martes, 7 de mayo de 2024

Lección 129 Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.

 






1. Este pensamiento es el que naturalmente sigue al que practicamos, ayer. No puedes detenerte en la idea de que el mundo no tiene valor, pues a menos que veas que hay algo más por lo que sentirte esperanzado, no podrás evitar caer en la depresión. No estamos haciendo hincapié en que renuncies al mundo, sino en que lo intercambies por algo mucho más satisfactorio, algo rebosante de alegría y capaz de ofrecerte paz. ¿Crees acaso que este mundo puede ofrecerte eso?

2. Quizá valga la pena dedicar un rato a reflexionar una vez más sobre el valor de este mundo. Tal vez estés dispuesto a conceder que nada se pierde con renunciar a cualquier pensamiento que le adjudique algún valor. El mundo que ves es ciertamente despiadado, inestable y cruel, indiferente en lo que a ti respecta, presto a la venganza y lleno de odio inclemente. Da únicamente para más tarde quitar, y te despoja de todo aquello que por un tiempo creíste amar. En él no se puede encontrar amor duradero, porque en él no hay amor. Dicho mundo es el mundo del tiempo, donde a todo le llega su fin.

3. ¿Cómo podría ser una pérdida, entonces, encontrar un mundo en el que es imposible perder, en el que el amor perdura eternamente y en el que el odio no existe y la venganza no tiene sentido? ¿Cómo podría ser una pérdida hallar todas las cosas que realmente anhelas, y saber que no tienen fin y que perdurarán a través del tiempo exactamente tal como las deseas? Incluso esas cosas se intercambiarán finalmente por aquello de lo que no podemos hablar, pues desde allí te trasladarás a donde las palabras son completamente inútiles, a un silencio en el que el lenguaje, si bien no es hablado, se entiende perfectamente.

4. La comunicación, inequívoca y clara como la luz del día, permanece ilimitada por toda la eternidad. Y Dios Mismo le habla a Su Hijo, así como Su Hijo le habla a Él. El lenguaje en el que se comunican no tiene palabras, pues lo que se dicen no puede ser simbolizado. Su conocimiento es directo, perfectamente compartido y perfectamente uno. ¡Qué lejos te encuentras de esto tú que sigues encadenado a este mundo! Y, sin embargo, ¡qué cerca te encontrarás cuando lo intercambies por el mundo que sí deseas!

5. Ahora el último paso es seguro; ahora te encuentras sólo a un instante de la intemporalidad. Desde aquí sólo puedes mirar hacia adelante, pues nunca más querrás mirar hacia atrás para ver el mundo que ya no deseas. He aquí el mundo que viene a ocupar su lugar, a medida que liberas a tu mente de las nimiedades que el mundo te ofrece para mantenerte prisionero. No les atribuyas ningún valor, y desaparecerán. Valóralas, y te parecerán reales.

6. Ésas son tus opciones. ¿Qué puedes perder si eliges no valorar lo que no es nada? Este mundo no te ofrece nada que realmente desees, mas el que eliges en su lugar ¡ése ciertamente lo deseas! Deja que se te conceda hoy. Ese mundo espera tan solo a que lo elijas para ocupar el lugar de todas las cosas que buscas, pero que no deseas.

7. Practica estar dispuesto a efectuar este cambio diez minutos por la mañana, diez por la noche y una vez más entremedias.
Comienza con lo siguiente:

Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.
Elijo ver ese mundo en lugar de éste, pues no hay nada aquí que realmente desee.

Cierra entonces los ojos al mundo que ves, y en la silenciosa oscuridad contempla cómo unas luces que no son de este mundo se van encendiendo una por una, hasta que deja de ser relevante donde comienza una y donde termina la otra al fundirse todas en una sola.

8. Hoy las luces del Cielo se inclinan ante ti, para derramar su luz sobre tus párpados mientras descansas más allá del mundo de las tinieblas. He aquí una luz que los ojos no pueden contemplar. Y, sin embargo, la mente puede verla claramente, y entender. Hoy se te concede un día de gracia, y nos sentimos agradecidos por ello. Hoy nos damos cuenta de que lo que temías perder era sólo la pérdida.

9. Ahora comprendemos que es imposible perder. Pues por fin hemos visto su opuesto, y damos gracias de que la elección ya se haya llevado a cabo. Recuerda cada hora la decisión que has tomado, y dedica un momento a confirmar tu elección dejando a un lado cualquier pensamiento que tengas en ese momento y poniendo toda tu atención brevemente en lo siguiente:

El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee.
Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.




No basta con que le digan que el mundo no vale nada sin el siguiente paso. Inherente a las afirmaciones anteriores es mirar con Jesús, lo que significa estar con él. Esto nos recuerda que hay otra elección que hemos hecho, para otro maestro.

... Todos los caminos[del mundo] pero conducen a la decepción, a la nada y a la muerte.... Los caminos que este mundo puede ofrecer parecen ser bastante numerosos, pero debe llegar el momento en que todos empiecen a ver lo parecidos que son unos a otros. Los hombres han muerto al ver esto, porque no veían otro camino que los caminos ofrecidos por el mundo. Y al enterarse de que no llevaron a ninguna parte, perdieron la esperanza. Y sin embargo, este fue el momento en que pudieron haber aprendido su mayor lección. Todos deben llegar a este punto e ir más allá. Es cierto, en efecto, que no hay ninguna opción en el mundo. Pero esta no es la lección en sí misma. La lección tiene un propósito, y en esto llegas a entender para qué sirve.... Su propósito es la respuesta a la búsqueda que deben emprender todos aquellos que todavía creen que hay otra respuesta que encontrar. Aprende ahora, sin desesperación, no hay esperanza de respuesta en el mundo.... Ya no busques esperanza donde no la hay. Haz rápido tu aprendizaje ahora, y entiende que no pierdes el tiempo a menos que vayas más allá de lo que has aprendido a lo que aún no has aprendido. Porque desde este punto más bajo el aprendizaje conducirá a alturas de felicidad, en las que verás el propósito de la lección brillar claro y perfectamente dentro de tu alcance de aprendizaje. (T-31.IV.2:3; 3:3-10; 4:2-3,6-8).

Mirando a través de los ojos de Jesús, aprendemos a sonreír ante todo lo que sucede, personal y colectivamente.
Jesús no habla de un mundo tangible, físico, sino del mundo que existe en nuestros pensamientos. Por lo tanto, intercambiar el mundo significa intercambiar los pensamientos del ego que componen el mundo -especialidad y culpa- por los pensamientos de perdón y amor del Espíritu Santo, el fundamento del mundo real.
Jesús nos está dando por lo menos este crédito - en este momento nos damos cuenta de que el mundo no tiene nada de lo que queremos.
La frase final es importante, porque ayuda a los estudiantes a evitar la trampa de pensar que cuando Jesús dice, por ejemplo, "el mundo que ves es despiadado", se refiere a nuestra manera de verlo, no al mundo mismo. Esta línea deja claro que está hablando del mundo de la percepción y del tiempo. Todo aquí se desvanece y finalmente muere, porque nada en el mundo es eterno. No importa cuán maravillosas parezcan ser las cosas, no duran: "Este es el mundo del tiempo, donde todas las cosas terminan."

... Lo que parece eterno, todo tendrá un final. Las estrellas desaparecerán, y la noche y el día ya no existirán. Todas las cosas que vienen y van, las mareas, las estaciones y las vidas de los hombres; todas las cosas que cambian con el tiempo y florecen y se desvanecen no volverán. Donde el tiempo ha puesto fin no es donde está lo eterno. El Hijo de Dios nunca puede cambiar por lo que los hombres hicieron de él. Él será como era y como es, porque el tiempo no es su destino, ni la hora de su nacimiento y muerte (T-29.VI.2:7-12).

Cubrir nuestro dolor con pensamientos y percepciones de belleza, bondad, verdad y amor no nos lleva a escapar de nuestra culpa. Todo lo contrario. Sólo el perdón produce un verdadero escape, devolviéndonos a lo eterno, y a la belleza, bondad, verdad y amor que están más allá de toda forma. Estos se reflejan en el mundo real, el último paso antes de nuestro regreso al Cielo y a nuestro Ser.

Este es el mundo real, que no es un lugar sino el pensamiento de la sanación perfecta. Cuando elegimos el sistema de pensamiento del Espíritu Santo de una vez por todas, nos identificamos con Su principio de expiación - el reflejo del Amor eterno del Cielo que nunca puede perderse. Nuestras mentes son entonces sanadas, y el sistema de pensamiento del ego -la separación, el pecado, la culpa, el miedo, el dolor, el odio y la muerte- desaparece, ya que fue mantenido en su lugar sólo por nuestra identificación con él. Cuando cambiamos nuestra identidad, y la colocamos en cambio con el Amor de Dios, el ego se va, junto con su odio y venganza, crueldad y dolor.

Jesús nos dice: "Por supuesto que no vas a perder nada; mira el regalo eterno que te ofrezco en su lugar." Sin embargo, mientras nos identifiquemos con nuestro cuerpo y nuestra especialidad, creeremos que renunciar a las cosas en este mundo implica sacrificio y pérdida. Por lo tanto, necesitamos un maestro que nos instruya de manera diferente.

Esta lección se refiere a tres mundos: el mundo del ego, que es despiadado, inestable y cruel; el mundo real, que corrige al ego, sus dones amorosos que reflejan el Amor del Cielo y se convierten en el puente que permite a Dios dar el último paso, en el cual Él se inclina y nos eleva al Cielo.

Hay un lugar en ti donde todo este mundo ha sido olvidado; donde ningún recuerdo del pecado y de la ilusión permanece. Hay un lugar en ti que el tiempo ha dejado, y se oyen ecos de la eternidad. Hay un lugar de descanso, así que todavía no hay sonido, excepto un himno al cielo que se levanta para alegrar a Dios Padre y al Hijo. Donde Ambos moran son Recordados, Ambos. Y donde Ellos están es en el Cielo y es la paz.
No pienses que puedes cambiar su morada. Porque tu Identidad permanece en Ellos, y donde Ellos están, por siempre debes estar tú. La inmutabilidad del Cielo está en ti, tan dentro de ti que nada en este mundo sino que pasa desapercibido e invisible. La todavía infinidad de paz sin fin te rodea suavemente en su suave abrazo, tan fuerte y silenciosa, tranquila en el poder de su Creador, nada puede inmiscuirse en el sagrado Hijo de Dios en su interior (T-29.V.1-2).

Sucintamente dicho, la secuencia es del mundo del ego al mundo real, y de ahí al Cielo.

Ninguna individualidad existe en el estado de perfecta Unidad del Cielo. Sin embargo, no vamos de nuestra experiencia corporal directamente a casa, sino del mundo del cuerpo al mundo real de la mente. Este paso intermedio nos hace mirar la culpa y darnos cuenta de que está compuesta, disolviendo así su existencia. Cuando la culpa se va, todo lo que queda es el amor en nuestras mentes correctas - el mundo real. Así estamos a las puertas del Cielo, traídos por el perdón de nuestro hermano, que se transforma en nosotros mismos:

Perdona el pasado y déjalo ir, porque se ha ido. Ya no estás en el suelo que hay entre los mundos. Has seguido adelante, y has llegado al mundo que yace a las puertas del Cielo. No hay obstáculo para la Voluntad de Dios, ni necesidad de que repitas de nuevo un viaje que se acabó hace mucho tiempo. Mira suavemente a tu hermano, y mira el mundo en el que la percepción de tu odio se ha transformado en un mundo de amor (T-26.V.14).

No puedes mirar atrás porque el mundo contra el que has elegido ha desaparecido. Cuando despertamos del sueño no hay nada que recordar.

Y cuando la memoria de Dios haya llegado a vosotros en el lugar santo del perdón, no recordaréis nada más, y la memoria será tan inútil como el aprendizaje, porque su único propósito será crear. Sin embargo, esto no pueden saberlo hasta que cada percepción haya sido limpiada y purificada, y finalmente eliminada para siempre. El perdón sólo elimina lo falso, elevando las sombras del mundo y llevándolas, seguras y seguras dentro de su dulzura, al luminoso mundo de la nueva y limpia percepción. Ese es tu propósito ahora. Y es allí donde os espera la paz (T-18.IX.14).

El punto principal, una vez más, es que no liberamos nuestras mentes de las cosas del mundo, sino de la culpa que le da al mundo su propósito. Una vez desatados de la nada de la culpabilidad, nuestras mentes son libres para regresar al Espíritu Santo, quien con gusto nos lleva a través del puente hacia el mundo real, el lugar de la verdad y la belleza:

Lo que la culpabilidad ha forjado es feo, temible y muy peligroso. No veas ninguna ilusión de verdad y belleza en ello. Y siéntete agradecido de que haya un lugar donde la verdad y la belleza te aguardan. Ve gustosamente a su encuentro y descubre lo mucho que te espera por el simple hecho de estar dispuesto a abandonar lo que no es nada precisamente porque no es nada. (T16.VI.10.4)

Se tiene que haber aprendido mucho, tanto para darse cuenta de que el mundo no tiene nada que ofrecer como para aceptar este hecho. ¿Qué puede significar el sacrificio de lo que no es nada? No puede significar que como resultado de ello tengas menos. De acuerdo con el pensar del mundo, no hay sacrificio que no incluya al cuerpo. Piensa por un momento en aquello a lo que el mundo llama sacrificio. El poder, la fama, el dinero, los placeres físicos, ¿Quién es el "héroe" que posee todas esas cosas? ¿Qué significado podrían tener excepto para un cuerpo? Mas un cuerpo no puede evaluar. Al ir en pos de tales cosas, la mente se identifica con el cuerpo, negando su identidad y perdiendo de vista lo que realmente es.
Una vez que se ha producido esta confusión, a la mente le resulta imposible entender que todos los "placeres" del mundo no son nada. Pero el sacrificio que éstos conllevan, ¡eso sí que es un sacrificio! Pues ahora la mente se ha condenado a sí misma a buscar sin la posibilidad de hallar nada, a estar insatisfecha y descontenta para siempre, y a no saber lo que realmente quiere hallar. ¿Quién podría escapar de esta auto condenación? Sólo a través de la Palabra de Dios es posible escapar, pues la auto condenación es una decisión acerca de nuestra identidad y nadie duda de lo que cree ser. Podrá dudar de todo, pero nunca de eso. (M.13.2.3).

Así aprendemos que nuestra elección del mundo real del Espíritu Santo sobre el mundo del ego de la separación y el dolor no conlleva ninguna pérdida, sino la ganancia de nuestra Identidad, la conciencia de que habíamos perdido aparentemente en ese instante de locura:

Maestro de Dios, no te olvides de lo que realmente es el sacrificio, y recuerda lo que cada decisión que tomas significa en función de su costo. Decide en favor de Dios, y todo se te dará sin costo alguno. Decide contra Él, y escoges lo qué no es nada, a costa de la conciencia de lo que es todo. (M.13.8)

Los maestros de Dios no sienten ningún pesar al renunciar a los placeres del mundo. ¿Cómo podría ser un sacrificio renunciar al dolor? ¿Lamentan acaso los adultos abandonar los juguetes que tenían de niños? Y el que ha vislumbrado la faz de Cristo, ¿podría sentir nostalgia por lo que ocurre en un matadero? Nadie que se haya escapado del mundo y de todos sus males lo contempla con condenación. No obstante, no puede sino alegrarse de estar libre del sacrificio que todas las cosas que el mundo valora le habrían exigido. Por ellas sacrificaba su paz. Por ellas sacrificaba su libertad. Y, para poseerlas, hubiera tenido que sacrificar su esperanza de alcanzar el Cielo y el recuerdo del Amor de su Padre. ¿Quién, en su sano juicio, escogería lo que no es nada como sustituto de lo que lo es todo? (M.13.4.)

¿Quién estaría dispuesto a darle la espalda a todos los caminos del mundo, a menos que se diese cuenta de su auténtica futilidad? ¿No es menester acaso que éste sea su punto de partida, en vez de buscar otro camino? Pues mientras vea alternativas donde no las hay, ¿Qué poder de decisión podría ejercer? Sólo cuando se aprende dónde tiene realmente utilidad ese poder puede éste ejercerse plenamente. ¿Y qué poder puede tener cualquier decisión si se aplica a situaciones en las que no hay elección posible? (T.31.IV.5)

No hay ninguna luz externa que brille sobre nosotros, porque la luz está dentro. De hecho, la luz somos nosotros, y es restaurada a la conciencia en el instante en que renunciamos a la oscuridad.

Lo que "temías perder" era el pensamiento del ego sobre la individualidad, que no es nada. Este yo individual representa la pérdida de nuestra identidad como Cristo, que es todo.

Tal vez pienses que este curso requiere que sacrifiques todo aquello que tienes en gran estima. En cierto sentido eso es cierto, pues tienes en gran estima cosas que crucifican al Hijo de Dios, y el objetivo de este curso es liberarlo. Pero no te equivoques con respecto a lo que el sacrificio realmente significa. El sacrificio es siempre la renuncia a lo que quieres. ¿Y qué es, oh maestro de Dios, lo que quieres? Dios te ha llamado y tú has contestado. ¿Sacrificarías ahora esa Llamada? Son muy pocos los que la han oído hasta ahora, y no pueden sino recurrir a ti. No hay otra esperanza en todo el mundo en la que puedan confiar. No hay otra voz en todo el mundo que sea eco de la de Dios. Si sacrificas la verdad, ellos se quedan en el infierno. Y si ellos se quedan en el infierno, tú no podrías sino quedarte allí con ellos.  (M.13.6.)

Cuando te des cuenta de los pensamientos del ego -juicio, ataque y especialidad- no te sientas culpable sino que ve rápidamente a Jesús para que te ayude a ver la situación de otra manera.
Crucial para este proceso es reconocer que una parte de su mente no quiere el mundo de la luz y el amor, pero otra parte sí, de lo contrario no estarían haciendo estas lecciones. Tomar conciencia de esta división te permite pedirle a Jesús que te ayude a cambiar de opinión, diciendo así, y con verdadero significado:

El mundo que veo no tiene nada que yo quiera.
Más allá de este mundo hay un mundo que quiero.




























lunes, 6 de mayo de 2024

Lección 128 El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee.

 






1. El mundo que ves no te ofrece nada que puedas necesitar; nada que puedas usar en modo alguno; ni nada en absoluto que te pueda hacer feliz. Cree esto y te habrás ahorrado muchos años de miseria, incontables desengaños y esperanzas que se convierten en amargas cenizas de desesperación. Todo aquel que quiera dejar atrás al mundo y remontarse más allá de su limitado alcance y de sus mezquindades tiene que aceptar que este pensamiento es verdad.

2. Cada cosa que valoras aquí no es sino una cadena que te ata al mundo; y ése es su único propósito. Pues todas las cosas tienen que servir para el propósito que tú les has asignado, hasta que veas en ellas otro propósito. El único propósito digno de tu mente que este mundo tiene es que lo pases de largo, sin detenerte a percibir ninguna esperanza allí donde no hay ninguna. No te dejes engañar más. El mundo que ves no te ofrece nada que tú desees.

3. Escápate hoy de las cadenas con las que aprisionas a tu mente cuando percibes la salvación aquí. Pues aquello que valoras lo consideras parte de ti tal como te percibes a ti mismo. Todo aquello que persigues para realzar tu valor ante tus propios ojos te limita todavía más, oculta de tu conciencia tu valía y añade un cerrojo más a la puerta que conduce a la verdadera conciencia de tu Ser.

4. No dejes que nada que esté relacionado con pensamientos corporales te demore en tu avance hacia la salvación, ni que la tentación de creer que el mundo puede ofrecerte algo que deseas te retrase. No hay nada aquí que valga la pena anhelar. Nada aquí es digno de un instante de retraso o de dolor, ni de un solo momento de incertidumbre o de duda. Lo que carece de valor no ofrece nada. Lo que verdaderamente tiene valor no se puede hallar en lo que carece de valor.

5. Nuestra práctica de hoy consiste en abandonar todo pensamiento que tenga que ver con cualquier valor que le hayamos atribuido al mundo. Lo liberaremos de cualquier propósito que le hayamos asignado a sus aspectos, fases y sueños. Lo consideraremos en nuestra mente como algo carente de propósito, y lo relevaremos de todo aquello que queríamos que fuese. De esta manera romperemos las cadenas que atrancan la puerta que conduce a nuestra liberación de él, e iremos más allá de todos sus insignificantes valores y limitados objetivos.

6. Permanece muy quedo y en paz por un rato, y observa cuán alto te elevas por encima del mundo cuando liberas a tu mente de sus cadenas y dejas que busque el nivel donde se siente a gusto. Tu mente se sentirá agradecida de poder estar libre por un rato. Ella sabe dónde le corresponde estar. Libera sus alas y volará sin titubeo alguno y con alegría a unirse con su santo propósito. Déjala que descanse en su Creador, para que allí se le restituya la cordura, la libertad y el amor.

7. Dale hoy diez minutos de descanso en tres ocasiones. Y cuando abras los ojos después de cada una de estas sesiones no valorarás nada que veas tanto como lo valorabas antes. Tu perspectiva del mundo cambiará ligeramente cada vez que le permitas a tu mente liberarse de sus cadenas. El mundo no es el lugar donde le corresponde estar. Y a ti te corresponde estar allí donde ella quiere estar, y a donde va a descansar cuando la liberas del mundo. Tu Guía es infalible. Haz que tú mente sea receptiva a Él.  Permanece muy quedo y descansa.

8. Protege asimismo tu mente a lo largo del día. Y cuando pienses que algún aspecto o alguna imagen del mundo tiene valor, niégate a encadenar tu mente de esa manera, y, en lugar de ello, repite para tus adentros con tranquila certeza:

Esto no me tentará a que me demore.
El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee.



Propósito: 
Abandonar el valor que hemos dado a las cosas del mundo, para que nuestra mente pueda sentirlo que es verdaderamente valioso: nuestro hogar en Dios.

Respuesta a la tentación: 
Cada vez que te des cuenta de que estás dando valor a alguna cosa del mundo. Date cuenta de que al hacerlo estás poniéndole una cadena a tu mente. En lugar de ello, protege tu mente diciendo con silenciosa seguridad: “Esto no me tentará a que me demore. El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee”. Si de verdad observas tu mente, te darás cuenta de que tienes abundantes cosas con las que practicar. Recomiendo que dediques tiempo a aprender de memoria estas dos frases. Si de verdad vas a usarlas con frecuencia, aprenderla es casi una necesidad.

Comentario:
El pensamiento general de esta lección es parecido a las tres primeras de las Cuatro Verdades Nobles de Buda: que la vida es sufrimiento, que la causa del sufrimiento es el deseo para uno a expensas de los otros, y que el modo de escapar del sufrimiento es renunciar a tales deseos.

“Cree esto y te habrás ahorrado muchos años de miseria”. La lección nos pide que abandonemos toda atadura a cosas de este mundo, para poner fin al deseo de las cosas que el mundo nos ofrece. Puede parecernos una lección dura, pero es enormemente sensata: si no deseas nada, no puedes sentirte desilusionado.

Las cosas del mundo hacen de cadenas cuando las valoramos. Lo que quizá es más difícil de comprender es que ése es el propósito para el que las hicimos: “ése es su único propósito. Pues todas las cosas tienen que servir para el propósito que tú les has asignado, hasta que veas otro propósito en ellas”. Cuando damos a las cosas del mundo un propósito en el tiempo, generalmente una forma de satisfacción o engrandecimiento de uno mismo, nos encadenamos al mundo. Forzosamente, ya que todo en el mundo tiene que tener un final, esto nos causa un dolor enorme. Todo lo que consigue esta valoración equivocada es atarnos al mundo e impedir nuestra sanación final.

Para el Espíritu Santo, el único propósito de este mundo es la sanación del Hijo de Dios (ver T.24.VI.4:1). No hay nada en el mundo que merezca la pena luchar por ello. “El único propósito digno de tu mente que este mundo tiene es que lo pases de largo, sin detenerte a percibir ninguna esperanza allí donde no hay ninguna”. Esto es parecido a la afirmación del Texto: “Para el Espíritu Santo el propósito del tiempo es que éste finalmente se haga innecesario” (T.13.IV.7:3). El Espíritu Santo da al tiempo, al mundo y a todo lo del mundo el propósito de la salvación y la sanación de nuestra mente. Para Él, nada aquí tiene ningún otro propósito.

Por lo tanto, el mundo no ofrece nada que nosotros queramos. Todo es “útil”. Todo se convierte en medios para alcanzar una meta: nuestro despertar a la vida, nuestro regreso a Dios. No hay nada en el mundo que sea una meta en sí mismo.

Cuando la lección nos recomienda “No dejes que nada que esté relacionado con pensamientos corporales te demore en tu avance hacia la salvación”, está diciendo lo mismo con otras palabras. “Pensamientos corporales” se refiere a nuestra identificación equivocada con nuestro cuerpo. Es todo lo que procede del pensamiento “yo soy un cuerpo, y para beneficiarme y protegerme a mí mismo lo más importante de todo es cuidar mi cuerpo”. Nuestras ansias de placer para el cuerpo, comodidad del cuerpo, protección del cuerpo, vida larga del cuerpo, y belleza del cuerpo, son todos pensamientos corporales. Hacer de tales cosas lo más importante sólo puede retrasar nuestro avance.

La lección nos pide que practiquemos mentalmente abandonar todo el valor que le hemos dado al mundo. La lección nos pide que eliminemos del mundo “todo aquello que queríamos que fuese”. Ésa es una tarea dura, ¿verdad? Pasamos tanto tiempo deseando que las cosas sean diferentes y tratando de cambiarlas para que así sea. De hecho, si miramos a nuestra vida con honestidad, la actividad que ocupa la mayor parte de nuestra vida es desear que algo o alguien sean diferentes y tratar de lograr ese cambio.

Entonces, para los propósitos de esta lección, practica dedicar unos pocos minutos a dejar que tu mente descanse de tal actividad: “Permanece muy quedo y en paz por un rato, y observa cuán alto te elevas por encima del mundo cuando liberas a tu mente de sus cadenas y dejas que busque el nivel donde se siente a gusto”. La lección nos dice que tu mente “sabe dónde le corresponde estar”. Si sueltas las cadenas de tus deseos, tu mente “volará sin titubeo alguno y con alegría a unirse con su santo propósito”. Cada vez que practicas tal ejercicio durante sólo diez minutos, “tu perspectiva del mundo cambiará ligeramente”. Deja que tu mente descanse de sus ansias constantes y que se relaje, mientras que su instinto de volver al hogar toma el mando y te lleva a donde verdaderamente perteneces.

Durante el día, la lección nos pide que nos demos cuenta de cuándo estamos dando valor a algo del mundo, y que mentalmente lo corrijamos con estas palabras:

“Esto no me tentará a que me demore. El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee”.






































domingo, 5 de mayo de 2024

Lección 127 No hay otro amor que el de Dios

 







1. Tal vez creas que hay diferentes clases de amor. Tal vez creas que hay un tipo de amor para esto y otro para aquello; que es posible amar a alguien de una manera y a otra persona de otra. El amor es uno. No tiene partes separadas ni grados; no hay diferentes clases de amor ni tampoco diferentes niveles; en él no hay divergencias ni distinciones. Es igual a sí mismo, sin ningún cambio en ninguna parte de él. Ninguna persona o circunstancia puede hacer que cambie. Es el Corazón de Dios y también el de Su Hijo.

2. El significado del amor queda velado para todo aquel que crea que el amor puede cambiar, pues no se da cuenta de que un amor cambiante es algo imposible. Y así, cree que algunas veces puede amar y otras odiar. Cree también que se puede profesar amor sólo a una persona, y que el amor puede seguir siendo lo que es aunque se le niegue a los demás. El que crea estas cosas acerca del amor demuestra que no entiende su significado. Si el amor pudiese hacer tales distinciones, tendría que discernir entre justos y pecadores, y percibir al Hijo de Dios fragmentado.

3. El amor no puede juzgar. Puesto que en sí es uno solo, contempla a todos cual uno solo. Su significado reside en la unicidad*. Y no puede sino eludir a la mente que piensa qué el amor es algo parcial o fragmentado. No hay otro amor que el de Dios, y todo amor es de Él. Ningún otro principio puede gobernar allí donde no hay amor. El amor es una ley que no tiene opuestos. Su plenitud es el poder que mantiene a todas las cosas unidas, el vínculo entre Padre e Hijo que hace que Ambos sean lo mismo eternamente.

4. Ningún curso cuyo propósito sea enseñarte a recordar lo que realmente eres podría dejar de subrayar que no puede haber diferencia entre lo que realmente eres y lo que es el amor. El significado del amor es tu propio significado, el cual Dios Mismo comparte. Pues lo que tú eres es lo que Él es. No hay otro amor que el Suyo, y lo que Él es, es lo único que existe. Nada lo limita, y, por lo tanto, tú eres tan ilimitado como Él.

5. Ninguna ley que el mundo obedezca puede ayudarte a entender el significado del amor. Las creencias del mundo fueron concebidas para ocultar el significado del amor y para mantenerlo oculto y secreto. No hay ni un solo principio de los que el mundo defiende que no viole la verdad de lo que es el amor, y de lo que, por ende, eres tú también.

6. No busques tu Ser en el mundo. El amor no se puede encontrar en las tinieblas ni en la muerte. Sin embargo, es perfectamente evidente, para los ojos que ven y para los oídos que oyen la Voz del amor. La práctica de hoy consiste en liberar a tu mente de todas las leyes que crees que debes obedecer, de todas las limitaciones que rigen tu vida y de todos los cambios que crees forman parte del destino humano. Hoy vamos a dar el paso más ambicioso de los que requiere este curso en tu avance hacia el objetivo que ha establecido.

7. Si hoy consigues tener el más leve vislumbre de lo que significa el amor, habrás salvado una distancia inconmensurable hacia tu liberación y te habrás ahorrado un tiempo que no se puede medir en años. Juntos, pues, regocijémonos de dedicarle algún tiempo a Dios y de comprender que no hay mejor manera de emplear el tiempo que ésa.

8. Dedica hoy quince minutos en dos ocasiones a escaparte de todas las leyes en las que ahora crees. Abre tu mente y descansa. Cualquiera puede escaparse del mundo que parece mantenerte prisionero si deja de atribuirle valor. Deja de otorgarle valor a sus míseras ofrendas y absurdos regalos, y permite que el regalo que Dios te hace los reemplace a todos.

9. Invoca a tu Padre con la certeza de que Su Voz te responderá. Él Mismo lo ha prometido, y Él Mismo pondrá una chispa de verdad en tu mente cada vez que renuncies a una creencia falsa, o a una tenebrosa ilusión de tu realidad y de lo que significa el amor. Él irradiará hoy a través de tus vanos pensamientos y te ayudará a comprender la verdad del amor. Con amorosa ternura morará contigo a medida que dejes que Su Voz le enseñe a tu mente abierta y despejada el significado del amor. Y bendecirá la lección con Su Amor.

10. Hoy la legión de años que tendrías que esperar en el futuro para tu salvación desaparece ante la intemporalidad de lo que estás aprendiendo. Demos gracias por habernos librado de un futuro que hubiese sido igual que el pasado. Hoy dejamos atrás el pasado para nunca jamás volver a recordarlo. Y alzamos los ojos para contemplar un presente muy distinto, en el cual se vislumbra un futuro que en nadase parece al pasado.

11. El mundo que acaba de nacer aún se encuentra en su infancia. Y lo veremos crecer fuerte y saludable, para derramar su bendición sobre todos aquellos que vengan a aprender a desprenderse del mundo que pensaban había sido engendrado con odio para ser el enemigo del amor. Ahora todos ellos se liberan junto con nosotros. Ahora todos ellos son nuestros hermanos en el Amor de Dios.

12. Nos acordaremos de ellos en el transcurso del día, ya que no podemos excluir de nuestro amor a ninguna parte de nosotros si queremos conocer a nuestro Ser. Por lo menos tres veces por hora piensa en alguien que te acompaña en esta jornada, y que vino a aprender lo mismo que tú tienes que aprender. Y cuando te venga a la mente, comunícale este mensaje de parte de tu Ser:

Te bendigo, hermano, con el Amor de Dios, el cual quiero compartir contigo.
Pues quiero aprender la gozosa lección de que no hay otro amor que el de Dios, el tuyo, el mío y el de todos.



Propósito:
Ésta es una lección enormemente significativa, pues te pide “dar el paso más ambicioso de los que requiere este curso en tu avance hacia el objetivo que ha establecido. Das el paso al soltar las creencias que limitan el amor y al abrir tu mente a Dios para que Él pueda enseñarte el verdadero significado del amor.

Observaciones: 
Da este tiempo con alegría. Es el mejor uso del tiempo que puedes hacer. Pues si obtienes la más pequeña chispa del verdadero significado del amor, en verdad has dado un paso gigantesco. Has avanzado en tu viaje muchísimos años y le has traído libertad a todo el que viene aquí.

Comentario:
“Tal vez creas que hay diferentes clases de amor”. Para mi mente no hay “tal vez” acerca de ello, todos pensamos que hay diferentes clases de amor, que cambia con los amigos, familia, hijos, amante, personas, animales, y cosas. La lección afirma que hay un solo Amor: el Amor de Dios. La lección dice que pensar que el amor cambia dependiendo de su objeto de amor es perder el significado del amor por completo.

“Ninguna persona o circunstancia puede hacer que cambie (el amor)”. Para nosotros, esto nos puede parecer una descripción del amor muy atemorizante, porque lo que llamamos amor no encaja en esta imagen. Nuestro “amor” viene y se va, crece y disminuye, cambiando con las personas y las circunstancias como la temperatura de un termómetro. Tal como se describe en la lección, el Amor no se ve afectado por nada de fuera de sí mismo. Esto es verdaderamente amor incondicional.

Me siento elevado por la idea de que, si éste es el Amor de Dios, y éste es el único amor que existe, entonces Su Amor por mí nunca cambia y “no hay divergencias ni distinciones”. Nada de lo que hago o dejo de hacer, cambia Su Amor por mí en lo más mínimo. El Amor de Dios simplemente es, eternamente, sin fin. “No tiene opuestos”. Es el pegamento que “mantiene a todas las cosas unidas”. Es la esencia del universo.

Consuela saber que el Amor de Dios por nosotros es así. Sin embargo, puede atemorizarnos pensar que se nos pide que nos amemos los unos a los otros del mismo modo. Parece más allá de nosotros, y si se nos juzga por si estamos o no a la altura de este amor, parecería que todos “estamos privados de la gloria de Dios” como dice la Biblia en Romanos 3:23. Sin embargo, la lección se enfrenta a este miedo en nosotros, y lo hace con una afirmación increíble:

“Ningún curso cuyo propósito sea enseñarte a recordar lo que realmente eres podría dejar de subrayar que no puede haber diferencia entre lo que realmente eres y lo que es el amor”.

En frases cortas, nos dice esto: “El Amor es eterno, sin condiciones, y sin cambios. Tú eres ese amor”. Ya sabes de qué amor estamos hablando, que parece tan ajeno a nosotros, más allá de nuestras posibilidades. Bueno, ¡eso es lo que tú eres! Es la otra imagen de ti, incapaz de tal amor, que cambia con cada circunstancia, eso es una mentira. Este amor que no cambia, esto es la verdad, esto eres tú. ¡No hay ninguna diferencia entre este amor y lo que tú eres!

“Pues lo que tú eres es lo que Él es. No hay otro amor que el Suyo, y lo que Él es, es lo único que existe”.

No vamos a ver este amor mirando al mundo. No es algo que pueda verse con los ojos del cuerpo; sin embargo, es perfectamente visible para los ojos y los oídos que ven y escuchan al amor (lo que se llama la visión de Cristo). Ésa es la meta de la lección de hoy: ver ese amor en nosotros, captar aunque sólo sea “el más leve vislumbre de lo que significa el amor”, “comprender la verdad del amor”. Este intento de acallar nuestra mente, de liberar a nuestra mente de todas las leyes que pensamos que tenemos que obedecer, todos los límites que nos hemos impuesto a nosotros mismos, y todos los cambios que pensamos que hemos hecho en nosotros, y encontrar nuestro Ser, Que es Amor, a este intento le llama “el paso más ambicioso de los que requiere este curso en tu avance hacia el objetivo que ha establecido”. Si tenemos éxito, habremos “salvado una distancia inconmensurable hacia tu liberación y te habrás ahorrado un tiempo que no se puede medir en años". ¡Esto no es poca cosa! Ser capaces, aunque sólo sea un poco, de vernos como amor, de captar el hecho de que el amor es todo lo que existe, incluidos nosotros. Esto es un salto enorme ciertamente. Dedicar un rato a este propósito merece la pena. “No hay mejor manera de emplear el tiempo que ésa”.

Cuando empecemos a darnos cuenta de que sólo existe el amor, que este amor lo es todo y que nos incluye a nosotros, nos daremos cuenta de que incluye a todos los demás también. ¡La única manera de que el amor pueda ser todo, es si incluye a todos! Así empezamos a ver, no sólo a nosotros sino al mundo, de una manera diferente:

“El mundo que acaba de nacer aún se encuentra en su infancia”.

“Ahora todos ellos se liberan junto con nosotros. Ahora todos ellos son nuestros hermanos en el Amor de Dios”.

No podemos excluir de nuestro amor a ninguna parte de nosotros si queremos conocer a nuestro Ser.

Y así, 3 veces cada hora, se nos pide que recordemos a un hermano o hermana que esté haciendo este viaje con nosotros, y que mentalmente les mandemos este mensaje, como ahora te lo mando yo a ti:

Te bendigo, hermano, con el Amor de Dios, el cual quiero compartir contigo. Pues quiero aprender la gozosa lección de que no hay otro amor que el de Dios, el tuyo, el mío y el de todos.




























sábado, 4 de mayo de 2024

Lección 126 Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.

 





1. La idea de hoy, que es completamente ajena al ego y a la manera de pensar del mundo, es de suma importancia para la inversión de pensamiento al que este curso dará lugar. Si creyeses lo que la idea de hoy afirma, no te resultaría difícil perdonar completamente, tendrías certeza con respecto a tu objetivo y no tendrías ninguna duda acerca de tu rumbo. Entenderías los medios a través de los cuales se alcanza la salvación, y no vacilarías en emplearlos ahora mismo.

2. Examinemos lo que crees en lugar de esta idea. Te parece que los demás están separados de ti, que son capaces de adoptar comportamientos que no tienen repercusión alguna sobre tus pensamientos; y que los que tú adoptas no tienen repercusión alguna sobre los de ellos. Tus actitudes, por lo tanto, no tienen ningún efecto sobre ellos, y sus súplicas de ayuda no guardan relación alguna con las tuyas. Crees además que ellos pueden pecar sin que ello afecte la percepción que tienes de ti mismo, mientras que tú puedes juzgar sus pecados y mantenerte a salvo de cualquier condenación y en paz.

3. Cuando "perdonas" un pecado, no ganas nada con ello directamente. Es una ofrenda de caridad a alguien que no se la merece, a fin de demostrar simplemente que tú eres mejor y que te encuentras en un plano superior a él. Él no se ha ganado la limosna de tu tolerancia -que tú le concedes sabiendo que no es digno de tal dádiva- ya que sus pecados lo han situado muy por debajo de una verdadera igualdad contigo. No tiene derecho a tu perdón, el cual supone un regalo para él, pero no para ti.

4. De este modo, el perdón es básicamente algo falso: un capricho caritativo, benévolo tal vez, pero inmerecido; una dádiva que a veces se concede y a veces se niega. Puesto que es inmerecido, es justo no otorgarlo, pero no es justo que tú tengas que sufrir por haberte negado a concederlo. El pecado que perdonas no es tu pecado. Alguien que se encuentra separado de ti lo cometió. Y si tú entonces eres magnánimo con él y le concedes lo que no se merece, la dádiva es algo tan ajeno a ti como lo fue su pecado.

5. Si esto fuese verdad, el perdón no tendría ningún fundamento sobre el que basarse con certeza y seguridad. Sería una excentricidad, según la cual algunas veces decides conceder indulgente-mente un indulto inmerecido. Conservarías, no obstante, el derecho a no eximir al pecador de la justa retribución por su pecado. ¿Crees que el Señor de los Cielos iba a permitir que la salvación del mundo dependiera de esto? ¿No sería acaso Su interés por ti ciertamente ínfimo, si permitiese que tu salvación dependiese de un capricho?

6. No entiendes lo que es el perdón. Tal como lo ves, no es sino un freno al ataque abierto que no requiere corrección alguna en tu mente. Tal como lo percibes, no te puede brindar paz. No constituye un medio por el que liberarte de aquello que ves en otro, pero no en ti mismo. No tiene poder alguno para restaurar en tu conciencia tu unidad con él. Eso no es lo que Dios dispuso para ti.

7. Al no haberle concedido al Padre el regalo que Él te pide, no puedes reconocer Sus regalos; y crees que Él no te los ha dado. Sin embargo, ¿te pediría Él un regalo que no fuese para ti? ¿Podría acaso quedar satisfecho con gestos vacíos y considerar que tales míseros regalos son dignos de Su Hijo? La salvación es un regalo mucho mejor que eso. Y el verdadero perdón, que es el medio por el que se alcanza la salvación, no puede sino sanar a la mente que da, pues dar es recibir. Lo que no se ha recibido, no se ha dado, pero lo que se ha dado tiene que haberse recibido.

8. Hoy trataremos de entender la verdad según la cual el que da y el que recibe son uno. Vas a necesitar ayuda para poder entender esto, ya que es una idea completamente ajena a los pensamientos a los que estás acostumbrado. Mas la Ayuda que necesitas ya está aquí. Deposita tu fe en Él hoy, y pídele que esté contigo a la hora de practicar con la verdad. Y si sólo logras captar un pequeño atisbo de la liberación que reside en la idea que practicamos hoy, éste será ciertamente un día glorioso para el mundo.

9. Dedica hoy quince minutos en dos ocasiones a tratar de entender la idea de hoy. Esta idea es el pensamiento mediante el cual el perdón pasa a ocupar el lugar que le corresponde entre tus prioridades. Es el pensamiento que liberará a tu mente de cualquier obstáculo que te impida comprender el significado del perdón y lo valioso que es para ti.

10. Mientras permaneces en silencio, cierra los ojos al mundo que no comprende lo que es el perdón, y busca amparo en el sereno lugar en el que los pensamientos quedan transformados y donde las falsas creencias se abandonan. Repite la idea de hoy, y pide poder entender lo que realmente significa. Estate dispuesto a dejarte enseñar. Alégrate de oír lo que te dice la Voz de la verdad y de la curación, y entenderás las palabras que Él te diga y reconocerás que son tus propias palabras.

11. Tan a menudo como puedas hoy, recuérdate a ti mismo que tienes un objetivo, una meta que hace que éste sea un día de especial importancia para ti y para todos tus hermanos. No permitas que tu mente se olvide de este objetivo por mucho tiempo, sino que di para tus adentros:

Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.
La Ayuda que necesito para comprender que esto es verdad, está conmigo ahora.
Y confiaré en Él plenamente.

Permanece luego en silencio por un momento y deja que tu mente sea receptiva a Su corrección y a Su Amor. Y creerás lo que le oigas decir, pues recibirás lo que Él te dé.





La práctica de hoy es una especie de meditación de pensar. Se nos pide que vengamos al Espíritu Santo con la idea de hoy: “Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy”, y que nos abramos a Su ayuda para aprender que es verdad, “y deja que tu mente sea receptiva a Su corrección y a Su Amor”. Estamos pidiendo ayuda para comprender lo que significa la idea de hoy, y lo que el perdón significa realmente. Estamos pensando en las ideas con Su ayuda, pidiendo nueva comprensión, nuevo entendimiento.

Nuestro comportamiento, nuestras actitudes, y nuestras dolorosas experiencias en este mundo son toda la evidencia que necesitamos para dejar que nuestros pensamientos sean corregidos. Si de verdad creyéramos lo que dice la idea de hoy, no estaríamos teniendo estas experiencias dolorosas. Todavía tenemos falsas ideas alojadas en nuestra mente, y necesitamos ser sanados. Quizá pensamos que entendemos lo que se dice, y sin duda hay una parte de nosotros que está de acuerdo con ello, o no estaríamos estudiando estas lecciones. Es la otra parte la que nos preocupa, los guerreros escondidos, las creencias contrarias que hemos separado e incluso escondido y de las que no nos damos cuenta.

Si pedimos ayuda sinceramente, se nos dará ayuda. Hoy nos llegará comprensión nueva. Quizá venga en forma de comprensión interna mientras meditamos. Quizá nos llegue en el laboratorio de la vida, cuando las circunstancias nos impresionan y nos hacen ver que todavía creemos alguna que otra de las ideas que menciona la lección al describir lo que creemos en lugar de la idea de hoy. Pero llegará.

“La Ayuda que necesito para comprender que esto es verdad está conmigo ahora. Y confío en Él plenamente”.
































viernes, 3 de mayo de 2024

Lección 125 En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.

 





1. Deja que hoy sea un día de quietud y de sosegada escucha. La Voluntad de tu Padre es que hoy oigas Su Palabra. Por eso te llama desde lo más recóndito de tu mente donde Él mora. Óyele hoy. No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída por todos los rincones del mundo, y tu mente, escuchando en quietud, acepte el mensaje que el mundo tiene que oír para que pueda dar comienzo la serena hora de la paz.

2. Este mundo cambiará gracias a ti. Ningún otro medio puede salvarlo, pues el plan de Dios es simplemente éste: el Hijo de Dios es libre de salvarse a sí mismo, y se le ha dado la Palabra de Dios para que sea su Guía, y Ésta se encuentra para siempre a su lado y en su mente, a fin de conducirlo con certeza a casa de Su Padre por su propia voluntad, la cual es eternamente tan libre como la de Dios. No se le conduce a la fuerza, sino con amor. 4No es juzgado, sino santificado.

3. Hoy oiremos la Voz de Dios en la quietud, sin la intromisión de nuestros insignificantes pensamientos ni la de nuestros deseos personales, y sin juzgar en modo alguno Su santa Palabra. Tampoco nos juzgaremos a nosotros mismos hoy, pues lo que somos no puede ser juzgado. Nos hallamos mucho más allá de todos los juicios que el mundo ha formado contra el Hijo de Dios. El mundo no lo conoce. 5Hoy no prestaremos oídos al mundo, sino que aguardaremos silenciosamente la Palabra de Dios.

4. Santo Hijo de Dios, oye a tu Padre. Su Voz quiere darte Su santa Palabra para que disemines por todo el mundo las buenas nuevas de la salvación y de la santa hora de la paz. Nos congregamos hoy en el trono de Dios, en el sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre en la santidad que creó y que nunca ha de abandonar.

5. Él no ha esperado a que tú le devuelvas tu mente para darte Su Palabra. Él no se ocultó de ti cuando tú te alejaste por un breve período. Para Él, las ilusiones que abrigas de ti mismo no tienen ningún valor. Él conoce a Su Hijo, y dispone que siga siendo parte de Él a pesar de sus sueños y a pesar de la locura que le hace pensar que su voluntad no es su voluntad.

6. Él te habla hoy. Su Voz espera tu silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente no se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados. Aguarda Su Palabra en silencio. Hay una paz en ti a la que puedes recurrir hoy a fin de que te ayude a preparar a tu santísima mente para oír la Voz que habla por su Creador.

7. En tres ocasiones hoy, y en aquellos momentos que sean más conducentes a estar en silencio, deja de escuchar al mundo durante diez minutos y elige en su lugar escuchar plácidamente la Palabra de Dios. Él te habla desde un lugar que se encuentra más cerca de ti que tu propio corazón. Su Voz está más cerca de ti que tu propia mano. Su Amor es todo lo que eres y todo lo que Él es; Su Amor es lo mismo que tú eres y tú eres lo mismo que Él es.

8. Es tu voz la que escuchas cuando Él te habla. Es tu Palabra la que Él pronuncia. Es la Palabra de la libertad y de la paz, de la unión de voluntades y propósitos; sin separación o división en la única Mente del Padre y del Hijo. Escucha hoy a tu Ser en silencio, y deja que te diga que Dios nunca ha abandonado a Su Hijo y que tú nunca has abandonado a tu Ser.

9. Sólo necesitas estar muy quieto. No necesitas ninguna otra regla que ésta para dejar que la práctica de hoy te eleve muy por encima del pensamiento del mundo y libere tu visión de lo que ven los ojos del cuerpo. Sólo necesitas estar quieto y escuchar. Oirás la Palabra en la que la Voluntad de Dios el Hijo se une a la Voluntad de su Padre en total armonía con ella y sin ninguna ilusión que se interponga entre lo que es absolutamente indivisible y verdadero. A medida que transcurra cada hora hoy, detente por un momento y recuérdate a ti mismo que tienes un propósito especial en este día: recibir en la quietud la Palabra de Dios.


Propósito: 
Oír a Dios hablarte, recibir Su Palabra.

Comentario:
Aquieta tu mente. Acalla tus pensamientos caóticos, tus deseos sin significado, y todos tus juicios.
Entra en ese “sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre”, el trono de Dios en tu mente, el centro de quietud.
Espera y escucha. Cuando llegas a ese lugar de quietud en tu mente, tu tarea se ha acabado. Simplemente espera y escucha, con confianza de que tu Padre vendrá a ti y te dirá Su Palabra. Por supuesto, oír Su Voz puede presentarse de maneras diferentes: desde oír palabras a recibir ideas o imágenes o sentimientos.
Durante este tiempo, con frecuencia necesitarás apartar tu mente de todos esos pensamientos y deseos insignificantes que intentan molestar. Para este propósito, sugiero usar la idea del día, o elegir una frase como “sólo necesitas estar quieto y escuchar”. Como siempre, empieza la práctica repitiendo la idea del día.

Todo lo que hoy se nos pide es estar en silencio y quietos durante diez minutos, 3 veces durante el día y cada hora. Únicamente estar en silencio. “Sólo necesitas estar muy quieto. No necesitas ninguna otra regla que ésta”. “Sólo necesitas estar quieto y escuchar”. “Su Voz espera tu silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados”.

¿No es sorprendente cuánta práctica se necesita para aprender a aquietarnos? No puedo decirte cuántas veces me he sentado a meditar y aquietarme y, a veces sólo unos pocos minutos más tarde, me he encontrado a mí mismo tan distraído con algunos pensamientos que me venían que abro los ojos y me levanto para “hacer algo” antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo. Me dejo caer de nuevo en la silla, diciéndome entre dientes “¡Cielos!” por la distracción de mi mente. Respiro profundamente, pienso para mí: “Quieto, quieto, Paz, aquiétate”.

Las dificultades que tengo para aquietarme, en lugar de levantarse como un obstáculo insuperable, se han convertido en indicadores de cuánto necesito esta práctica. Claramente el Curso nos está enseñando que una mente en silencio es esencial. “El recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena” (T.23.I.1:1). No podemos oír Su Voz hasta que nos aquietemos durante un rato.

El Curso describe la voz del ego con frases llenas de color: “insensatos alaridos”, “chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas”, “alaridos discordantes y chillones”, “insensato ruido de sonidos que no tienen sentido”, “frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente”, “estridentes gritos e insensatos arranques de furia”, “una voz estridente y ensordecedora”, “frenética avalancha de pensamientos sin sentido”.

Nuestro ego es una máquina constante de hacer ruido que intenta tapar la Voz de Dios; necesitamos aprender a acallar nuestra mente, dejar de prestarle atención a los gritos del ego. El ego es ruido, el espíritu es silencio. Entonces, tiene mucho mérito estar en silencio, aunque parezca que no sucede nada más. Que hoy recuerde dedicar este tiempo para aquietarme, para estar en silencio, y para escuchar



































Lección 124 Que no me olvide de que soy uno con Dios.

 








1. Hoy volvemos a dar gracias de que nuestra Identidad se encuentre en Dios. Nuestro hogar está a salvo; nuestra protección garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos a nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto emprendamos. No podemos fracasar en nada. Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor que bendice y que sana. En unión con Dios y con el universo seguimos adelante llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con nosotros a todas partes.
2. ¡Cuán santas son nuestras mentes!. Todo cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo misma. ¡Cuán fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna! Nuestras luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro Compañero en nuestro breve recorrido por el mundo. Y aquellos que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la luz que nos acompaña se rezaga; si bien, no se separa de nosotros según seguimos adelante.

3. Lo que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aquellos que han de venir después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotros por algún tiempo. Y Dios, que nos ama a todos con el amor equitativo con el que fuimos creados, nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.

4. Hoy no pondremos en duda Su Amor por nosotros, ni cuestionaremos Su protección ni Su cuidado Ninguna absurda ansiedad podrá venir a interponerse entre nuestra fe y nuestra conciencia de Su Presencia. Hoy somos uno con Él en reconocimiento y en recuerdo. Lo sentimos en nuestros corazones. Sus Pensamientos se encuentran en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos. Hoy vemos únicamente lo amoroso y lo que es digno de amor.

5. Lo vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz. Lo vemos en los que están desesperados; en los tristes y en los compungidos, en los que creen estar solos y amedrentados y a todos se les devuelve la tranquilidad y la paz interior en la que fueron creados. Y lo vemos igualmente en los moribundos y en los muertos, restituyéndolos así a la vida. Y podemos ver todo esto porque primero lo vimos en nosotros mismos.

6. A aquellos que saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún milagro. Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma de sufrimiento en cualquier persona, sea ésta de tiempos pasados o aún por venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado. Sus pensamientos son intemporales, y no tienen nada que ver con el tiempo ni con la distancia.

7. Nos unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios. Pues con estas palabras afirmamos también que estamos sanos y salvos, y que podemos salvar y sanar. Ahora queremos dar lo que hemos recibido. Pues queremos conservar los regalos que nuestro Padre nos dio. Hoy deseamos tener la experiencia de que somos uno con Él, de modo que el mundo pueda compartir con nosotros nuestro reconocimiento de la realidad. Al nosotros tener esta experiencia el mundo se libera. Y al negar que estamos separados de nuestro Padre, el mundo sana junto con nosotros.

8. ¡Que la paz sea contigo hoy! Asegura tu paz practicando la conciencia de que eres uno con tu Creador, tal como Él es uno contigo. En algún punto hoy, cuando te parezca más conveniente, dedica media hora al pensamiento de que eres uno con Dios. Ésta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugieren palabras especiales con las que dirigir la meditación. Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de fallar. Mora en Él durante esa media hora. Él se encargará del resto.

9. ¡El beneficio que ello te ha de aportar no será menor porque creas que no está pasando nada. Quizá no estés listo hoy para aceptar estas ganancias. Pero en algún punto y en algún lugar, llegarán a tu conciencia, y no podrás sino reconocerlas cuando afloren con certeza en tu mente. Esta media hora estará enmarcada en oro, y cada minuto será como un diamante incrustado alrededor del espejo que este ejercicio te ofrece. Y verás en él la faz de Cristo, reflejando la tuya.

10. Tal vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta santa media hora te presenta para que te mires en él. Cuando estés listo, la encontrarás allí, en tu mente, en espera de ser hallada. Recordarás entonces el pensamiento al que dedicaste esta media hora, y lleno de agradecimiento te darás cuenta de que jamás habrías podido invertir mejor el tiempo.

11. Tal vez hoy, tal vez mañana, mires en ese espejo y comprendas que la inmaculada luz que ves emana de ti; que la hermosura que en él contemplas es la tuya propia. Considera esta media hora como el regalo que le haces a Dios, con la certeza de que lo que Él te dará a cambio será una sensación de amor que sobrepasa tu entendimiento; una dicha tan profunda que excede tu comprensión y una visión tan santa que los ojos del cuerpo no la pueden ver. Sin embargo, puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás.

12. Añade más gemas al marco dorado que rodea al espejo que hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros:

Que no me olvide de que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad.




Propósito: 
Practicar y sentir la idea de que eres uno con Dios y de ese modo mantener tu propia paz y también liberar al mundo. Hoy es un punto decisivo en el Libro de Ejercicios, tu primera sesión de media hora de práctica, y también la primera práctica larga en la que no se te dan instrucciones y se te deja hacerla por tu cuenta (un adelanto de lo que está por llegar). La práctica se está intensificando (haciéndose más larga y menos estructurada).

Comentario:
Esta lección tiene una visión muy elevada, procede de un elevado estado mental. Básicamente, en la primera parte de la lección parece dar por sentado que ya estamos iluminados. Y por supuesto, desde la perspectiva de este estado mental, lo estamos. “La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio” (L.188.1:4). Si no es un cambio, entonces la iluminación significa que siempre lo estamos. Entonces, esta lección está simplemente afirmando la verdad acerca de nosotros, la verdad que nos hemos ocultado a nosotros mismos.

Un ejercicio que es muy provechoso es orar, dar gracias a Dios por la verdad tal como Él la ve, la verdad sobre nosotros tal como Él nos ve. Toma un párrafo de esta lección (o la lección entera) y conviértela en acción de gracias, expresando con palabras tu agradecimiento mientras lees. Por ejemplo, del segundo párrafo, yo podría decir:
¡Gracias por la santidad de nuestra mente! Gracias porque todo lo que veo refleja la santidad de mi mente, que es una Contigo, y una consigo misma. Gracias por ser mi Compañero en mi breve recorrido por el mundo, gracias por el privilegio de dejar detrás luminosas huellas que señalan el camino a la verdad a aquellos que me siguen.

Ésta es nuestra tarea, la razón por la que estamos aquí. Quizá la mayor parte del tiempo no recordamos nuestra Identidad en Dios. Mayor razón para dedicar un día a recordar, para recordárnoslo a nosotros mismos. Podemos entender esta lección como una descripción de un maestro avanzado de Dios. Dondequiera que va, deja la luz detrás para iluminar el camino a otros. El maestro camina siendo consciente de la Presencia de Dios todo el tiempo. Siente a Dios dentro. Los pensamientos de Dios llenan su mente, y ve únicamente lo amoroso y lo que merece amor. Este maestro de Dios sana a las personas del pasado, del presente y del futuro, y de cualquier lugar.

Entra en ese estado mental, corazón mío. Sé el Cristo, ignora todos los obstáculos que la mente levanta contra ello. Practica la consciencia de la unidad con Dios.

En la última parte de la lección está claro que el autor no se ha vuelto loco ni está viviendo en un mundo de sueños. Él sabe muy bien que podemos sentarnos durante media hora y levantarnos pensando que no ha sucedido nada. Sabe que, para la mayoría de nosotros, aquello de lo que habla está tan lejos de nuestra consciencia que podemos dedicar treinta minutos a intentar reconocerlo y no encontrar ni una pizca de ello. No Le importa porque, desde donde Él está y la manera en que Él ve, sabe con total seguridad que lo que está diciendo sobre nosotros es verdad. Y nos dice que no dejemos que nos preocupe:

“Quizá no estés listo hoy para aceptar estas ganancias. Pero en algún punto y en algún lugar, llegarán a tu conciencia, y no podrás sino reconocerlas cuando afloren con certeza en tu mente”.

Aunque no sintamos nada, Él nos dice: “jamás habrías podido invertir mejor el tiempo”.

La práctica de hoy de media hora que se dedica a recordar la unidad es poco corriente en el Libro de Ejercicios. La rutina vuelve a dos sesiones de quince minutos, o tres sesiones de diez minutos, en los próximos días. Pero lo que verdaderamente es más importante es la falta de “reglas (y) palabras especiales con las que dirigir la meditación”. Hoy nos deja a nuestro aire. Si hemos estado haciendo todos los ejercicios, tendremos una idea bastante buena de alguna de las “técnicas” que podemos querer utilizar, y podemos usar cualquiera de ellas, o lo que se nos ocurra. Realmente no nos está dejando “a nuestro aire”, nos está dejando en manos de “la Voz de Dios”, nuestro Guía interno. Pregunta cómo pasar esta media hora de meditación, y escucha lo que te llegue.

“Mora en Él durante esa media hora. Él se encargará del resto”.

“Puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás”.





























miércoles, 1 de mayo de 2024

Lección 123 "Gracias Padre por los regalos que me has concedido."

 




1. Sintámonos agradecidos hoy. Hemos llegado a sendas más llevaderas y a caminos más despejados. Ya no nos asalta el pensamiento de volver atrás, ni resistimos implacablemente a la verdad. Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas.

2. Dedicar ahora un día a sentirte agradecido te aportará el beneficio adicional de poder tener un atisbo de lo grande que ha sido tu progreso y de los regalos que has recibido. Alégrate hoy, con amoroso agradecimiento, de que tu Padre no te haya abandonado a tu suerte, ni de que te haya dejado solo vagando en las tinieblas. Agradece que te haya salvado del ser que creíste haber hecho para que ocupara Su lugar y el de Su creación. Dale gracias hoy.

3. Da gracias de que Él no te haya abandonado, y de que Su Amor ha de refulgir por siempre sobre ti, eternamente inmutable. Da gracias asimismo por tu inmutabilidad, pues el Hijo que Él ama es tan inmutable como Él Mismo. Agradece que se te haya salvado. Alégrate de tener una función que desempeñar en la salvación. Siéntete agradecido de que tu valía exceda con mucho los míseros regalos que le diste a quien Dios creó como Su Hijo y de que excede también los mezquinos juicios que emitiste en contra suya.

4. Elevaremos hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza, y alzaremos nuestros ojos agradecidos, que ya no mirarán al suelo. Hoy entonaremos el himno de gratitud, en honor al Ser que Dios ha dispuesto que sea nuestra verdadera Identidad en Él. Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos y marcharemos con paso ligero según seguimos adelante a llevar a cabo nuestro cometido.

5. No caminamos solos. Y damos gracias de que a nuestra soledad haya venido un Amigo a traernos la Palabra salvadora de Dios. Gracias a ti por escucharlo. Su Palabra es muda si no se la oye. Al darle las gracias a Él se te dan a ti también. Un mensaje que no se haya oído no puede salvar al mundo, por muy poderosa que sea la Voz que lo comunique o por muy amoroso que sea el mensaje.

6. Gracias a ti que has oído, pues así te vuelves el mensajero que lleva la Voz de Él consigo y que la deja resonar por todo el mundo. Acepta hoy las gracias que Dios te da, al darle tú las gracias a Él. Pues Él quiere ofrecerte las gracias que tú le das, puesto que acepta tus regalos lleno de amorosa gratitud y te los devuelve multiplicados miles y cientos de miles de veces más. Él bendecirá tus regalos compartiéndolos contigo. Y así, el poder y fortaleza de éstos crecerán hasta llenar el mundo de gozo y gratitud.

7. Acepta las gracias que Él te da y dale las tuyas durante quince minutos en dos ocasiones hoy. Y comprenderás a Quién le das las gracias, y a Quién le da Él las gracias según tú se las das a Él. Esta santa media hora que le dediques te será devuelta a razón de años por cada segundo; y debido a las gracias que le das, tendrá el poder de brindarle la salvación al mundo miles y miles de años más pronto.

8. Acepta las gracias que Él te da, y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es Su gratitud hacia ti. Acuérdate de pensar en Él cada hora y de darle las gracias por todo lo que Él le ha dado a Su Hijo para que éste pueda elevarse por encima del mundo, y recordar a su Padre y a su Ser.



Recordar a Dios es recordar quiénes somos como parte de Él. Como uno con Él, nuestra existencia individual no significa nada. De hecho, no es nada, sólo un producto de nuestras imaginaciones engañosas.
Esta lección, entonces, expresa la corrección, nacida del pensamiento de que debe haber otra manera de mirarme a mí mismo, por no hablar de mirar al mundo. Reconozco que mi individualidad no me ha hecho feliz, ni mi búsqueda de lo especial me ha traído la paz, el amor y la alegría que quiero. En otras palabras, estamos agradecidos por estar equivocados y que Dios esté en lo correcto.
Jesús no quiere nuestra culpabilidad, sino nuestra comprensión de que estos pensamientos no nos hacen felices.
En otras palabras, no podemos entender, apreciar o evaluar nuestro progreso en el camino espiritual. Puesto que estamos abrumados por la fuerza del ego, pensamos que no hay manera de ir más allá, y por eso pensamos que lo poco que ya hemos hecho no es mucho en absoluto. Jesús nos está diciendo aquí que hemos hecho mucho más de lo que nos damos cuenta. Puede que no hayamos llegado a la cima de la escalera, pero a fuerza de nuestro compromiso con él y de nuestra seriedad para tener éxito en aprender sus lecciones, hemos ganado mucho. Estas ganancias provienen de mi seriedad al regresar a casa y de mi estudio y práctica del Curso. 
La gratitud es imposible mientras creamos que estamos aquí. Estamos agradecidos sólo cuando nos des-invertimos de nuestra identidad individual y especial. En otras palabras, damos gracias de que Dios tiene razón y nosotros estamos equivocados. Este es el significado de la humildad, la condición previa para la gratitud que se produce al cumplir nuestra función de perdón.

















Lección 365 Tu llegada al hogar es segura.

  Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero únicamente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. Y si nece...