedo hacerme consciente de ello ahora mismo. Aunque lo olvide dentro de diez minutos, aunque “pierda” esa consciencia, el recuerdo permanecerá y me sostendrá, transformando mi día de lo que hubiera sido si no hubiera pasado esos momentos Contigo. Por eso me dedico a ello en este momento, a recordarlo.

Todos recordaremos. Dios nos reunirá a todos en Él Mismo, y juntos despertaremos en el Cielo en el Corazón del Amor (2:5-6). ¡Anímate, alma mía! El resultado es tan seguro como Dios. El camino puede parecer largo a veces, pero el final es seguro, y mi corazón no tiene por qué estar ansioso. Estoy contento en este momento por estar Contigo. No necesito nada más. “Hoy no hay cabida para nada que no sea alegría y agradecimiento” (2:3), y sólo esto acepto en mi santa mente hoy.




¿Qué es el ego? (Parte 10)

L.pII.12.5:2

“Y la paz se les restituirá para siempre a las santas mentes que Dios creó como Su Hijo, Su morada, Su dicha y Su amor, completamente Suyas, y completamente unidas a Él”. (5:2)

¿Cómo es posible que el perdón pueda hacer esto? El miedo y la culpa producidos por creer que el ego es real es la causa de todo nuestro sufrimiento. Nuestro loco deseo de ser “un ser separado” es lo que nos hace ver a Dios y a todo el universo como nuestros enemigos y lo que nos llena de pesadillas de castigo. El perdón nos muestra que lo que pensábamos que nos habíamos hecho a nosotros mismos no ha sucedido. No hay ninguna razón para nuestra culpa. El perdón nos libera del terror al castigo, y nos hace darnos cuenta de que nuestra unidad con Dios continúa exactamente igual. Seguimos siendo “Su morada, Su dicha y Su amor, completamente Suyas, y completamente unidas a Él”. Y con ese conocimiento recuperamos la paz para siempre.

Cuando el perdón nos limpia, nos damos cuenta de que “Hoy puedo liberarme de todo sufrimiento” (L.340). El pensamiento del ego en nuestra mente es el que pinta la intranquilidad encima de la calma eterna de nuestra mente tal como Dios la creó. Abandonar ese pensamiento, aunque sea por un instante, nos trae paz de inmediato. El pensamiento de separación, de una identidad independiente, fue el error original:

“Ese único error, que llevó a la verdad a la ilusión, a lo infinito a lo temporal, y a la vida a la muerte, fue el único que jamás cometiste. Todo tu mundo se basa en él. Todo lo que ves lo refleja, y todas las relaciones especiales que jamás entablaste proceden de él”. (T.18.I.4:4-6)

No te das cuenta de la magnitud de ese único error. Fue tan inmenso y tan absolutamente increíble que de él no pudo sino surgir un mundo totalmente irreal. (T.18.I.5:2-3)

El perdón nos muestra que lo que pensamos que hemos hecho no tiene ninguna consecuencia real. Elimina los obstáculos a nuestra consciencia de Dios. Ese terrible error, sobre el que descansa todo nuestro mundo, no tuvo ninguna consecuencia, nuestra unión con Dios continúa para siempre sin interrupción. Ahora y siempre, descansamos en Su paz.

















lunes, 4 de diciembre de 2023

Lección 339. “Se me concederá todo lo que pida”

 




Nadie desea el dolor. Pero puede creer que el dolor es placer. Nadie quiere eludir su felicidad, 4mas puede creer que la dicha es algo doloroso, amenazante y peligroso. No hay nadie que no haya de recibir lo que pida. Pero puede estar ciertamente confundido con respecto a lo que quiere y al estado que quiere alcanzar. ¿Qué podría pedir, pues, que al recibirlo aún lo siguiese deseando? Ha pedido lo que le asustará y le hará sufrir. Resolvamos hoy pedir lo que realmente deseamos, y sólo eso, de manera que podamos pasar este día libres de temor, y sin confundir el dolor con la alegría o el miedo con el amor.

Padre, Te ofrezco este día. Es un día en el que no haré nada por mi cuenta, sino que tan sólo oiré Tu Voz en todo lo que haga. Y así, Te pediré únicamente lo que Tú me ofreces y aceptaré únicamente los Pensamientos que Tú compartes conmigo. (UCDM - L.339)






Comentario:

¡Ésta puede ser una idea terrible! Significa que todo lo que he recibido, yo lo he pedido. No nos gusta oír eso, y puede parecer duro. “¿Tienes cáncer? Tú lo has pedido”. Usado así es duro, un arma para la separación en lugar de un instrumento para la unión. ¿Cómo puede alguien desear el dolor y la enfermedad? El pensamiento parece absurdo.

“Nadie desea el dolor. Pero puede creer que el dolor es placer. Nadie quiere eludir su felicidad, mas puede creer que la dicha es algo doloroso, amenazante y peligroso. No hay nadie que no haya de recibir lo que pida. Pero puede estar ciertamente confundido con respecto a lo que quiere y al estado que quiere
alcanzar”.

Por supuesto que nadie quiere el dolor, nadie rechaza conscientemente la felicidad. Si eso es así, y todo el mundo recibe lo que pide, entonces ¿Cómo se presentan el dolor y la infelicidad? Podríamos seguir estos razonamientos y su conclusión:

Nadie quiere el dolor.
Por lo tanto, nadie pediría dolor.
Todo el mundo recibe lo que pide o quiere.
Por lo tanto, no podemos recibir dolor.

Eso parece lógico, ¿verdad? Si las tres primeras son verdad, la cuarta debe ser verdad. Entonces, ¿Cómo llego al dolor? Debemos estar olvidando algo, nuestra lógica tiene que tener algún fallo. El fallo está entre los puntos 1 y 2. Nadie quiere el dolor, sin embargo, pedimos dolor, por eso es por lo que lo recibimos.

La lección explica que puedo estar confundido acerca de lo que quiero, que puedo creer que el dolor es placer, o que la dicha es algo doloroso, amenazante y peligroso. Esto último es un poco más fácil de entender ya que es una experiencia corriente. ¿Nunca has tenido el pensamiento “Esto es demasiado bueno para que dure”? O quizás te has sentido muy feliz en una relación y de repente has tenido miedo de eso porque una parte de ti está casi segura de que si bajas la guardia vas a recibir un buen golpe. Tenía una amiga que entró en un estado mental elevado y completamente dichoso y se mantuvo así durante casi tres semanas hasta que empezó a pensar “Esto es maravilloso. Amo a todo el mundo, no tengo miedo de nada, pero si sigo viviendo así en este mundo me van a crucificar. Tal vez no estoy iluminada, tal vez estoy loca”. Así perdió la alegría, y nunca le volvió del mismo modo.

Realmente pensamos que demasiada felicidad es amenazante y peligrosa. Valoramos mucho nuestra desconfianza. Apreciamos mucho nuestras defensas. Tenemos miedo de abrirnos a la dicha. Por eso, sin darnos cuenta la mayor parte del tiempo, pedimos tristeza. Elegimos no estar en paz.

La confusión entre dicha y dolor está mucho más profundamente enterrada, pero el Curso nos enseña que el dolor confirma nuestra separación y justifica nuestras barreras y defensas contra los demás. Lo elegimos para fortalecer nuestra identidad como ego. Tal vez sea difícil creer que todo nuestro dolor y tristeza es elegido, pero el Curso insiste mucho acerca de esto.

“¿Qué podría pedir, pues, que al recibirlo aún lo siguiese deseando? Ha pedido lo que le asustará y le hará sufrir”.

Realmente elegimos cosas que nos asustan y que nos traen sufrimiento. Gran parte del Texto está dedicado a que nos demos cuenta de esto, darnos cuenta de lo que estamos eligiendo, para que así nos hagamos conscientes de lo absurdo que es, y que tomemos otra decisión.

“Resolvamos hoy pedir lo que realmente deseamos, y sólo eso, de manera que podamos pasar este día libres de temor, y sin confundir el dolor con la alegría o el miedo con el amor”.

Podemos cambiar nuestra mente. Podemos empezar a elegir conscientemente la dicha de Dios en lugar del dolor. Cuando surja un momento de dolor, podemos aceptar el hecho de que lo estamos eligiendo, y elegir de nuevo. Podemos decir: “Esto no es lo que quiero, elijo la dicha de Dios”. Podemos elegir paz en lugar del enfado. Un pensamiento que repito tan a menudo que casi es un mantra es: “¡Uy! Ya me lo estoy haciendo de nuevo”. Es sorprendente el cambio que puede traer a la vida de uno el darse cuenta de ello.

Ahora lee la corta oración que cierra esta lección, y empieza tu día con estos pensamientos. Si ya has empezado el día, empiézalo de nuevo ahora mismo. Para un momento y acepta este modo de pensar. Establecer el tono de tu mente justo ahora, te acompañará a lo largo del día y te traerá cambios que ahora no puedes ver de antemano.

“Padre, Te ofrezco este día. Es un día en el que no haré nada por mi cuenta, sino que tan sólo oiré Tu Voz en todo lo que haga”.





¿Qué es el ego? (Parte 9)
L.pII.12.5:1

Una sola azucena de perdón, no obstante, puede transformar la oscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma. (5:1)

El “oscuro altar” del ego es inundado de luz, y el sangriento altar a la muerte se transforma en “el templo a la Vida Misma”. ¿Cómo? Con “una sola azucena de perdón”. Pienso en un cuento de magia y fantasía, en el que la heroína o el héroe entran en el templo negro y prohibido del dios del mal, llevando sólo una flor. Con gran inquietud se acerca al altar y deposita sobre él la azucena blanca y pura, y de repente toda la escena se transforma.

El perdón es esa “magia”. Aunque no es magia, es un milagro. “El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente” (T.26.IX.6:1). Ése es el milagro que obra el perdón. Lo he visto con mis propios ojos. He visto una relación llena de sangre y amargura transformarse en una tierna dedicación del uno al otro, por medio del perdón. Esto no es una teoría hueca, ni una fantasía idealista, el perdón funciona.

El perdón deshace el ego. La más negra oscuridad que el ego haya manifestado se llena de luz cuando el perdón la toca. No tenemos que tener miedo a mirar a la oscuridad de nuestro ego, no hay nada que el perdón no pueda sanar.









































domingo, 3 de diciembre de 2023

Lección 338. “Sólo mis propios pensamientos pueden afectarme”

 





Con este pensamiento basta para dejar que la salvación arribe a todo el mundo. Pues es el pensamiento mediante el cual todo el mundo por fin se libera del miedo. Ahora cada uno ha aprendido que nadie puede atemorizarlo, y que nada puede amenazar su seguridad. No tiene enemigos, y está a salvo de todas las cosas externas. Sus pensamientos pueden asustarlo, pero, puesto que son sus propios pensamientos, él tiene el poder de cambiarlos sustituyendo cada pensamiento de miedo por un pensamiento feliz de amor. Se crucificó a sí mismo. Sin embargo, Dios planeó que Su Hijo bienamado fuese redimido.

Padre mío, sólo Tu plan es infalible. Todos los demás fracasarán. Y tendré pensamientos que me asustarán hasta que aprenda que Tú ya me has dado el único Pensamiento que me conduce a la salvación. Sólo mis propios pensamientos fracasarán, y no me llevarán a ninguna parte. Mas el Pensamiento que Tú me diste promete conducirme a mi hogar, porque en él reside la promesa que Tú le hiciste a Tu Hijo. (L.338)




Comentario:

Ésta es una idea fundamental del Curso, repetida muchas veces con palabras diferentes:

“Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí”. (T.21.II.2:3-5)

“Nunca estoy disgustado por la razón que creo”. (L.5)

“Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él. Es imposible que él mismo no haya elegido las cosas que le suceden. Su poder de decisión es lo que determina cada situación en la que parece encontrarse, ya sea por casualidad o por coincidencia”. (T.21.II.3:1-3)

“Nada externo a ti puede hacerte temer o amar porque no hay nada externo a ti”. (T.10.In.1:1)

“Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. No hay causa más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. Nadie, excepto tú mismo, puede afectarte. No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entristecerte o de debilitarte. Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las

cosas que ves reconociendo simplemente lo que eres”. (L.190.5:1-6)

El Curso dice que aceptar esto es la base de nuestra liberación de todo sufrimiento. Mientras pensemos que algo de fuera de nosotros nos está afectando y causando nuestro dolor, no buscaremos dentro los pensamientos que son verdaderamente la causa del dolor. Creeremos que somos las víctimas inocentes de fuerzas que están más allá de nuestro control.

“Con este pensamiento basta para dejar que la salvación arribe a todo el mundo. Pues es el pensamiento mediante el cual todo el mundo por fin se libera del miedo”.

La comprensión de que no hay nada fuera de mí amenazándome es el único modo seguro para liberarnos del miedo. Al principio puede parecer que provoca culpa porque si no hay nadie que me lo esté haciendo a mí, yo debo estar haciéndomelo, y ése parece ser un reconocimiento muy difícil de aceptar. Sin embargo, la comprensión de que sólo mis propios pensamientos pueden afectarme trae una enorme liberación del miedo.

“Ahora cada uno ha aprendido que nadie puede atemorizarlo, y que nada puede amenazar su seguridad. No tiene enemigos, y está a salvo de todas las cosas externas”.

Que recuerde esto hoy. Nada puede ponerme en peligro. No tengo enemigos, y nada externo puede amenazarme. No tengo que vivir con ansiedad y a la defensiva: estoy a salvo.

Sin embargo, ¿y el hecho de que mis propios pensamientos pueden hacerme daño? ¿No es eso algo a lo que temer? Parece aterrador que los pensamientos que tengo y de los que no soy consciente pueden hacerme daño. Siempre ha sido aterrador el extraño mensaje de la psicología de que estoy dirigido por motivos de los que no soy consciente, que nunca llegan a la superficie de mi mente consciente, y el Curso parece estar bastante de acuerdo con esas teorías psicológicas. Constantemente te está diciendo que creemos ciertas cosas que no somos conscientes de que las creemos, y que estamos dirigidos por una culpa por la separación tan profundamente oculta y enterrada que quizá nunca en este mundo nos demos cuenta de ella. ¿Cómo podemos liberarnos del miedo cuando estos enemigos escondidos acechan debajo de la superficie de nuestra mente, preparados para explotar como minas de tierra cuando las pisamos sin darnos cuenta?

“Sus pensamientos pueden asustarlo, pero, puesto que son sus propios pensamientos, él tiene el poder de cambiarlos sustituyendo cada pensamiento de miedo por un pensamiento feliz de amor. Se crucificó a sí mismo. Sin embargo, Dios planeó que Su Hijo bienamado fuese redimido”.

La buena noticia es que puesto que nuestros pensamientos son nuestros, podemos cambiarlos, incluso aquellos de los que no somos conscientes. De eso es de lo que trata el Curso. Sí, nos hemos crucificado a nosotros mismos, pero Dios ha planeado una salida para nosotros. Él ha planeado que seamos rescatados, es decir: liberados de nuestros propios pensamientos del aprisionamiento que nos hemos impuesto a nosotros mismos. Es un camino para cambiar nuestra mente, y no se necesita nada más que eso.

“Todos los demás planes fracasarán”.

Fracasarán porque están basados en una falsedad, concretamente, que el problema es algo externo, algo distinto a mis pensamientos. Puedo intentar solucionar mis problemas con más dinero, con medicinas o drogas, o rodeándome de personas que parecen darme lo que parece que a mí me falta. Siendo soluciones externas fracasarán todas, porque el problema real está en mis propios pensamientos. Por muy ingeniosos que sean, mis planes fracasarán, porque estoy resolviendo los problemas equivocados.

“Y tendré pensamientos que me asustarán hasta que aprenda que Tú ya me has dado el único Pensamiento que me conduce a la salvación. Sólo mis propios pensamientos fracasarán, y no me llevarán a ninguna parte. Mas el Pensamiento que Tú me diste promete conducirme a mi hogar, porque en él reside la promesa que Tú le hiciste a Tu Hijo”.

Aunque conozco la verdad de esta lección, todavía tendré pensamientos que producen miedo, pensamientos que parecen hacerme daño. No hay que preocuparse por eso. Cuando aparezcan tales pensamientos, puedo aprender a encogerme de hombros con indiferencia y decirme a mí mismo: “¿Así que todavía tengo un ego? ¡Eso no es nada nuevo!”. Puedo llevar los pensamientos que me atemorizan ante la Presencia del Pensamiento que Dios me ha dado: el Espíritu Santo. Él es “el Pensamiento que me lleva a la salvación”, el Pensamiento de perdón y de amor. Él es un Pensamiento lleno de promesas y seguridad, un Pensamiento que me dice que yo soy el Hijo que Dios ama, sin nada que temer (como vimos en la lección de ayer “Mi impecabilidad me protege de todo daño”).

Que hoy esté dispuesto a reconocer mis pensamientos de miedo cuando surjan, en lugar de negar que los tengo, para que con la ayuda del Espíritu Santo pueda cambiarlos, cambiándolos por un pensamiento feliz de amor.




¿Qué es el ego? (Parte 8)

L.pII.12.4:2

“Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios. Y la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos seguidores se preparan para morir”. (4:2)

Aquí el Curso hace una de las valoraciones más tenebrosas de nuestro ego. Produce una imagen de una religión primitiva con sacrificios de sangre como los que hemos leído que existieron en América Central, en la que a seres humanos se les arrancaba del cuerpo el corazón todavía latiendo, y los altares tenían vías cortadas para que la sangre fluyera por allí. Dice que nuestra fe en el ego es la causa de un sufrimiento tan inmenso y aterrador como ése.

Por nuestra fe en la ilusión de separación del ego, de una identidad separada, pagamos un inmenso precio en sufrimiento. Cada día continuamos con esta extraña fe: crucificamos al Hijo de Dios. Pues la existencia de una identidad separada exige la muerte de nuestra identidad unificada. Como “enfermizos seguidores” de esta religión (pues es una religión), todos nos estamos preparando para morir mientras contemplamos el sacrificio del santo Hijo de Dios. (Por supuesto, el Hijo de Dios no puede morir, el sacrificio es ilusorio. Pero para nuestra mente es terriblemente real). Nuestra propia muerte confirmará nuestra fe, demostrará nuestra separación de Dios.

Aunque este sufrimiento no es real en la verdad, a nosotros nos parece real. Y, para librarnos del ego, una de las cosas que el Curso me pide es que examine honestamente el costo de la creencia en el ego. ¿Qué me cuesta albergar un resentimiento? ¿Qué me cuesta odiar? ¿Qué me cuesta empeñarme en tener la razón en una discusión? ¿Qué me cuesta aferrarme a mi imagen de víctima? ¿Qué me cuesta aferrarme a la culpa? ¿Qué me cuesta aferrarme a mi percepción de pecado en mis hermanos?

Tenemos que tener en cuenta lo que nos cuesta nuestra creencia en el ego. El Curso dice:

“No aceptarías el costo en miedo que ello supone una vez que lo reconocieses”. (T.11.V.10:3)

“El ego está tratando de enseñarte cómo ganar el mundo y perder tu alma. El Espíritu Santo te enseña que no puedes perder tu alma y que no hay nada que ganar en el mundo, pues, de por sí, no da nada. Invertir sin recibir beneficios es sin duda una manera segura de empobrecerte, y los gastos generales son muy altos. No sólo no recibes ningún beneficio de la inversión, sino que el costo es enorme. Pues esta inversión te cuesta la realidad del mundo al negar la tuya, y no te da nada a cambio”. (T.12.VI.1:1-5)

“… tienes que aprender el costo que supone estar dormido, y negarte a pagarlo”. (T.12.VI.5:2)

“La creencia en el pecado requiere constante defensa, y a un costo exorbitante. Es preciso combatir y sacrificar todo lo que el Espíritu Santo te ofrece. Pues el pecado está tallado en un bloque que fue arrancado de tu paz y colocado entre el retorno de ésta y tú”. (T.22.V.2:6-8)

Pagamos un precio enorme en sufrimiento para mantener nuestro andrajoso y amado ego. Perdemos la consciencia de nuestra Identidad real para aferrarnos a una identidad imaginada y que no podemos hacer real. Una vez que veamos esto, una vez que reconozcamos la locura de todo ello, ya nunca estaremos dispuestos a aceptarlo. Una vez que veamos lo que el ego nos exige, nos negaremos a pagar el precio porque nos daremos cuenta de que el ego no es lo que de verdad queremos. Pero primero, muy a menudo, tenemos que hacer frente al horror de lo que hemos hecho. Tenemos que mirar a ese altar que gotea sangre y darnos cuenta de que eso es lo que hemos estado eligiendo.

“No es difícil renunciar a los juicios. Lo que sí es difícil es aferrarse a ellos. El maestro de Dios los abandona gustosamente en el instante en que reconoce su costo. Toda la fealdad que ve a su alrededor es el resultado de ellos, al igual que todo el dolor que contempla. De los juicios se deriva toda soledad y sensación de pérdida; el paso del tiempo y el creciente desaliento; la desesperación enfermiza y el miedo a la muerte. Y ahora, el maestro de Dios sabe que todas esas cosas no tienen razón de ser. Ni una sola es verdad. Habiendo abandonado su causa, todas ellas se desprenden de él, ya que nunca fueron sino los efectos de su elección equivocada. Maestro de Dios, este paso te brindará paz. ¿Cómo iba a ser difícil anhelar sólo esto?” (M.10.6:1-11)















sábado, 2 de diciembre de 2023

Lección 337. Mi impecabilidad me protege de todo daño.

 



Mi impecabilidad garantiza mi perfecta paz, mi eterna seguridad y mi amor, imperecedero; me mantiene eternamente a salvo de cualquier pensamiento de pérdida y me libera completamente del sufrimiento. Mi estado sólo puede ser uno de felicidad, pues eso es lo único que se me da. ¿Qué debo hacer para saber que todo esto me pertenece? Debo aceptar la Expiación para mí mismo, y nada más. Dios ha hecho ya todo lo que se tenía que hacer. Y lo que tengo que aprender es a no hacer nada por mi cuenta, pues sólo necesito aceptar mi Ser, mi impecabilidad, la cual se creó para mí y ya es mía, para sentir el Amor de Dios protegiéndome de todo daño, para entender que mi Padre ama a Su Hijo y para saber que soy el Hijo que mi Padre ama.

Tú que me creaste en la impecabilidad no puedes estar equivocado con respecto a lo que soy. Era yo quien estaba equivocado al pensar que había pecado, pero ahora acepto la Expiación para mí mismo. Padre, mi sueño termina ahora. Amén. (L.337)



Comentario:

Ésta es una lección acerca de aceptar la Expiación y nada más. Afirma que hay realmente sólo dos pasos para la felicidad completa.

1. Darme cuenta de que no tengo que hacer nada por mí mismo.

2. Aceptar lo que Dios ya ha hecho.

Toda la agitación y la inquietud que sentimos al empezar un camino espiritual proceden de pensar que nos falta algo y que por lo tanto tenemos que hacer algo.

Nos sentimos desgraciados, por lo tanto pensamos que nos falta felicidad y empezamos a buscarla. La tristeza no es un estado de carencia. Es un estado de negación. Estamos enérgicamente negando la felicidad, que es nuestro estado natural. Estamos impidiendo la consciencia de la presencia del Amor. Estamos tapando la dicha de nuestra naturaleza creada, de simplemente Ser, con una capa mugrienta de insatisfacción. Pensamos que la solución es hacer algo, en realidad la solución es dejar de hacer algo, poner fin a la actividad que está ocultando nuestra felicidad.

Ése es uno de los valores de la meditación. Cuando voluntariamente ponemos fin a nuestra actividad mental, a menudo nos sentimos felices de repente. Eso es porque somos siempre felices, pero estamos continuamente causando tristeza con nuestros pensamientos. Detén todos los pensamientos y la felicidad está siempre ahí. Elimina las nubes y el sol está siempre ahí.

Nos hemos enseñado a nosotros mismos que somos esta actividad mental continua. Abandonar esa actividad es la mayor amenaza para el ego. Tenemos miedo de que si abandonamos esa actividad no queda nada, eso nos dice el ego. ¡El ego miente descaradamente!

Todo lo que tenemos que hacer es dejar de hacer. Lo que somos, sin ninguna actividad de ningún tipo, es suficiente para mantener la felicidad constante y perfecta.


Camina gloriosamente, con la cabeza en alto, y no temas ningún mal. Los inocentes se encuentran a salvo porque comparten su inocencia. No ven nada que sea nocivo, pues su conciencia de la verdad libera a todas las cosas de la ilusión de la nocividad. Y lo que parecía nocivo resplandece ahora en la inocencia de ellos, liberado del pecado y del miedo, y felizmente de vuelta en los brazos del amor. Los inocentes comparten la fortaleza del amor porque vieron la inocencia. Y todo error desapareció porque no lo vieron. Quien busca la gloria la halla donde ésta se encuentra. ¿Y dónde podría encontrarse sino en los que son inocentes? (T.23:Int.3:1-4)




¿Qué es el ego? (Parte 7)

L.pII.12.4:1

“Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamientos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperanzas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el precio que hay que pagar por creer en él”. (4:1)

Conocer la realidad consiste simplemente en no ver ilusiones. Sin ilusiones que la oculten, la realidad se ve por sí misma. Por eso es por lo que “no tenemos que hacer nada”. No tenemos que hacer la realidad. No tenemos que hacernos inocentes, o felices o pacíficos. Sólo tenemos que dejar de ser “esa cosa” que oculta la realidad de nuestra vista: el ego y todo lo relacionado con él.

La lista de todos los aspectos que “no tenemos que ver” nos es necesaria, porque si la lección sólo dijera “conocer la realidad significa no ver al ego” no estaríamos seguros de lo que significaba. Al decir todas las cosas relacionadas con el ego (pensamientos, obras, actos, leyes, creencias, sueños, esperanzas, los planes para su propia salvación, el precio que nos exige) es más probable que entendamos el verdadero alcance de lo que significa no ver al ego. No sólo los actos del ego tienen que desaparecer de nuestra vista sino también todas las cosas que causan esos actos.

Me impresiona especialmente “los planes que tiene para su propia salvación”. El ego tiene muchos planes para sacarnos del atolladero en lo que pensamos que estamos. Pero realmente no estamos en ningún atolladero, sólo hemos tapado la realidad con ilusiones, y la realidad sigue estando ahí. No tenemos que hacer nada para encontrarla. No tenemos que hacer planes para nuestra salvación. Sin duda, hacer planes para nuestra salvación alimenta más todavía al ego. Como dice la Lección 337, necesitamos entender que “lo que tengo que aprender es a no hacer nada por mi cuenta, pues sólo necesito aceptar mi Ser, mi impecabilidad, la cual se creó para mí y ya es mía, para sentir el Amor de Dios protegiéndome de todo daño” (L.337.1:6).












viernes, 1 de diciembre de 2023

Lección 336. “El perdón me enseña que todas las mentes están unidas”

 




El perdón es el medio a través del cual a la percepción le llega su fin. El conocimiento es restituido una vez que la percepción ha sido transformada y ha dado paso enteramente a lo que por siempre ha de estar más allá de su más elevado alcance. Pues las imágenes y los sonidos tan sólo pueden servir, en el mejor de los casos, para evocar el recuerdo que yace tras todos ellos. El perdón elimina las distorsiones y revela el altar a la verdad que se hallaba oculto. Sus blancas azucenas refulgen en la mente, y la instan a regresar y a mirar en su interior para encontrar lo que en vano ha buscado afuera. Pues ahí, y sólo ahí, se restaura la paz interior, al ser la morada de Dios Mismo.

Que el perdón elimine en la quietud mis sueños de separación y de pecado. Y que entonces pueda mirar, Padre, en mi interior y descubrir que Tu promesa de que en mí no hay pecado es verdad; que Tu Palabra permanece inalterada en mi mente y que Tu Amor reside todavía en mi corazón. (UCDM-L.336)



Comentario:

En Un Curso de Milagros, pecado y separación son virtualmente sinónimos. El pecado es la creencia de que la separación es real, y es deplorable porque se logró a través de un ataque vicioso. Sin embargo, si las mentes están unidas, no puede haber separación o diferencias, y por lo tanto no hay pecado. De hecho, no hay nada más que Dios y Cristo, Su Unicidad totalmente inafectada por lo que nunca sucedió. Pedir ayuda para cambiar nuestra percepción del mundo -el significado del perdón- nos permite entender que somos verdaderamente uno: en mente y en mente.

Primero pedimos ayuda para cambiar de la percepción falsa del ego a la percepción verdadera del Espíritu Santo. Cuando Su visión ha limpiado todos los pensamientos equivocados que se mantienen en nuestras mentes, todo lo que queda es que Dios dé Su paso final. Así termina la percepción, como dice la aclaración de los términos, en una "luz resplandeciente", y lo que toma su lugar es el conocimiento inmutable de nuestro Ser (C-4.7).

Las vistas y los sonidos del mundo perceptivo pueden servir para ayudar a deshacer la ilusión. En sí misma, la percepción no es verdadera, y cuando el cuerpo ha cumplido su función como instrumento de comunicación y aula de aprendizaje, ambos desaparecen. El recuerdo de Dios amanece en nuestras mentes perdonadas, y estamos en reposo.

El llamado al retorno es el llamado para que nuestro tomador de decisiones cambie de opinión; otra forma de decir que se nos pide que no miremos hacia afuera, sino que permitamos que lo que nuestros ojos perciben refleje lo que hemos elegido primero para ver hacia adentro. Sólo entonces podremos cambiar nuestras mentes acerca de sus falsas percepciones, y abrir la puerta a Dios y a Su paz.

La Palabra de Dios es la Expiación, cuya aceptación deshace el sistema de pensamiento del ego. Primero necesitamos pedirle a Jesús ayuda para cambiar nuestra percepción de nuestro hermano, lo que permite que nuestro pecado proyectado sea devuelto a la mente donde se originó. Entonces miramos dentro de nosotros la decisión equivocada de la mente por el ego, reconocemos nuestra elección equivocada y elegimos correctamente, volviendo por fin a casa al amor en nuestros corazones.


La idea de que el perdón está relacionado con la experiencia de las mentes unidas no está clara de manera intuitiva. Sin embargo, un pequeño reflejo parece aclarármelo mejor. Si no perdono a alguien, sin duda hay una barrera entre nuestras mentes. Mentalmente estoy rechazando a esa persona y no tengo ningún deseo de unirme mentalmente a ella. Mi juicio es un firme “No” a los pensamientos de esa persona. Cuando perdono, mi mente se abre a sus pensamientos. El perdón me enseña que todas las mentes están unidas. Abre el camino para que yo entienda que esto es verdad.

Nuestra vista nos dice, de miles de maneras, que somos seres separados. El perdón abre el camino a una experiencia que está más allá de nuestra vista, y nos muestra la unidad que existe y que la vista no puede ver. El perdón “revela el altar a la verdad”. Dentro de nuestra mente encontramos “la morada de Dios Mismo”. “El perdón elimina mis sueños de separación y de pecado”. En la experiencia de unión con otro ser humano, empezamos a recordar nuestra unión con Dios y con toda la creación.



¿Qué es el ego? (Parte 6)

L.pII.12.3:4

A diferencia del ego, nuestro verdadero Ser, el Hijo de Dios, está rodeado de paz eterna. Donde el ego se ve a sí mismo en guerra con el universo y tiembla constantemente por miedo al ataque de cada figura de sus sueños, el Hijo de Dios está eternamente “libre de todo conflicto”. El Hijo descansa eternamente “imperturbable… en la tranquilidad y silencio más profundos” (3:4).

Cuando empezamos a ponernos en comunicación con nuestro Ser, sentimos el sabor de esa profunda y callada paz. Ésa es una de las características del instante santo. Hay una paz en el instante santo que no se puede describir.

“Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido. Hay en ti una sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado”. (L.164.4:1-3)

El ego, separado del universo, no puede conocer esta paz. Viene únicamente de dentro de nuestro Ser, ya que es una cualidad de Quien somos. No tiene nada que ver con ninguna circunstancia externa, y ninguna circunstancia externa puede alterarla. Es parte de lo que todos juntos somos.








































Lección 365 Tu llegada al hogar es segura.

  Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero únicamente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. Y si nece...