miércoles, 7 de febrero de 2024

Lección 38 "No hay nada que mi santidad no pueda hacer".





1. Tu santidad invierte todas las leyes del mundo. Está más allá de cualquier restricción de tiempo, espacio, distancia, así como de cualquier clase de límite. El poder de tu santidad es ilimitado porque te establece a ti como Hijo de Dios, en unión con la Mente de su Creador.

2. Mediante tu santidad el poder de Dios se pone de manifiesto. Mediante tu santidad el poder de Dios se vuelve accesible. Y no hay nada que el poder de Dios no pueda hacer. Tu santidad, por lo tanto, puede eliminar todo dolor, acabar con todo pesar y resolver todo problema. Puede hacer eso en conexión contigo o con cualquier otra persona. Tiene el mismo poder para ayudar a cualquiera porque su poder para salvar a cualquiera es el mismo.

3. Si tú eres santo, también lo es todo lo que Dios creó. Tú eres santo porque todas las cosas que Él creó son santas. Y todas las cosas que Él creó son santas porque tú eres santo. En los ejercicios de hoy vamos a aplicar el poder de tu santidad a cualquier clase de problema, dificultad o sufrimiento que te venga a la mente tanto si tiene que ver contigo como con otro. No haremos distinciones porque no hay distinciones.

4. En las cuatro sesiones de práctica más largas, que preferiblemente han de tener una duración de cinco minutos completos cada una, repite la idea de hoy, cierra los ojos, y luego escudriña tu mente en busca de cualquier sensación de pérdida o de cualquier clase de infelicidad tal como la percibas. Trata, en la medida de lo posible, de no hacer distinciones entre las situaciones que son difíciles para ti y las que son difíciles para otro. Identifica la situación específicamente, así como el nombre de la persona en cuestión. Usa el siguiente modelo al aplicar la idea de hoy: 

En esta situación con respecto a _____ en la que me veo envuelto, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.

En esta situación con respecto a _____ en la que se ve envuelto, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.

5. De vez en cuando puedes variar este procedimiento si así lo deseas y añadir algunos de tus propios pensamientos que vengan al caso. Podrías, por ejemplo, incluir pensamientos tales como:

No hay nada que mi santidad no pueda hacer porque el poder de Dios reside en ella.

Introduce cualquier variación que quieras, pero mantén los ejercicios centrados en el tema: "No hay nada que mi santidad no pueda hacer”. El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a inculcarte la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas por ser quién eres.

6. En las aplicaciones cortas y más frecuentes, aplica la idea en su forma original, a no ser que surja o te venga a la mente algún problema en particular que tenga que ver contigo o con otra persona. En ese caso, usa la forma más específica.


Propósito: “Comenzar a hacerte sentir la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas por ser quien eres"

Respuesta a la tentación: Siempre que un problema concreto, sea tuyo o de alguien, surja o te venga a la mente, usa la forma concreta del periodo de práctica más largo.

Comentario:
Al final de la lección está esta línea informativa: “El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a inculcarte la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas por ser quien eres”. Una lección posterior (190) repite la misma idea:

“No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entristecerte o de debilitarte. Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que ves reconociendo simplemente lo que eres”. (L.190.5:5-6)

Ahora bien, si te pareces a mí, probablemente no te sientes como si tuvieras el poder de dominar todas las cosas o de que “tu poder es ilimitado”. Probablemente no sientes que el poder de Dios se manifiesta a través de tu santidad, que por razón de lo que eres puedes “eliminar todo dolor, acabar con todo pesar y resolver todo problema”. Si lo sintieras así, probablemente en alguna parte de tu mente sospecharías que sufres delirios de grandeza.

Por eso es por lo que necesitamos este tipo de lección. Lo que nosotros somos, en la realidad, está tan por encima de lo que normalmente pensamos que somos que cuando oímos palabras como las de esta lección hay una parte de nosotros que susurra: “esto se está poniendo un poco raro”. No tenemos ni idea del poder de nuestra mente, que fue creada por Dios y con el mismo poder creativo que el Suyo. Cuando nos llegan pruebas de lo poderosos que somos, nos asustamos e intentamos olvidarlo.

Lo que somos está “más allá de toda limitación de tiempo, espacio, distancia y de cualquier clase de límite”. Realmente tenemos el poder de solucionar todos los problemas, los nuestros y los de los demás. Si practicar la lección de hoy empieza a hacernos sentir esta sensación, la lección ha tenido éxito.

Cuando me enfrento a una situación que me está preocupando y repito: “En esta situación no hay nada que mi santidad no pueda hacer”, incluso si el 90 por cien de mi mente protesta en contra de la idea, algo cambia dentro de mí. Se produce un poco de fe. Quizá el porcentaje cambia de un 10 por cien de creerlo a un 11 por cien. Y cuando la repito de nuevo, cambia al 12 por cien. Todos hemos leído historias de personas que superaron cosas increíbles sólo porque creyeron en sí mismos; eso sólo da una ligera idea de lo que el Curso está hablando, pero demuestra el principio.

El Curso habla del poder de la creencia, pero también de mucho más; está hablando del poder de lo que nosotros somos, tal como Dios nos creó. Y está hablando del poder de nuestra santidad, no sólo de la creencia. Tú y yo estamos hechos de la Misma Esencia de Dios. Cuando entendamos eso de verdad, podremos cambiar el mundo.

“El verdadero aprendizaje es constante y tan vital en su poder de producir cambios que un Hijo de Dios puede reconocer su propio poder en un instante y cambiar el mundo en el siguiente”. ( T.7.V.7:5)

martes, 6 de febrero de 2024

Lección 37 "Mi santidad bendice al mundo".





1. Esta idea contiene los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo, o en otras palabras, la razón por la que estás aquí. Tu propósito es ver el mundo a través de tu propia santidad. De este modo, tú y el mundo sois bendecidos juntos. Nadie pierde; a nadie se le despoja de nada; todo el mundo se beneficia a través de tu santa visión. Tu santa visión significa el fin del sacrificio porque les ofrece a todos su justo merecido. Y él tiene derecho a todo, ya que ése es su sagrado derecho como Hijo de Dios.

2. No hay ninguna otra manera de poder eliminar la idea de sacrificio del pensamiento del mundo. Cualquier otra manera de ver inevitablemente exige el que algo o alguien pague. Como resultado de ello, el que percibe sale perdiendo. Y no tiene ni idea de por qué está perdiendo. Su plenitud, sin embargo, le es restaurada a su conciencia a través de tu visión. Tu santidad le bendice al no exigir nada de él. Los que se consideran a sí mismos completos no exigen nada.

3. Tu santidad es la salvación del mundo. Te permite enseñarle al mundo que es uno contigo, sin predicarle ni decirle nada, sino simplemente mediante tu sereno reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo.

4. Hoy debes dar comienzo a las cuatro sesiones de práctica más largas -las cuales han de tener una duración de tres a cinco minutos cada una- repitiendo la idea de hoy, a lo cual ha de seguir un minuto más o menos en el que debes mirar a tu alrededor a medida que aplicas la idea a cualquier cosa que veas:

Mi santidad bendice esta silla.
Mi santidad bendice esa ventana.
Mi santidad bendice este cuerpo.

Luego cierra los ojos y aplica la idea a cualquier persona que te venga a la mente, usando su nombre y diciendo:

Mi santidad te bendice, [nombre].

5. Puedes continuar la sesión de práctica con los ojos cerrados, o bien abrirlos de nuevo y aplicar la idea a tu mundo exterior si así lo deseas; puedes alternar entre aplicar la idea a cualquier cosa que veas a tu alrededor o a aquellas personas que aparezcan en tus pensamientos, o bien puedes usar cualquier combinación que prefieras de estas dos clases de aplicación. La sesión de práctica debe concluir con una repetición de la idea con los ojos cerrados, seguida inmediatamente por otra repetición con los ojos abiertos.

6. Los ejercicios más cortos consisten en repetir la idea tan a menudo como puedas. Resulta particularmente útil aplicarla en silencio a todas las personas con las que te encuentres, usando su nombre al hacerlo. Es esencial que uses la idea si alguien parece causar una reacción adversa en ti. Ofrécele la bendición de tu santidad de inmediato, para que así puedas aprender a conservarla en tu conciencia.




Propósito: Presentarte tu verdadera función (ésta es la primera lección que trata del tema de la función). Estás aquí para bendecir, y no para exigir. Esta bendición implica reconocer primero tu propia santidad, y luego ver a otros en su santa luz. Intenta ver los periodos de práctica de hoy de esta manera: como una práctica de la razón por la que estás aquí.

Respuesta a la tentación: Siempre que tengas una reacción negativa hacia alguien. Inmediatamente aplícale la idea: “Mi santidad te bendice, (nombre)”. Considéralo un hecho real de bendecir a esta persona con tu santidad. Esto te mantendrá consciente de tu santidad, mientras que la ira, se la ocultaría a tu mente.

Comentario:
Hay un principio expuesto en el Capítulo 13 del Texto que se aplica a esta lección: “Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la realidad a través de la conciencia de tu propia santidad” (T.13.VI.1:1). O en términos más cercanos a nuestra lección de hoy:

“Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como le percibas a él así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás”. (T.1.III.6:6-7).

A menos que reconozcamos nuestra santidad, no veremos la santidad de todas las creaciones de Dios. Después de todo, lo que vemos es simplemente el reflejo de cómo nos vemos a nosotros mismos. Y a la inversa, cómo vemos a los otros nos muestra cómo nos estamos viendo a nosotros mismos.

Esta lección y la práctica que recomienda empiezan a dejarnos ver “los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo, o en otras palabras, la razón por la que estás aquí”. Nuestra tarea se plantea con gran profundidad: “Tu propósito es ver el mundo a través de tu propia santidad”.

¿Has conocido a alguien a quien consideras santo? Yo, sí. Lo más notable de tales personas es que parecen ver a todos como santos. Cuando estás cerca de ellos, ¡incluso tú mismo te sientes santo! Parecen ver en ti algo que tú no ves habitualmente; y al verlo, lo hacen aparecer. Ése es el verdadero propósito de que estemos en el mundo; justamente para eso es para lo que todos nosotros estamos aquí. Estamos aquí para ver el mundo a través de nuestra propia santidad, para sacar de todos los de nuestro alrededor su propia santidad, para verlos de tal modo que el poder de nuestra visión los saque de las dudas y el odio a sí mismos y los eleve a la conciencia de su propia grandeza.

¡Tenemos este poder!

“A medida que compartas conmigo mi renuencia a aceptar error alguno en ti o en los demás, te unirás a la gran cruzada para corregirlos. Escucha mi voz, aprende a deshacerlos y haz todo lo necesario para corregirlos. Tienes el podes de obrar milagros”. (T.1.III.1:6-7)

“Aquellos que han sido liberados deben unirse para liberar a sus hermanos, pues ése es el plan de la Expiación” (T.1.III.3:3). Éste es el plan por el que nosotros, investidos con el poder del Espíritu Santo dentro de nosotros, podemos salvar al mundo. Nos liberamos unos a otros al ver a través de nuestra santidad, creando dentro del otro un eco milagroso con su propia naturaleza santa, reprimida por mucho tiempo, y que responde a nuestra visión de ellos.

“De este modo, tú y el mundo sois bendecidos juntos. Nadie pierde, a nadie se le despoja de nada, todo el mundo se beneficia a través de tu santa visión”.

“Mi santidad bendice al mundo”, para eso es para lo que estoy aquí. Estoy aquí para traer bendiciones al mundo, y el mensaje que traigo es: “así es como tú eres”. Nadie pierde, todo el mundo gana. ¡Qué extraordinario es este punto de vista!

Esto des-hace por completo la idea de sacrificio porque es un mensaje de completa igualdad. Estamos aquí para reconocernos unos a otros; y cuando lo hayamos hecho, habremos cumplido nuestro propósito glorioso. Cualquier otro modo de ver las cosas termina siempre exigiendo sacrificio: alguien, en algún lugar, tiene que perder. Pero con la Visión de Cristo podemos contemplar a todo el mundo y proclamar: “Todos ellos son lo mismo: bellos e iguales en su santidad” (T.13.VIII.6:1).

“Tu santidad le bendice al no exigir nada de él. Los que se consideran a sí mismos completos no exigen nada”. Oh, ¡que podamos aprender la lección de no pedir nada, de no exigir nada! ¿Has estado con alguien tan pleno que no te exigió nada, que no tuviera ninguna necesidad que te exigiera satisfacerle, abierta o encubiertamente? Te amaron tal como eres, te aceptaron sin esperar nada de ti. ¿No es eso lo que todos queremos en nuestras relaciones? ¿No es eso amor incondicional?

Pues bien, el modo de tener lo que quieres es darlo. Esto es lo que todos nosotros estamos destinados a hacer, y finalmente haremos, aunque nos parezca que está muy por encima de nosotros ahora. Consciente de tu santidad y de que nada te falta, bendecirás al mundo.

“Tu santidad es la salvación del mundo. Te permite enseñarle al mundo que es uno contigo, sin predicarle ni decirle nada, sino simplemente mediante tu sereno reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo”.

domingo, 4 de febrero de 2024

Lección 36 "Mi santidad envuelve todo lo que veo".





1. La idea de hoy extiende la idea de ayer del que percibe a lo percibido. Eres santo porque tu mente es parte de la de Dios. Y puesto que eres santo, tu visión no puede sino ser santa también. "Impecabilidad" quiere decir libre de pecado. No se puede estar libre de pecado sólo un poco. O bien eres impecable o bien no lo eres. Si tu mente es parte de la de Dios tienes que ser impecable, pues de otra forma parte de Su Mente sería pecaminosa. Tu visión está vinculada a Su santidad, no a tu ego, y, por lo tanto, no tiene nada que ver con tu cuerpo.

2. Hoy se requieren cuatro sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una. Trata de distribuirlas equitativamente y de hacer las aplicaciones más cortas a menudo para así asegurar tu protección durante todo el día. Las sesiones de práctica más largas deben hacerse de la siguiente forma:

3. Cierra primero los ojos y repite la idea de hoy varias veces lentamente. Luego ábrelos y mira a tu alrededor con bastante lentitud, aplicando la idea de manera específica a cualquier cosa que notes en tu ligera inspección. Di, por ejemplo:

Mi santidad envuelve esa alfombra.
Mi santidad envuelve esa pared.
Mi santidad envuelve estos dedos.
Mi santidad envuelve esa silla.
Mi santidad envuelve ese cuerpo.
Mi santidad envuelve esta pluma.

Cierra los ojos varias veces durante estas sesiones de práctica y repite la idea para tus adentros. Luego ábrelos y continúa como antes.

4. Para las sesiones de práctica más cortas, cierra los ojos y repite la idea; mira a tu alrededor mientras la repites de nuevo y finaliza con una repetición adicional con los ojos cerrados. Todas las aplicaciones, por supuesto, deben llevarse a cabo con bastante lentitud y con el menor esfuerzo y prisa posibles.



Propósito: Darte cuenta de que la santidad de tu mente debe llevar a la visión santa.


Observaciones: Fíjate en que se supone que vas a espaciar por igual los periodos de práctica más largos y que vas a hacer entre ellos, y a menudo, frecuentes recordatorios. Está claro que lo importante es que practiques muy a menudo. Así tu mente está protegida durante todo el día. Envolver tu día en esta red finamente tejida, que no tiene grandes agujeros, es una meta muy importante del Libro de Ejercicios. También, como siempre, repite la idea muy lentamente, con tranquilidad, y sin tensión. Hacerlo así es lo que marca la diferencia.

Comentario:
Siempre le he tenido cariño a esta lección, porque la primera vez que la hice tuve un verdadero sentido de la santidad emanando de mí y rodeando todo, primero mi habitación, luego mi ciudad, después el mundo, y finalmente el universo. Por un breve momento me sentí como un Buda, sentado y bendiciendo al mundo entero (a propósito, ésa es la lección de mañana). El resultado fue tan real para mí que a menudo, cuando estoy sentado en meditación sin practicar ninguna lección determinada, pienso en ella y permito que esa sensación me inunde por completo.

No todos responden a cada lección, pero todos responden a algunas lecciones. Fíjate en aquellas que te impacten especialmente, y recuérdalas. La Lección 194 del Libro de Ejercicios habla de hacerse un “repertorio de solución de problemas” que puede sernos útil.

“Si pudieses ver la lección de hoy como la liberación que realmente representa, no vacilarías en dedicarle el máximo esfuerzo de que fueses capaz, para que pasase a formar parte de ti. Conforme se vaya convirtiendo en un pensamiento que rige tu mente, en un hábito de tu repertorio para solucionar problemas, en una manera de reaccionar de inmediato ante toda tentación, le transmitirás al mundo lo que has aprendido”. (L.194.6:1-2)

En la lección de ayer la atención se centraba en el que ve: “Soy muy santo”. Hoy la santidad se extiende a lo que veo. Puesto que soy santo, mi visión tiene que ser también santa. Y soy completamente santo porque así es como Dios me creó. Santo significa “sin pecado”, y no puedes estar un poco sin pecado tal como una mujer no puede estar un poco embarazada. Aquí la lógica es sencilla y clara: si yo soy parte de Dios, debo estar sin pecado, o parte de Dios sería pecadora. Si no hay pecado en mí, también tengo que tener una visión santa.

El modo en que me veo a mí mismo afecta al modo en que veo al mundo. Mi santidad envuelve al mundo si me veo a mí mismo santo. Si me veo como un ser horrible, mis atrocidades envolverán al mundo. Si estoy decidido a ver al mundo rodeado de santidad, puedo aprender a verme a mí mismo del mismo modo.

Ya sé que eso suena al revés, el orden “debería” ser que primero me vea a mí mismo santo, y luego al mundo. Lo que sucede es que lo que me impide ver mi santidad es mi negativa a ver al mundo de esa manera. Desde la postura mental del ego, parece que ver santidad en el mundo, por comparación, me convierte a mí en pecador. El ego siempre piensa en términos de comparación. El hecho es que tal como vea al mundo, así me veo a mí mismo; y tal como me vea a mí mismo, así veo al mundo.

La mente del ego insistirá en que debe ser uno u otro porque funciona desde la suposición de la separación. El Espíritu Santo presenta ambos como iguales porque funciona desde la idea de la unidad. No hay separación entre mí y lo que yo veo, sólo existe la unidad.

Lección 35 "Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo".

 






1. La idea de hoy no describe la manera como te ves a ti mismo ahora. Describe, no obstante, lo que la visión te mostrará. A todo aquel que cree estar en este mundo le resulta muy difícil creer esto de sí mismo. Sin embargo, la razón por la que cree estar en este mundo es porque no lo cree.

2. Crees que formas parte del lugar donde piensas que estás. Eso se debe a que te rodeas del medio ambiente que deseas. Y lo deseas para proteger la imagen que has forjado de ti mismo. La imagen también forma parte de ese medio ambiente. Lo que ves mientras crees estar en él, lo ves a través de los ojos de la imagen. Eso no es visión. Las imágenes no pueden ver.

3. La idea de hoy presenta una perspectiva de ti muy diferente. Al establecer tu Origen establece también tu Identidad, y te describe como realmente debes ser en verdad. La manera en que vamos a aplicar la idea de hoy es ligeramente diferente, ya que el énfasis recae hoy en el que percibe en vez de en lo que éste percibe.

4. Comienza cada una de las tres sesiones de práctica de hoy de cinco minutos cada una repitiendo la idea para tus adentros, luego cierra los ojos y escudriña tu mente en busca de los diversos términos descriptivos que te adjudicas a ti mismo. 2Incluye todos los atributos basados en el ego que te adscribes, sean positivos o negativos, deseables o indeseables, halagadores o denigrantes. 3Todos son igualmente irreales porque en ellos no te ves a ti mismo con los ojos de la santidad.

5. En la primera parte del período de búsqueda mental, probablemente pondrás mayor énfasis en lo que consideres son los aspectos más negativos de tu autopercepción. Hacia el final del ejercicio, no obstante, es probable que lo que te venga a la mente sean los términos descriptivos más engrandecedores. Trata de reconocer que no importa en qué dirección se inclinen las fantasías que albergas acerca de ti mismo. En realidad, las fantasías no se inclinan en ninguna dirección. Simplemente no son verdaderas.

6. Una lista adecuada para la aplicación de la idea de hoy, la cual no ha sido seleccionada conscientemente, podría ser:

Me veo a mí mismo como alguien del que otros abusan.
Me veo a mí mismo como alguien que está deprimido.
Me veo a mí mismo como un fracaso.
Me veo a mí mismo como alguien que está en peligro.
Me veo a mí mismo como un inútil.
Me veo a mí mismo como un vencedor.
Me veo a mí mismo como un perdedor.
Me veo a mí mismo como una persona caritativa.
Me veo a mí mismo como una persona virtuosa.

7. No debes pensar acerca de estos términos de manera abstracta. Se te ocurrirán a medida que te vengan a la mente diversas personalidades, situaciones o acontecimientos en los que tú figuras. Escoge cualquier situación en particular que se te ocurra, identifica el término o términos descriptivos que consideres pertinentes a tus reacciones a esa situación, y úsalos para aplicar la idea de hoy. Después que hayas nombrado cada uno de ellos, añade:

Pero mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.

8. Durante las sesiones de práctica más largas probablemente habrá intervalos en los que no se te ocurra nada en particular. No te esfuerces en pensar cosas concretas para ocupar dichos intervalos, sino simplemente relájate y repite la idea de hoy lentamente hasta que se te ocurra algo. Si bien no debes omitir nada de lo que se te ocurra durante los ejercicios, no se debe "sacar" nada a la fuerza. No se debe usar ni fuerza ni discriminación.




Propósito: Mostrarte quién eres. Te ves a ti mismo según el lugar que ocupas en tu entorno. Puesto que crees que eres parte del mundo físico, ves tu identidad determinada por la parte que juegas en él, por cómo te comportas en las situaciones del mundo. Sin embargo, tu verdadero entorno no está en este mundo, está en la Mente de Dios. Tu lugar ahí es lo que determina tu verdadera Identidad. Si de verdad creyeras que eres parte de ese entorno, de inmediato entenderías que eres santo.

El Texto nos dice “no entiendes cuán elevada es la percepción que el Espíritu Santo tiene de ti” (T.9.VII.4:2). La siguiente sección del mismo capítulo dice:

“Tú no estableciste tu valía, y ésta no necesita defensa. Nada puede atacarla ni prevalecer contra ella. No varía. Simplemente es. Pregúntale al Espíritu Santo cuál es tu valía y Él te lo dirá, pero no tengas miedo de Su respuesta, pues procede de Dios. Es una respuesta exaltada por razón de su Origen, y como el Origen es verdad, la respuesta lo es también. Escucha y no pongas en duda lo que oigas, pues Dios nunca engaña. Él quiere que reemplaces la creencia del ego en la pequeñez por Su Propia Respuesta exaltada a lo que tú eres, de modo que puedas dejar de ponerla en duda y la conozcas tal como es”.
(T.9.VIII.11:2-9).

Como la lección señala, normalmente no pensamos en nosotros como “elevado” o “exaltados”. Sin embargo, fíjate en que el Curso dice que esto es verdad no por algo que hayamos hecho sino por causa de nuestra Fuente. Lo que hace que seamos lo que en verdad somos se debe a Dios, no a nosotros. Por eso el Curso da tanta importancia a la idea “Soy tal como Dios me creó”. Nuestra pobre opinión sobre nosotros mismos procede de nuestros intentos de crearnos a nosotros mismos; nuestra verdadera grandeza procede del hecho de que somos creaciones de Dios. Nuestro rechazo a reconocer esta unión con nuestra Fuente es lo que nos mantiene encerrados en nuestra pequeñez. Nos negamos a reconocer a Dios como nuestra Fuente porque a nuestro ego le parece que nos quita importancia y nos hace dependientes. No nos hace dependientes, dependemos de Dios. Eso no es una vergüenza, ésa es nuestra gloria. Es lo que establece nuestra grandeza.

Nos cuesta creer que “Soy muy santo”. Nuestro rechazo a creer este hecho es la razón por la que estamos en este mundo, en este medio ambiente que creemos desear. Lo deseamos porque apoya la imagen de que somos seres separados, independientes de Dios.

Cuando miramos al mundo, y nos miramos a nosotros viviendo en el mundo, las cosas que vemos no apoyan la idea de esta lección. Pero los ojos, los oídos, el olfato y el tacto, que usamos para recoger información, son ellos mismos parte del mismo mundo que están examinando. Existen dentro de las limitaciones de la imagen del mundo, que hemos diseñado intencionadamente para ocultarnos a nosotros mismos nuestra unión con Dios. Por supuesto que no nos traen ninguna evidencia que contradiga la imagen que el ego tiene de nosotros. Hicimos los sentidos para que funcionasen de ese modo.

El Curso da mucha importancia a que miremos a nuestra obscuridad y a que nos enfrentemos a nuestros miedos. El Curso dice que cuanto más miremos al miedo, menos lo veremos. Sólo con llevar la obscuridad a la luz, desaparece la obscuridad. Mirar de frente al ego e incluso investigar nuestro odio en toda su extensión, es importantísimo para nuestro crecimiento. Esta lección refleja el otro aspecto, que se abandona a veces cuando le damos excesiva importancia a mirar al ego. El otro aspecto es recordarnos firmemente a nosotros mismos la verdad de nuestra realidad exaltada: “Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”. En el Texto se nos dice:

“Siempre que pongas en duda tu valor, di:

Dios Mismo está incompleto sin mí.

Recuerda esto cuando el ego te hable, y no le oirás”. (T.9.VII.8:1-3)

Recordarnos a nosotros mismos la verdad es otra técnica muy poderosa que el Curso recomienda para transcender nuestro ego.

La lista de cualidades y términos a usar para describirnos a nosotros mismos es sólo un ejemplo. Al practicar hoy la lección, intenta hacerte consciente de lo que piensas de ti mismo, y cómo todos esos pensamientos (buenos y malos) son distintos de la afirmación de la lección sobre ti. Podría añadir a la lista algunos de mis propios términos: olvidadizo, desorganizado, inteligente, listo, rezagado, habilidoso en lo que hago. ¿Qué términos se te ocurren a ti?

Te habrás dado cuenta de que ahora las lecciones piden tres periodos más largos de práctica, de cinco minutos cada uno. Estamos entrando en una práctica más fuerte. Si no hemos meditado antes, puede resultarnos difícil hacer estos ejercicios sentados durante cinco minutos con los ojos cerrados. De todos modos, te animo a que los hagas. Cualquier cosa nueva es difícil al principio, pero con la práctica se vuelve más fácil, para eso es la práctica.

viernes, 2 de febrero de 2024

Lección 34 "Podría ver paz en lugar de esto".





1. La idea de hoy comienza a describir las condiciones que prevalecen en la otra manera de ver. La paz mental es claramente una cuestión interna. Tiene que empezar con tus propios pensamientos, y luego extenderse hacia afuera. Es de tu paz mental de donde nace una percepción pacifica del mundo.

2. Para los ejercicios de hoy se requieren tres sesiones de práctica largas. Se aconseja que lleves a cabo una por la mañana y otra por la noche, con una tercera adicional a intercalarse entremedias en el momento que parezca más conducente a ello. Todas las sesiones deben hacerse con los ojos cerrados. Es a tu mundo interno al que deben dirigirse las aplicaciones de la idea de hoy.

3. Para cada una de estas sesiones largas se requieren alrededor de cinco minutos de búsqueda mental. Escudriña tu mente en busca de pensamientos de temor, situaciones que provoquen ansiedad, personas o acontecimientos "ofensivos", o cualquier otra cosa sobre la que estés abrigando pensamientos no amorosos. A medida que cada uno de estos pensamientos surja en tu mente, obsérvalo relajadamente, repitiendo la idea de hoy muy despacio, y luego haz lo mismo con el siguiente.

4. Si comienza a resultarte difícil pensar en temas específicos, continúa repitiendo la idea para tus adentros sin prisas y sin aplicarla a nada en particular. Asegúrate, no obstante, de no excluir nada específicamente.

5. Las aplicaciones cortas deben ser frecuentes, y hacerse siempre que sientas que de alguna forma tu paz mental se está viendo amenazada. EI propósito de esto es protegerte de la tentación a lo largo del día. Si se presentase alguna forma específica de tentación en tu conciencia, el ejercicio deberá hacerse de esta forma:

Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella.

6. Si los ataques a tu paz mental se manifiestan en forma de emociones adversas más generalizadas, tales como depresión, ansiedad o preocupación, usa la idea en su forma original. Si ves que necesitas aplicar la idea de hoy más de una vez para que te ayude a cambiar de parecer con respecto a alguna situación determinada, trata de dedicar varios minutos a repetirla hasta que sientas una sensación de alivio. Te ayudará si te dices a ti mismo lo siguiente:

Puedo sustituir mis sentimientos de depresión, ansiedad o preocupación [o mis pensamientos acerca de esta situación, persona o acontecimiento] por paz.





Propósito: Empezar a sentirla paz que caracteriza a la verdadera visión.

Respuesta a la tentación: Hoy no dejes de observar tu mente en busca de disgustos. Cuando notes uno, aplícale la idea.

Observaciones: Las frases finales de esta lección tratan un punto muy importante, y que es útil recordar a lo largo del Libro de Ejercicios y después. Repetir la idea sólo una vez puede que no cure tu disgusto. Tu disgusto puede desaparecer sólo después de que hayas pasado varios minutos repitiendo la idea. Repetir la misma línea una y otra vez puede sonar a una especie de lavado de cerebro, en el que martilleas tu mente con obediencia. Sin embargo, yo encuentro que este ejercicio no adormece mi mente sino que la ilumina. Si mis sentimientos son muy fuertes, las primeras repeticiones de la idea pueden simplemente rebotar. Pero si sigo con ella, cada repetición permite que la verdad penetre un poco más hondo en mi mente hasta que finalmente vea la situación de manera completamente diferente. Por lo tanto, te animo a que de verdad intentes esta forma de práctica durante más tiempo.

El pensamiento más útil que he oído en relación con esta lección es: ‘Fíjate en que dice: “Podría ver paz”, y no ‘debería ver paz’”. Es facilísimo utilizar esta lección como otra razón para la culpa. “¡Qué malvado soy! Debería ver paz, pero en lugar de ello veo este fastidio. ¿Qué me pasa?”. No es así como se pide que practiques esta lección.

El primer párrafo contiene un resumen maravilloso del sistema de pensamiento del Curso sobre la paz:
“La paz mental es claramente una cuestión interna. Tiene que empezar con tus propios pensamientos, y luego extenderse hacia fuera. Es de tu paz mental de donde nace una percepción pacífica del mundo”.

La paz es la motivación para hacer el Curso (T.24.In.1:1). Nuestro objetivo es lo que en una parte posterior del Libro de Ejercicios se llama “una mente en paz consigo misma” (L.p.II.8.3:4). La paz tiene que empezar con nuestros pensamientos y extenderse hacia fuera desde nuestra mente. La mente es el centro de atención del Curso.

Podemos sustituir nuestros sentimientos negativos y nuestros pensamientos no amorosos por paz. Tenemos ese poder. Podemos elegir paz si queremos paz. Fíjate en que las instrucciones de la práctica para aplicar la lección a “emociones adversas” sugieren que apliquemos la idea “hasta que sientas alguna sensación de alivio”. Se pretende que esta práctica tenga efectos que puedan sentirse.

A veces incluso en situaciones extremadamente molestas, he descubierto que repetir estas palabras: “Podría ver paz en lugar de esto” tiene un efecto totalmente calmante sobre mi mente, aunque en ese mismo momento yo no pueda ver paz. De un modo muy sutil, ayuda a convencer a mi mente de que las cosas horribles que estoy viendo no son tan sólidas como una roca, no son la realidad inmutable. Estoy viendo otra cosa que no es paz, pero si realmente pudiese ver paz en lugar de eso, entonces lo que estoy viendo no debe ser tan real como yo pienso, y debe haber algo más que yo no estoy viendo. Incluso ese nivel de alivio se merece el tiempo que requiere la práctica.

Solía creer que cuando sucedían situaciones molestas, tenía que arreglar la situación y cambiar cosas a mi alrededor para estar en paz. Con la práctica de esta lección, he aprendido que puedo responder a cualquier situación mucho más eficazmente si antes mi mente está en paz. He descubierto que puedo traer paz a mi mente aunque no haya “solucionado” los problemas. Verdaderamente es posible ver paz en lugar de cualquier cosa que parezca estar disgustándome. Y cuando lo hago, cuando traigo paz a mi mente, si se necesita una respuesta, actúo con calma y sin miedo. El pánico no conduce nunca a una acción provechosa; es mejor buscar primero la paz y luego actuar.

Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. No es necesario que busques lo que es verdad, pero sí es necesario que busques todo lo que es falso. Toda ilusión es una ilusión de miedo, sea cual fuere la forma en que se manifieste. Y el intento de escapar de una ilusión refugiándote en otra no puede sino fracasar. Si buscas amor fuera de ti, puedes estar seguro de que estás percibiendo odio dentro de ti y de que ello te da miedo. Pero la paz nunca procederá de la ilusión de amor, sino sólo de la realidad de éste.(T-16.IV.6:1-2).

jueves, 1 de febrero de 2024

Lección 33 "Hay otra manera de ver el mundo".






1. Lo que se intenta con la idea de hoy es que reconozcas que puedes cambiar tu percepción del mundo tanto en su aspecto externo como en el interno. Deben dedicarse cinco minutos completos a la sesión de práctica de por la mañana, así como a la de por la noche. En estas sesiones debes repetir la idea tan a menudo como te resulte cómodo, aunque es esencial que las aplicaciones no sean apresuradas. Alterna tu examen entre tus percepciones externas e internas, de tal forma que el cambio de unas a otras no sea abrupto.

2. Mira simplemente de pasada al mundo que percibes como externo a ti. Luego cierra los ojos y examina tus pensamientos internos de la misma manera. Trata de ser igualmente desapegado con ambos, y de mantener ese desapego cuando repitas la idea en el transcurso del día.

3. Las sesiones de práctica más cortas se deben hacer tan frecuentemente como sea posible. La idea de hoy debe aplicarse también de inmediato, de surgir cualquier situación que te tiente a sentirte perturbado. En estas aplicaciones, di:

Hay otra manera de ver esto.

4. Recuerda aplicar la idea de hoy en el momento en que notes cualquier molestia. Quizá sea necesario sentarte en silencio un minuto más o menos y repetir la idea para tus adentros varias veces. Cerrar los ojos probablemente te ayudará en este tipo de aplicación.





Propósito: Enseñarte que tienes el poder de cambiar tu percepción tanto del mundo externo como del mundo interno, que son en realidad lo mismo.

Respuesta a la tentación: Tan pronto como una situación te moleste. Cuando te sientas disgustado, aplica la idea concretamente, diciendo: “Hay otra manera de ver esto”. Haz esto inmediatamente, en lugar de esperar hasta que hayas intentado solucionar las cosas afuera. Si tus sentimientos no desaparecen, no abandones. Pasa un minuto o más repitiendo la frase una y otra vez, cerrando los ojos y concentrándote en las palabras que estás diciendo.

Comentario:
Esta lección afirma el poder de nuestra mente de elegir el modo de ver el mundo. ¡Podemos cambiar nuestra percepción del mundo!. Ésa es una idea que no sólo nos da poder personalmente, sino que además nos da una comprensión que literalmente cambia el mundo.

Al empezar a observar nuestros pensamientos, nos asombrará el número de situaciones en las que la idea de “otro modo de ver” no se nos había ocurrido, hemos asumido que el modo en que vemos las cosas es tal como las cosas son realmente. Con algunas cosas, la idea de que podemos verlas de manera diferente, puede ser ofensiva realmente. Sin darnos cuenta podemos estar diciendo: “Mi mente ya lo tiene claro, no me confundas con hechos”.

Por eso es tan importante seguir las instrucciones para la práctica que se dan en las lecciones. El beneficio completo no llega sólo de los periodos más largos de cinco minutos, de la mañana y de la noche: “Las sesiones de práctica más cortas se deben hacer tan frecuentemente como sea posible”. Durante el día, cuanto más a menudo traigamos a nuestra consciencia esta idea, más conscientes nos volveremos de las clases de pensamientos que estamos evitando cambiar.

Podemos cambiar la percepción porque hay algo dentro de nuestras mentes a lo que podemos ir para lograr un cambio significativo. Este "algo" es el que toma las decisiones; el único aspecto de nuestro sueño en el que encontramos la verdadera elección. No son nuestras percepciones externas las que necesitan ser cambiadas, sino la percepción interna de nosotros mismos: ¿somos hijos de Dios, o del ego; es nuestra realidad la inmutable Unidad de Cristo, o la cambiante individualidad de la separación; es nuestro maestro el Espíritu Santo o el ego? En otras palabras, esta otra forma de ver el mundo comienza en nuestras mentes, con nuestra elección a través de qué ojos elegimos ver: visión o juicio.

Lección 32 "He inventado el mundo que veo".





1. Continuamos hoy desarrollando el tema de causa y efecto. No eres víctima del mundo que ves porque tú mismo lo inventaste. Puedes renunciar a él con la misma facilidad con la que lo construiste. Lo verás o no lo verás, tal como desees. Mientras desees verlo, lo verás; cuando ya no lo desees ver, no estará ahí para que lo puedas ver.

2. La idea de hoy, al igual que las anteriores, es aplicable tanto a tu mundo interno como al externo, que en realidad son lo mismo. Sin embargo, puesto que los consideras diferentes, las sesiones de práctica de hoy tendrán una vez más dos fases: una dedicada al mundo que ves fuera de ti, y la otra, al que ves en tu mente. Trata de introducir en los ejercicios de hoy el pensamiento de que ambos se encuentran en tu propia imaginación.

3. Una vez más, comenzaremos la sesión de práctica de por la mañana y la de por la noche repitiendo la idea de hoy dos o tres veces mientras miras a tu alrededor al mundo que consideras como externo a ti. Luego cierra los ojos y mira tu mundo interno. Procura tratarlos a ambos con la mayor igualdad posible. Repite la idea de hoy sin ningún apresuramiento y tan a menudo como desees mientras observas las imágenes que tu imaginación le presenta a tu conciencia.

4. Se recomiendan de tres a cinco minutos para las dos sesiones de práctica más largas, siendo tres el mínimo requerido. Si notas que hacer los ejercicios te relaja, los puedes alargar a más de cinco minutos. Para facilitar esa relajación, escoge un momento en el que no preveas muchas distracciones, y en el que te sientas razonablemente preparado.

5. Estos ejercicios se deben seguir haciendo asimismo a lo largo del día tan a menudo como sea posible. Las aplicaciones más cortas consisten en lentas repeticiones de la idea según exploras tu mundo externo o tu mundo interno. No importa cuál de ellos elijas.

6. La idea de hoy también debe aplicarse inmediatamente a cualquier situación que te pueda perturbar. 
Aplícala diciéndote a ti mismo:

He inventado esta situación tal como la veo.





Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible. Repite la idea lentamente mientras miras a tu mundo exterior o interior.

Respuesta a la tentación: Siempre que una situación te disguste. Inmediatamente responde con: 
“He inventado esta situación tal como la veo”.

Comentario:
Si no soy víctima del mundo, entonces ¿Cuál es mi relación con el mundo? Yo he inventado el mundo. Si yo he inventado el mundo, si yo lo he fabricado ¿Cómo puedo ser su víctima? 

Ahora bien, decir que yo he inventado el mundo es una idea muy fuerte. Decir que lo puedo abandonar igual que lo hice, parece todavía más improbable. Sin embargo, eso es lo que la práctica del Libro de Ejercicios se propone demostrarnos, no mediante la lógica rigurosa sino a través de experiencias que demuestran que es verdad. Eso es lo que son los milagros. Los milagros demuestran que “el mundo que ves fuera de ti” y “el mundo que ves en tu mente” están “ambos… en tu propia imaginación”.

Esta lección sólo está introduciendo la idea, no intentando probarla. El Texto trata el mismo pensamiento en varios lugares (T.21.II.11:1; T.20.III.5:1-5), la más destacable de ellas es:

“¿Qué pasaría si reconocieses que este mundo es tan sólo una alucinación? ¿O si realmente entendieses que fuiste tú quien lo inventó?” (T.20.VIII.7:3-4).

“Ésta no es una idea que puedas pasar por alto fácilmente si estudias el Curso; el Curso insiste en ella” (L.132.6:2-3).

Todo lo que aquí se nos pide es que abramos nuestra mente a la idea de que nosotros hemos inventado el mundo que vemos. El concepto puede ocasionarnos confusión porque va en contra de nuestras creencias fundamentales sobre el mundo. El mundo tiene algunas cosas agradables, pero también contiene un montón de horrible basura. Y que se nos diga que somos responsables de ello, que nosotros lo inventamos, no encaja fácilmente en nuestra mente.

Si esta lección provoca todo tipo de preguntas en tu mente, bien; deja que surjan. Hoy, en los periodos de práctica, simplemente aplica la idea tal como se da. Es normal que parte de tu mente esté en el fondo diciendo: “Esto son bobadas. Realmente no me lo creo”. La Introducción ya nos avisó de que podríamos resistirnos vivamente a sus ideas. Decía:

“Sean cuales sean tus reacciones hacia ellas, úsalas. No se requiere nada más”. (L.In.9:2-5).

Puede resultar difícil al principio, pero sólo tenemos dos opciones: o bien yo inventé el mundo, o bien yo soy su víctima. O yo soy su causa, o su efecto. No hay otras posibilidades. Piénsalo. O soy el soñador inventándome todo este lío, o soy parte del sueño de otro (quizá del sueño de Dios). Si yo no soy la causa, entonces estoy a merced del mundo. Pero si yo soy la causa, ¡hay esperanza! Puedo cambiar el sueño y, quizá, finalmente dejar de soñar.


No soy una víctima del mundo que veo porque soy la víctima de mis pensamientos, que formaron este mundo. Visto desde un punto de vista metafísico, toda mi vida -desde el nacimiento hasta la muerte- es mi sueño; el guion de la victimización que escribí para lograr el propósito del ego. Como ya hemos visto, este propósito es mantener mi existencia individual, pero separar mi creencia en el pecado proyectándola en los demás. Si mi vida es mi sueño, mi obra, mi guion, entonces obviamente soy su autor. Por lo tanto, soy una víctima de mi propia escritura de guiones. En verdad, el que toma las decisiones se identificó con el ego -la parte de mi mente dividida que se identifica con la separación- escribió este guion para enseñar que el mundo es una prisión y que todos en él son mis carceleros. Cuando lo invito a entrar, el Espíritu Santo se une a mí allí para enseñarme que este mundo ahora puede convertirse en un salón de clases en el que aprendo que lo inventé. Me enseña además por qué lo hice: para proteger mi individualidad y mi especialidad. Por lo tanto, porque lo inventé, porque inventé el mundo que veo, puedo cambiarlo.

Una vez más, "He inventado el mundo que veo" se refiere a la idea de que mi vida es una invención, basada en la premisa irreal de que he sido tratado injustamente como un niño pequeño y, por lo tanto, necesitado de defensas. Así que yo, como un ego sano, literalmente invento el mundo que siempre probará que estoy en lo correcto y que todos los demás están equivocados, por lo que mis pensamientos y comportamiento de ataque están justificados.

Jesús una vez más está hablando de motivación: es mi deseo ver un mundo victimizado, incluso si ese deseo está fuera de la conciencia, como la mayoría de nuestros deseos lo están. El mundo de la victimización que veo está ahí porque quiero que esté ahí. Aunque no se explica en esta lección, la razón por la que quiero un mundo de victimización es poder decir que el pecado de separación es tuyo y no mío. Un pasaje revelador cerca del final del Capítulo 27 en el texto hace que esta dinámica -aquí implícita- sea bastante clara:

El mundo que ves te muestra exactamente lo que creíste haber hecho. Excepto que ahora crees que lo que hiciste se te está haciendo a ti. La culpabilidad que sentiste por lo que habías pensado la proyectaste fuera de ti mismo sobre un mundo culpable que es el que entonces sueña tus sueños y piensa tus pensamientos por ti. Es su venganza la que recae sobre ti, no la tuya propia.
El mundo no hace sino demostrar una verdad ancestral: creerás que otros te hacen a ti exactamente lo que tú crees haberles hecho a ellos. Y una vez que te hayas engañado a ti mismo culpándolos, no verás la causa de sus actos porque desearás que la culpabilidad recaiga sobre ellos. (T-27.VIII.7:2-5; 8:1-2).

Para repetir, puedo dejar el mundo tan fácilmente como lo hice cuando tomé el ego como mi maestro en lugar de Jesús. Simplemente cambio mi decisión soltando la mano del ego y tomando la suya en su lugar. Es muy sencillo. Lo que lo hace difícil es su implicación: si hago esto, desapareceré como me conozco a mí mismo, y entonces ¿Quién seré? Ese es el miedo. Nuestra tarea es permitirnos entrar en contacto con ese miedo, y luego observar las locas defensas que elegimos para protegernos contra algo que de todos modos no existe.

Jesús está apelando aquí a nuestra motivación, como lo hace consistentemente a través de Un Curso de Milagros. Si realmente queremos ser felices, necesitamos seguir lo que él dice, porque sólo eso nos hará felices. Pero eso significa que tenemos que ser capaces de decir que él tenía razón y nosotros estábamos equivocados. Eso es lo más difícil de admitir para cualquier persona en este mundo.

La oración final del segundo párrafo de esta lección también es extremadamente importante. Tanto el mundo que vemos fuera como el mundo que vemos dentro de nuestras mentes existen sólo en nuestra imaginación. Lo inventamos todo: el pensamiento de la separación; un mundo interior de pecado, culpa y miedo, que engendra la creencia en la separación; y el mundo proyectado que no es más que la sombra del mundo interior imaginario del ego. Por lo tanto, de lo único que estamos hablando es de un mundo imaginario que aparece fuera, pero que está realmente dentro de nuestras mentes. Muy lentamente en estas lecciones tempranas Jesús nos está entrenando para entender que son sólo nuestros pensamientos los que son importantes, no el mundo exterior.

Jesús está reforzando lo que nos ha estado enseñando: estos pensamientos están hechos: pensamientos de ira, especialidad, odio a sí mismo, ansiedad y terror existen sólo en nuestra imaginación; ya sea que vengan en pensamientos de placer o pensamientos de dolor. Porque estamos hablando de pensamientos imaginarios, también estamos hablando de mundos imaginarios. No hay diferencia.

Lección 365 Tu llegada al hogar es segura.

  Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero únicamente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. Y si nece...